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Palencia
Hontoria de Cerrato sobre el homenaje a un vecino deportado a los campos nazis: sí, pero a dos kilómetros

Antonio García Hevia tenía 43 años cuando murió en Gusen, un campo de concentración nazi en Austria. Allí, su número de prisionero fue el 9.259. Antes, en Mauthausen, se le reconoció con el 4.361. Natural de Hontoria de Cerrato (Palencia), huyó de España en 1939 por los Pirineos ante el avance de los sublevados. En Francia fue destinado a una Compañía de Trabajadores Extranjeros. Un año después, los nazis le capturaron y le condujeron al campo de concentración austriaco. Apátrida desde que el régimen franquista no considerara españoles a los deportados, su familia jamás recibió la misiva que informaba de su fallecimiento. Su memoria se diluyó con el tiempo. No existe ni siquiera una fotografía de él.
Casi un siglo después, su familia y la asociación memorialista de Palencia intentan homenajearle a través de una Stolpersteine o piedra de la memoria, una pequeña baldosa dorada que se coloca en el suelo y que recuerda que en ese lugar vivió alguien que terminó muriendo en los campos nazis. El Ayuntamiento del municipio, gobernado por el PP, se ha negado a ello, por lo que elevarán el caso a la Secretaría de Estado de Memoria Democrática y al Defensor del Pueblo.
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Ángel Redondo, portavoz de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de Palencia, apunta que García Hevia nació en junio de 1898 en el seno de una familia de pastores. “Se le pierde la pista muy pronto. No existe referencia de él en ningún archivo hasta principios de los años 30, que aparece trabajando en la construcción de la presa del embalse de La Sotonera, en Huesca, donde seguía cuando se produjo el golpe de Estado del 18 de julio de 1936”, añade el activista. Estaba encuadrado en un contingente mayoritariamente anarquista.
García Hevia llegó a Mauthausen el 8 de septiembre de 1940 junto con otros 201 compatriotas republicanos, de los cuales 151 serían asesinados, 126 en el campo de Gusen
Junto con otros compañeros consiguió pasar las líneas del frente y permanecer en la retaguardia republicana hasta casi el final de la Guerra, en 1939. “Damos por hecho que no combatió en el frente porque al estallar la contienda él ya tiene 38 años, y tampoco aparece su nombre en ningún archivo de combatientes”, señala Redondo. En cambio, desde la ARMH consideran que “algún tipo de actividad política tuvo que realizar para verse obligado a exiliarse en Francia”.
Encuadrado en la Compañía de Trabajadores Extranjeros tras permanecer algún tiempo en los campos de reclusión de las playas francesas, desempeñó labores en obras civiles, hasta que los nazis invadieron el país galo. García Hevia se convirtió entonces en el prisionero número 41.717. “Ante la paradoja de que los alemanes tenían prisioneros españoles cuando España era un país aliado, preguntaron a Franco qué hacer con ellos. El dictador respondió que esas personas no eran españolas, así que se convirtieron en apátridas”, recuerda el memorialista.
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García Hevia cae en el olvido
Con el triángulo azul de apátrida y la ‘S’ de Spanier, García Hevia llegó a Mauthausen el 8 de septiembre de 1940 junto con otros 201 compatriotas republicanos, de los cuales 151 serían asesinados, 126 en el campo de Gusen. “La terrible dureza del trabajo y de las condiciones de vida en este campo, sumado a su edad, trajo consigo que el 24 de enero de 1941 fuese trasladado al campo auxiliar de Gusen, donde iban a parar, para morir, los prisioneros que por su estado ya no eran útiles para el durísimo trabajo del campo, con su nuevo número de prisionero, 9.259, incide el portavoz de la ARMH Palencia. Permaneció allí hasta el 9 de julio de ese mismo año, cuando falleció sin descendencia.
La historia de García Hevia terminó segada por el régimen nazi ante la connivencia del franquismo, pero no así su memoria. Todavía en 1952, el Gobierno francés remitió una misiva a su familia para comunicarles la muerte. La carta fue retenida por el Gobierno franquista y sus destinatarios nunca la recibieron. La última vez que los seres queridos de García Hevia supieron algo de él se remontaba a 1939. Décadas después, su historia sale a la luz.
No fue el único palentino deportado a los campos nazis. Según la ARMH, nacidos o vecinos de la provincia fueron 29 hombres y una mujer. De ellos, 19 fueron asesinados allí (16 de ellos en Gusen/Mauthausen, 2 en Sachsenhausen y el restante en Dachau), 10 fueron liberados con vida y de otro no se tienen datos. “Nosotros nos dedicamos a recuperar la memoria y homenajear a los represaliados de la Guerra Civil y de los campos de concentración, y queremos que se conozca la historia de Antonio”, recalca Redondo. Por eso, desde la Asociación comenzaron a documentarse sobre su historia. Tras acceder a diversos archivos españoles y alemanes, consiguieron su ficha de ingreso en los campos nazis y localizaron a parte de su familia que todavía sigue con vida.
Mariano Alfambra es el marido de Mercedes Gutiérrez, cuya abuela era hermana de García Hevia. Apenas nadie sabía nada en la familia sobre lo realmente sucedido. “Llegué a escuchar a mi suegra que había un tío de su padre que se marchó al final de la guerra y que todavía debía vivir por Francia, pero que no sabían nada de él”, admite. Se llegó a decir, comenta Alfambra, que García Hevia luchó con la División Azul. “Todo lo contrario, él era anarquista”, sentencia.
Adoquín de homenaje sí, pero a dos kilómetros
Desconocido totalmente en el pueblo en el que nació, la ARMH pidió al Ayuntamiento que les cediera un espacio para realizar el homenaje y les permitiera colocar una de las piedras de la memoria. El pleno celebrado el 25 de marzo abordó el asunto. El alcalde, José Antonio Abarquero, se negó a que un representante de la familia pudiera tomar la palabra al inicio de la sesión para concretar la petición. “Dijo que solo hablarían los representantes municipales y en el punto del día oportuno”, critica Alfambra. El municipio está gobernado el PP, con tres concejales, con una oposición de IU, con dos ediles.
Tras la lectura de una declaración por parte de Abarquero, afirmó que permitía el homenaje en algún espacio municipal, pero que “la placa”, tal y como él se refirió al adoquín, tendría que colocarse en algún lugar del cementerio. De esta forma, tan solo accede a una parte de la petición realizada por los familiares y la ARMH, y defendida por IU.
“Nosotros no vamos a poner nada en el cementerio porque queremos que la piedra de la memoria se vea, que la poca gente que pasee por estas calles sepa cómo los nazis mataron a uno de sus habitantes”, sostiene un familiar
En Hontoria de Cerrato apenas viven todavía un centenar de personas y la casa en la que nació García Hevia no existe, mientras que el cementerio se sitúa a unos dos kilómetros del centro del pueblo. “Nosotros no vamos a poner nada en el cementerio porque queremos que la piedra de la memoria se vea, que la poca gente que pasee por estas calles sepa cómo los nazis mataron a uno de sus habitantes”, sostiene Alfambra.
En el sentido más positivo, desde la ARMH y los familiares ya pueden pedir la fabricación de la piedra de la memoria de García Hevia a Alemania, donde las producen. Según dice el mismo Alfambra, “solo necesitábamos un permiso municipal para hacerlo, y eso ya lo tenemos, aunque no se sepa todavía dónde se ubicará”.
El pariente del deportado palentino a los campos nazis considera que “es importante realizar estos actos y homenajes porque el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Asimismo, afirma no entender la postura de Abarquero, el alcalde del pueblo. “No entiendo esta cerrazón. Además, intentó justificar con buenas palabras que nos cediera un espacio para homenajear a una persona asesinada por el Holocausto mientras mencionaba que en la Guerra Civil el bando republicano también fusiló gente”, se explaya.
Redondo, el portavoz de la ARMH Palencia, enfatiza que después de esta negativa por parte del Consistorio de Hontoria de Cerrato acudirán a la Secretaría de Estado de Memoria Democrática y al Defensor del Pueblo. “Si llegado el caso no alcanzamos nuestro objetivo, acudiremos a los tribunales para hacer cumplir la ley de memoria democrática”, concluye. Mientras tanto y hasta que no lo consigan, la memoria de García Hevia seguirá suspendida, tal y como quisieron que sucediera aquellos que lo asesinaron.