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Música electrónica
Herbert y la banda sonora sin fin de un tiempo revuelto: “Si todo funcionara bien, necesitaríamos menos arte”

Matthew Herbert es un músico inusual. Para grabar su último disco quería utilizar un esqueleto con el que fabricar los instrumentos y se le ocurrió intentar comprar el de un dinosaurio. Como no fue posible, se tuvo que conformar con usar los huesos de un caballo para construir varias flautas, una lira y un arpa. Con esa materia prima amasó The horse, un álbum apabullante en forma y fondo grabado en 2023 junto a la London Contemporary Orchestra y varios músicos destacados del panorama actual como el saxofonista Shabaka Hutchings, miembro de grupos como Sons of Kemet y The Comet is Coming. Una de las intenciones de Herbert en The horse fue nada menos que contar la historia de la música, poniéndose en el lugar del primer ser humano que consiguió crear música.
Casi se podría decir que lo que quiso hacer realmente en este disco fue pintar. De hecho, una de las inspiraciones de The horse son las pinturas rupestres de caballos en Altamira y otras cuevas de la cornisa cantábrica. En la canción “The horse’s hair and skin are stretched” trató de reproducir cómo sonaría una batería grabada en esa cueva, frente a esas representaciones de figuras equinas pintadas hace miles de años. Otra fuente de inspiración fue la esquina del hipódromo de la ciudad inglesa de Epsom donde Emily Davison, una activista por el sufragio femenino, fue pisoteada por el caballo de carreras del rey Jorge V en 1913. La paleta de sonidos que utiliza a lo largo de todo el disco es amplísima, aunque dentro del catálogo de música electrónica que Herbert ha manejado durante su polimorfa trayectoria: de techno repetitivo a minimalismo clásico o jazz contemporáneo, todo con un marcado carácter experimental.
The horse es, también, una suerte de trabajo arqueológico que incluye casi 7.000 grabaciones de sonidos de caballos. Así, en el tema “The horse is put to work” se escuchan caballos trabajando en las minas, caballos de la policía utilizados para cargar contra manifestantes y también caballos en el ejército. La relación de la humanidad con los animales, particularmente los caballos, es un argumento que atraviesa las 14 canciones del disco.
“Gran parte de mi inspiración viene del mal arte o de la creatividad mediocre o de gente de mierda”, enumera Herbert, antes de coger carrerilla: “O de lo roto que está el mundo ahora mismo y lo poco revolucionarios que son tanto arte y tanta música en estos días”
Transformarse en el primer músico de la historia fue “aterrador”, reconoce el artista nacido en 1972 en Kent (Inglaterra, Reino Unido). Durante la composición y grabación de The horse aprendió que “la música es una conexión instintiva con lo divino y lo incognoscible, es una forma profunda y peligrosa”. Herbert atiende a El Salto con motivo de su actuación en Madrid el viernes 4 de abril en La Casa Encendida, dentro del festival Electrónica en abril. Avanza que será un concierto de melodías y canciones, pero con raíz en la música de baile, en el que compartirá escenario con Momoko Gill, vocalista e improvisadora con la percusión. Ambos están trabajando en lo que, según Herbert, será un “disco íntimo sobre cómo nos relacionamos con el mundo que nos rodea y entre nosotros durante un período de transición”.
El músico asegura que la razón última para crear, lo que le impulsa, es un deseo de cambiar el mundo. “Gran parte de mi inspiración viene del mal arte o de la creatividad mediocre o de gente de mierda”, empieza a enumerar, antes de coger carrerilla: “O de lo roto que está el mundo ahora mismo y lo poco revolucionarios que son tanto arte y tanta música en estos días. O de lo corruptos y crueles que son tantos políticos. O de la guerra en Gaza o Sudán o el Congo o Ucrania. Si todo funcionara bien, necesitaríamos menos arte”.
La orquesta del Titanic en el siglo XXI
La trayectoria de Matthew Herbert es difícil de resumir brevemente. Ha sido dj, conductor de big bands de jazz vanguardista y productor para figuras de la música pop como Björk o Róisín Murphy. En el año 2000 fundó su propia discográfica, Accidental Records. También ha trabajado como director creativo del Radiophonic Workshop de la BBC, la unidad de sonidos especiales y raros de la emisora que, de pequeño, le familiarizó con la escucha de música poco convencional. Lo disfrutaba en la radio, puesto que en su casa no había una televisión con la que entretenerse. Desde que era adolescente ha cacharreado con sintetizadores, samplers y equipos de grabación.
Música electrónica
Radiophonic Workshop, exploradoras del sonido
Uno de los denominadores comunes en toda la obra de Herbert, diseminada bajo diferentes alias, es la noción de que cualquier sonido puede convertirse en música: desde los que se producen durante la vida entera de un cerdo, de la granja al matadero, hasta una bomba que explota en Libia, desde cómo suena un orgasmo hasta cómo lo hace un after lleno de gente de subidón o todo lo que emite un cuerpo desnudo durante 24 horas. Esa pretensión de registro y archivo fonográfico se puede ilustrar con una anécdota, un mero gesto aunque significativo: en el concierto de su big band en Madrid el 16 de noviembre de 2008, todos los músicos rompieron ejemplares del diario español conservador y monárquico ABC de aquel día. Herbert sampleó el sonido que produjo tanto el acto de romper el periódico como el de tirarlo al suelo y lo distorsionó hasta conseguir el ritmo de la que fue la siguiente canción que tocaron.
El 29 de marzo de 2019, el mismo día en que Reino Unido debía abandonar la Unión Europea como resultado del Brexit, acto que finalmente se pospuso unos meses, Herbert lanzó The State between us, un disco tremendamente ambicioso resultado de la frustración que le produjo el camino que condujo a la desvinculación del Reino Unido de la UE, plagado de nacionalismo y xenofobia. Para este descomunal trabajo, un tour de force equivalente a alguna de las películas de Werner Herzog, involucró a más de mil músicos y cantantes de toda Europa y bautizó a su Herbert Big Band como la Matthew Herbert United Kingdom and Gibraltar European Union Membership Referendum Big Band.
En el corazón del disco, varios interrogantes concentrados en dos preguntas: qué significa la identidad nacional y qué entendemos por hogar en el siglo XXI. También aportó una emocionante respuesta, la bellísima canción “You’re welcome here”. Sed bienvenidos, vivamos cerca, parece decir todo el disco. “Creo que es importante que el proceso refleje las intenciones políticas de un proyecto”, valora hoy el músico sobre su manera de afrontar una obra tan exigente. “Lo que más teme la derecha —desarrolla— son los grupos de personas juntas, porque los ricos son la minoría. Saben instintivamente que cuando nos unimos, no tienen ninguna posibilidad. Así que intentan dividirnos y aislarnos. Me gusta usar el proceso de hacer discos para unir a gente diferente y tratar de construir algo nuevo”.
En The State between us suenan aviones de la Segunda Guerra Mundial, el desmontaje de un Ford Fiesta, la soledad de un nadador cruzando el Canal de la Mancha o un ciclista solitario que pedalea por Chequers, la residencia del campo del primer ministro británico. También se escuchan puertos vacíos, fábricas en demolición, árboles centenarios, cantos de animales en peligro de extinción e incluso un discurso del eurodiputado del Partido Popular Esteban González Pons.
Desafiar lo previsible es uno de los propósitos que busca Herbert con sus creaciones —también cita “evitar repetirme, darme cuenta de lo afortunado que soy, cuestionar mis privilegios, crear más oportunidades para otros que no han tenido mi buena suerte”— y así explica por qué ha elegido esta vía de expresión en lugar de otras: “La música es nuestra única forma de arte invisible, por lo que puedo cambiar la manera en que se percibe el aire a mi alrededor y alrededor de los demás de un modo como solo el olor puede hacer. Y no tenemos samplers de olores de fácil acceso. Así que me quedo con el sonido por ahora”.
Preguntado por a quién apela su música, si compone teniendo en mente un tipo concreto de audiencia al que le gustaría llegar, responde que hacer eso es peligroso puesto que no existe algo como un público fijo: “Todo está en constante cambio, a menos que sea música funcional, como suele ser la música de baile —por supuesto, quieres que la gente baile con ella—, pero ¿por qué hacer música para gente imaginaria?”.
Y en cuanto a sus próximos pasos, más allá del concierto y del disco con Momoko Gill, sus palabras arrojan un humor muy particular, aunque no hay que descartar que sea totalmente cierto: “Mi próximo disco está hecho con un loro, enseñándole a hablar sobre el cambio climático”. Un músico inusual este Matthew Herbert, lo decíamos al principio.