Hayao Miyazaki: el corazón del niño que creía que podía cambiar el mundo

Hace unos días el aclamado director de cine Hayao Miyazaki anunciaba el título de su nueva película: se llamará Kimi-tachi ha dô ikiru ka? (¿Cómo vais a vivir?).

Hayao Miyazaki recibiendo el Oscar honorífico
Hayao Miyazaki recibiendo el Oscar honorífico
es autor de de los libros "El viaje de Chihiro. Nada de lo que sucede se olvida jamás" y "Mi vecino Miyazaki".

publicado
2017-11-15 08:19:00

Su nueva película se basará en una conocida novela japonesa de 1937 que analiza de manera emotiva, a través de un joven y su tío, la forma de vivir de las personas. Un año antes, Miyazaki sorprendía al mundo al comunicar que pretendía hacer una nueva película animada a sus 76 años. Y sorprendió, sobre todo, porque ya había anunciado su retirada definitiva. Otra vez.

El 6 de septiembre de 2013, en una sala de prensa con más de 600 periodistas expectantes, el director de películas como El viaje de Chihiro, La Princesa Mononoke o Mi vecino Totoro,  sentenciaba: "Soy consciente de que en el pasado he anunciado varias veces mi retirada, por lo que quizás muchos pudierais pensar 'oh, vamos, otra vez...'. Pero en esta ocasión es la definitiva".

El mítico directo japonés tenía entonces 72 años y aludía a problemas físicos y al cansancio para reafirmar que, esta vez sí, dejaba los lápices y la magia de su cine animado tradicional, el que durante 30 años había emocionado a Japón y al mundo. Con este anuncio parecía poner fin a una era, pues además venía después de estrenar El viento se levanta, una película marcadamente personal con continuas alusiones veladas a la despedida.

Un hombre singular

Hayao Miyazaki es un hombre singular, como lo es su genialidad artística. De ideales marxistas en su juventud, con los años ha ido matizándolo pero nunca ha dejado de lado la reivindicación social y medioambiental, como bien puede apreciarse en sus películas, plagadas de detalles y temáticas de fondo constantes sobre el cuidado de la naturaleza, el protagonismo de la mujer, el poder del pueblo frente al poder y la importancia del trabajo y el esfuerzo para cumplir las metas vitales. Eso sí, Miyazaki nunca ha tratado de adoctrinar con sus ideas y siempre las ha presentado de forma honesta para que el espectador pudiera formarse una opinión por sí mismo. De ahí que en sus obras no haya personajes marcadamente malvados, ni buenos sin dobleces, sino que todos tienen matices morales que los hacen más interesantes.

Como buen artista fuera del sistema –aunque, debido a su éxito, dentro de él– siempre ha seguido sus propias reglas. Creó un estudio de animación propio –Studio Ghibli– para poder hacer las películas que quisiera sin depender de otros, y desde ahí conquistó el corazón de los espectadores sin hacer mucho caso a las modas. Desde Nausicaä del Valle del Viento (1984) hasta El viento se levanta (2013) ha tocado muy diferentes temas, pero su ideario se ha mantenido intacto en lo fundamental.Seguramente sea uno de los directores más fieles a sí mismos de la escena internacional, y de los que tiene una filmografía más heterogénea en forma, fondo y calidad. No hay una sola película de Miyazaki que se pueda calificar como “mala”. Y esto lo pueden decir muy pocos en una trayectoria de casi 50 años de profesión, 11 películas dirigidas por él mismo, y decenas de obras con su colaboración fundamental en el guion, la animación o la idea del proyecto.

Peleado con las nuevas tecnologías y firme defensor de la animación tradicional, el optimismo que imprime a sus filmes contrasta con el pesimismo de sus declaraciones, brutalmente sinceras y que siempre llaman la atención. Se negó a ir a recoger en 2003 el primer Oscar de Hollywood que ganó por El viaje de Chihiro como protesta por la guerra de Irak. Años después acudió a Los Angeles a recoger su segundo Oscar, esta vez honorífico, y en su discurso vino a decir que la animación tradicional estaba muerta, muy a su pesar.