Venezuela
Las Comadres Púrpuras: “Los mecanismos de participación ciudadana en Venezuela fueron cooptados”

Las Comadres Púrpuras es una organización antipatriarcal de Venezuela que nació en 2016, en un momento de grandes dificultades sociales y económicas. Segunda entrega de una serie para entender Venezuela con voces que surgen de abajo y a la izquierda.
Las Comadres Púrpuras son un colectivo feminista venezolano creado en 2016.
Las Comadres Púrpuras son un colectivo feminista venezolano creado en 2016.

Las Comadres Púrpuras se definen como “un grupo popular contra-cultural, despatriarcal de feministas insurgentes y autónomas, que se activa política y artísticamente”. Destacan el despojo del territorio no sólo como práctica de expoliación de la tierra, sino también como destrucción “del pensamiento crítico, de la alegría, de la salud, de las culturas, cosmovisiones y espiritualidades, del aire, del agua, de los elementos necesarios para la vida, un despojo de lo común”.

Venezuela
Especial Las derivas de Venezuela: cinco entrevistas sobre el deterioro del proceso bolivariano
Los activistas, escritores y pensadores latinoamericanos Raúl Zibechi y Silvia Adoue presentan en El Salto un dossier sobre la evolución de la Revolución Bolivariana desde el Caracazo de 1989 al Gobierno de Maduro a través de cinco entrevistas.

Las Comadres Púrpuras denuncian la gestión machista, mafiosa, clientelar, personalista, militar y paramilitar como modelo. “A pesar de los intentos de construir una nueva institucionalidad, las estructuras del Estado y las prácticas políticas arraigadas dificultaron la implementación de un modelo radicalmente distinto”, dicen. Y agregan: “Los mecanismos de participación ciudadana, como las comunas, fueron cooptados por los poderes establecidos para legitimar decisiones ya tomadas o para fortalecer el control social”. Rechazan los intentos divisionistas y la polarización. Contra eso, proponen la “juntanza de almas que creen y crean con sus propias manos una vida más digna, más armoniosa, más autónoma”.

Las condiciones de vida del pueblo venezolano vienen deteriorándose año tras año. Eso ha llevado a un número creciente de trabajadores a emprender el camino de la migración. En el exterior, vemos venezolanos, muchos de ellos con formación calificación, aceptar empleos mal pagos y situaciones legales inciertas y arriesgadas. A su modo de ver, ¿qué ha llevado a tantos venezolanos a desistir de permanecer en su territorio?
Es importante destacar que los pueblos no desisten en permanecer en sus territorios, son expulsados, execrados, expatriados, y, con la premisa de no violentar la vida, nos hemos convertido en nómadas para confesar física y verbalmente la historia de un territorio que está siendo profanado y violado.

Han existido muchos métodos no violentos, donde en distintas coyunturas la venezolanidad ha mostrado mediante la protesta social, su descontento con las políticas gubernamentales empleadas, sin embargo, así como el tejido social aprende, los gobiernos sofistican más sus métodos de subordinación, adoctrinamiento, apalancamiento de los dispositivos de control, de terror, de miseria y verborrea propagandista embrutecedora, que muy bien se compra y se filtra en el academicismo, las izquierdas y en su propio modelo corporativo, que solo responde al afianzamiento del sistema patriarcal y capitalista. Pero ojo, este modelo se ha entrelazado con el mercado ilegal, antes era más subterráneo su comportamiento, ahora, es tanta la demencia de su violencia que sobresalen las prácticas mafiosas para el control social y la devastación de la vida o lo vivo que no responda a la lealtad de este modelo de coerción.

La hiperinflación, la escasez de alimentos y medicinas, el declive de los servicios básicos, la devaluación de la moneda y la pérdida del poder adquisitivo han erosionado el tejido social

El despojo del territorio no es nada más de la tierra, es un despojo del pensamiento crítico, de la alegría, de la salud, de las culturas, cosmovisiones y espiritualidades, del aire, del agua, de los elementos necesarios para la vida, un despojo de lo común, la humanidad venezolana se mueve porque el hostigamiento ha sido sistemático. Hay pocas posibilidades para pensarse fuera del secuestro social que el gobierno de turno ha instaurado, ahora, en una temporalidad de gobierno que parece dinástico.

Las causas de esta crisis son múltiples y se entrelazan de manera compleja para la comprensión del pueblo venezolano y complementaria para el proyecto bolivariano, que principalmente se alimenta del abandono histórico que los gobiernos han dejado a su paso. El modelo rentista y extractivista nos ha convertido en un pueblo que internamente ha tenido una movilidad alrededor de los recursos, pero la globalización del trabajo informal y de las promesas de estabilidad en otros territorios impulsa una movilidad forzada fuera de Venezuela.

Se suma las precarias condiciones laborales, gracias a la pulverización del salario, la erosión de los derechos de las y los trabajadores, lo cual coadyuva al detrimento de la calidad de vida, aunado a la ineficacia de los servicios básicos, el desmantelamiento de las instituciones conlleva a la vulneración de la vida. Razones que se añaden para buscar mejores condiciones de vida fuera de nuestro país.

Venezuela
Terán Mantovani: “Venezuela ha vivido uno de los colapsos societales más profundos de la historia reciente”
Terán Mantovani es investigador de la Universidad Central de Venezuela. Con esta entrega, iniciamos una serie de entrevistas sobre la realidad política y social de este país con una perspectiva crítica desde la izquierda y los movimientos de base.

La hiperinflación galopante, la escasez de alimentos y medicinas en muchas regiones del país, el declive de los servicios básicos, la devaluación de la moneda y la pérdida del poder adquisitivo han erosionado el tejido social y han generado una profunda sensación de incertidumbre. A esto se suma la crisis política, marcada por la violación de los Derechos Humanos y la agudización de la represión, que ha socavado las instituciones democráticas y ha generado un clima de inseguridad, miedo y angustia.

El proceso iniciado en Venezuela bajo la dirección de Hugo Chávez prometía superar la dependencia de la exportación de petróleo con todas las llagas históricas resultantes de tal dependencia. Para eso, se proponía, entre otras medidas, la reforma agraria, que sería base de la soberanía alimentaria. Sin embargo, un cuarto de siglo más, la dependencia de la exportación de petróleo y también de otros minerales parece haberse intensificado. Y se siguen importando productos de primera necesidad. ¿Cómo explica esos datos?
Venezuela es reconocido como el segundo país más corrupto del mundo, esto debido a la participación de miembros del gabinete gubernamental en desfalcos de la Nación. Por ejemplo, recientemente en el año 2024, salió a la luz que el exministro Tareck El Aissami ha estado asociado a toda una trama de corrupción en la petrolera estatal y de desfalco de más de 21.000 millones de dólares de los cuales aún se carece de información al respecto de este robo descomunal, pero podemos nombrar otros casos de corrupción como el denunciado en el 2013 por Edmée Betancourt, expresidenta del Banco Central de Venezuela que, con solo tres meses en el ejercicio del cargo, fue destituida por denunciar a la Comisión de Administración de Divisas quien había otorgado en el año 2012, la cantidad de 20.000 millones de dólares a empresas fantasmas o también conocidas como empresas de “maletín”.

En el 2016 fueron instauradas las zonas de desarrollo estratégico nacional y por decreto se adjuntó al Arco Minero del Orinoco (AMO), que no es más que una gran zona de sacrificio de la naturaleza y la gente, al margen de cualquier ley

También, la denuncia que hizo Alcedo Mora, el caso que desde 2013 puso en evidencia la existencia de una red de contrabando de combustible que habría corrompido las operaciones del llenadero de PDVSA en El Vigía, estado Mérida, involucrando a funcionarios de la estatal petrolera y de la gobernación merideña. Mora fue amenazado, y, el 27 de febrero de 2015, salió a su trabajo y no regresó, aún se encuentra desaparecido.

En el 2016 fueron instauradas las zonas de desarrollo estratégico nacional y por decreto se adjuntó al Arco Minero del Orinoco (AMO), que no es más que una gran zona de sacrificio de la naturaleza y la gente, al margen de cualquier ley. Y con ello, la devastación de cualquier proyecto ecosocial. Por otra parte, la soberanía alimentaria solo se quedó en leyes con letra muerta, pues la corrupción tocó buena parte de los gabinetes ministeriales, quienes debían velar por la seguridad alimentaria. En cuanto a la reforma agraria en la gestión de Chávez, se convirtió en el llamado mercado de tierras, si bien en sus primeras etapas se observó un beneficio hacia al campesinado, luego se convirtió en el mercado de un nuevo latifundio de élites de militares, políticos y malas prácticas orientadas al enriquecimiento de intereses de los funcionarios gubernamentales.

Por lo tanto, los commodities en el primer período del chavismo, fueron la base para sostener la política clientelar, un doble discurso donde por un lado se negociaba la soberanía con una política rentista y extractivista, y, por otro, se reunía con los sectores indígenas, campesinos, ambientalistas, populares, hubo cientos de mesas de trabajos donde por todos los frentes hubo promesas que afianzaron la cooptación y la instrumentalización gubernamental de los discursos de transformación social, pero que finalmente solo fueron vitrinas dependientes de la renta petrolera.

La soberanía alimentaria solo se quedó en leyes con letra muerta, pues la corrupción tocó buena parte de los gabinetes ministeriales, quienes debían velar por la seguridad alimentaria

Cuando exponemos que el modelo implementado en Venezuela como proceso bolivariano engendra formatos de gestión mafiosa, es porque ha financiado gran parte de su propaganda política a punta de extorsión, secuestro y captura de financiamientos, es un modelo profundamente clientelar que, a quien no compra, excluye. Una parte significativa de los recursos provenientes de la renta petrolera fueron desviados hacia redes clientelares y proyectos faraónicos, en lugar de ser invertida en el bienestar del país.

Otra promesa, que también atrajo la atención entusiasta de los pueblos del continente, fue la de superar las formas tradicionales del ejercicio del poder por las vías representativas y pasar al ejercicio de la democracia directa por medio de las comunas. En la práctica, sin embargo, las decisiones políticas continuaron buscando la legitimación de las elecciones. La propia dirección chavista montó el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), a partir de varias organizaciones que lo apoyaban, para participar de elecciones. La constitución llegó a plasmar en su letra una “nueva geometría del poder” y la última consigna de Chávez fue “¡Comuna o nada!”. Esa “nueva geometría” no salió del papel, las comunas no tienen autonomía y la democracia representativa es ejercida (o no) para refrendar lo que el gobierno central decide. Es decir, se consolidaron prácticas centralizadas y autoritarias. ¿Cómo explica esa deriva de la política venezolana?
Se explica de la forma más sencilla: el chavismo es un proyecto que representa una estafa global. Con el proyecto chavista se exacerbaron las políticas clientelares, no hubo diversificación de la producción, y los derechos laborales fueron mermando. Están las personas que de corazón creyeron y con fe y con su vida defendieron la causa, pero, al final de una u otra forma avalar el proyecto chavista es secundar la tortura, ser cómplice en la malversación de fondos, en la narrativa de odio y de guerra y en la transacción de la soberanía nacional, no hay escala de colores, este tiempo ha servido para concretar una forma de gestión de la política que subordina la idea y los principios colectivos o comunes por las necesidades del líder.

A pesar de los intentos de construir una nueva institucionalidad, las estructuras del Estado y las prácticas políticas arraigadas dificultaron la implementación de un modelo radicalmente distinto.

Venezuela, como muchas naciones latinoamericanas, tiene una larga historia de centralismo y de gobiernos autoritarios. A pesar de los intentos de construir una nueva institucionalidad, las estructuras del Estado y las prácticas políticas arraigadas dificultaron la implementación de un modelo radicalmente distinto. Los mecanismos de participación ciudadana, como las comunas, fueron cooptados por los poderes establecidos para legitimar decisiones ya tomadas o para fortalecer el control social. En el caso venezolano, las comunas fueron utilizadas en muchas ocasiones como instrumentos de control político, más que como espacios de verdadera autonomía y participación. Existen muchas experiencias que son vitrinas socialistas dentro de un país que es totalmente dependiente de la ineficiencia del Estado.

¿Cómo se milita la lucha antipatriarcal en el actual contexto de la ciudad, del campo y de las zonas de extractivismo de Venezuela?
Como mujeres provenientes de sectores populares venezolanos y de zonas periféricas nuestra lucha es antipatriarcal, antirracista y anticolonialista; se centra en construir redes de apoyo con otras mujeres que, al igual que nosotras, han roto con el pacto patriarcal. Sin embargo, la actual situación política en Venezuela nos ha llevado a replantear nuestras alianzas.

Rechazamos los discursos que buscan dividir, polarizar y descalificar a quienes disienten, y exigimos el cese de las prácticas represivas, de la política de la crueldad y de guerra, que limita nuestra libertad de expresión y organización, que socava nuestra humanidad, y que somete los cuerpos y territorios, generando profundas heridas en nuestro tejido social y natural. Nuestra lucha se extiende más allá de las fronteras de Venezuela, abarcando todas aquellas situaciones donde se vulneran los derechos de las mujeres, niñas, niños y adolescentes, comunidades y la madre naturaleza.

Hacer militancia antipatriarcal significa rebelarse directamente con el gobierno nacional, que evoca una gestión machista, militar, paramilitar, mafiosa, caudillista y cruel con la vida, todo ello es la representación más simbólica y contemporánea del colonialista que traiciona a su propio pueblo, por unas piezas de oro, en este caso, no solo fueron unas piezas de oro, fueron las arcas de la nación, la pensión de vejez, el futuro y presente de las infancias, el trabajo decente, los derechos más elementales, obtenidos mediante luchas históricas, un saqueo a plena luz del día, destrozando el futuro vivo del territorio. Todo ello, no es más que la precarización de la vida de cientos de venezolanas y venezolanos, a la merced de la casa del amo.

Hacer militancia antipatriarcal significa rebelarse directamente con el Gobierno nacional, que evoca una gestión machista, militar, paramilitar, mafiosa, caudillista y cruel con la vida

Desde su perspectiva, ¿cómo la gente de ese territorio que hoy llamamos Venezuela puede salir de este atolladero?
La perversión en la política de quienes dirigen el poder de las instituciones del Estado crea la narrativa de un país polarizado y dividido. Ciertamente, las redes de solidaridad aún presentes son lo que mantiene la mínima cordura frente a los promotores de las desconfianzas. El impulso global del neoliberalismo es convertirnos en esclavas, nómadas de las migajas que se rebanan de la tierra. No es solamente una Venezuela, es un pacto de guerra que patriarcas poderosos han sellado para violentar territorios y cuerpos y extraer recursos para más proyectos de guerra y conquista y de pulverización del planeta Tierra y de la autonomía social. Ser seres más dependientes de la renta en todos sus formatos, incluso la renta sobre nuestros cuerpos. Salir de la violencia global hacia la vida digna es una cuestión emergente y solidaria con cada rincón en lucha, desde una serena arena en el Kurdistán, risas de jóvenes palestinas, remembranzas de tierra zapatista, el frío mapuche, el cálido Cauca, la vertiginosa sierra, mares nicaragüenses… es cuidarnos en la palabra colectiva que brota en la narrativa común del despojo y del amor. Abrazarnos, salir del atolladero es abrazar la causa de la vida frente al sepulcro de las luchas.

Sí. Insistimos, seguimos insistiendo en la juntanza de almas que creen y crean con sus propias manos una vida más digna, más armoniosa, más autónoma. Almas que cuidan y que luchan, almas que se mueven, que transforman y conmueven, almas que siembran y se juntan para cosechar la esperanza, mientras tanto seguimos haciendo de nuestra alegre rebeldía un campo de construcción social, por un país que se construya desde la diversidad, la emancipación social, la autonomía de los cuerpos, la reivindicación de los territorios, la relación armoniosa con la naturaleza y sus recursos, la garantía de los derechos humanos y la libertad de decidir sobre nuestros cuerpos y ser sin represión.

Los autores
Raúl Zibechi. Durante los primeros años 70, Raúl Zibechi militó en Uruguay en el movimiento estudiantil vinculado al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Se exilió a Argentina y España, donde se vinculó al Movimiento Comunista. De vuelta a Uruguay fue editor de Internacional en el semanario Brecha. En su larga trayectoria, desarrolló una prolífica actividad como investigador de los movimientos sociales latinoamericanos, un trabajo que le ha permitido conocer de primera mano y acompañar multitud de iniciativas, desarrollando una mirada especialmente sensible hacia la vida cotidiana y las realidades diferenciadas que construyen los movimientos alternativos.

Silvia Adoue. Nació en Buenos Aires. Fue obrera del vidrio, metalúrgica, gráfica, costurera, maestra. En 1982 se mudó a Brasil. Se graduó en Matemática en la Universidad de San Pablo. Fue docente en escuelas primarias y secundarias en Brasil. Realizó la maestría en integración de América Latina, en Cine y Educación, Doctorada en Letras en la Unesp. Es educadora de la Escuela Nacional Florestán Fernandes del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST). Participa del Colectivo “Rodolfo Walsh” de enseñanza de Lengua y Literatura de la Escuela del MST. Es profesora de Literatura Hispanoamericana en la Unesp de Araraquara, en el Estado de San Pablo.
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