Opinión
¿Qué retos tenemos las jóvenes en el próximo ciclo político?

La juventud actual, en un sentido amplio del término, somos una generación criada en la crisis económica y consciente de que no vamos a salir de ella.

Fridays for future 5
Protesta 'Fridays for Future' el pasado 1 de marzo frente al Congreso. David F. Sabadell
Es militante de Anticapitalistas
26 jun 2019 19:31

“I tell you what freedom means to me: No fear.”
Entrevista a Nina Simone, 1968

Uno de los cánticos que se escuchan en las concentraciones y manifestaciones del incipiente movimiento climático juvenil del Estado Español es “¡Tengo miedo! ¡Se derrite el hielo!”. Más allá del pareado y de la dramática devastación ecológica con la que las jóvenes nos encontramos, expresa lo que podríamos denominar como una constante generacional.

La juventud actual, en un sentido amplio del término, somos una generación criada en la crisis económica y consciente de que no vamos a salir de ella. Este hecho, cientos de veces repetido, tiene unas consecuencias concretas a la hora de transitar nuestras vidas y sociedades. Somos las hijas de la contrarreforma neoliberal y asistimos a su envejecimiento destructivo. Las dificultades que tiene el sistema para mantener los niveles de beneficio y acumulación a los que estaba acostumbrado se muestran cada vez de forma más clara. La privatización y mercantilización se extiende a cada vez más sectores de nuestras vidas. El horizonte de progreso parece quedar totalmente relegado a los libros de unas décadas y un siglo que jamás conocimos. Nos ha tocado vivir capitalismo tardío, modernidad líquida o turbo-capitalismo gripado que no es capaz de prometernos una mínima estabilidad mientras observamos ciertos retrocesos en conquistas de luchas pasadas.

Una buena forma de comprobar esto es atender a las propias afirmaciones del sistema. Por un lado, tenemos la famosa frase de Margaret Thatcher que decía “Un joven que pasados los 26 años se encuentra que aún va en autobús puede considerarse un fracasado”. Un alegato en favor del vehículo privado individual, que choca frontalmente contra los límites biofísicos de nuestro planeta pero expresa el sentir de una época. Los inicios del neoliberalismo se asientan sobre este principio de propiedad individual. Se trata de un momento en el que el sistema se esforzaba por crear estos horizontes de satisfacción material, al mismo tiempo que libraba una batalla por destruir la posibilidad de alcanzarlos colectivamente.

Frente a esto, cuando estos días usamos YouTube nos encontramos de vez en cuando con la campaña publicitaria de las galletas Fripozo que hace un alegato amable en favor compartir. Compartir, piso, transporte y alojamiento: “Somos una generación que se ve obligada a compartir, y ahora lo hacemos porque nos gusta”. Este es el mensaje que se nos lanza a las jóvenes: no vais a ser capaces de obtener las bases materiales de generaciones anteriores, así que acostumbraros a disfrutar de la precariedad. Los marcos de satisfacción que el propio sistema es capaz de proyectar se han visto fuertemente afectados. Una imagen que lo sintetiza es la de un rider sin derechos laborales pero que se puede permitir Spotify Premium y una buena tarifa de datos. 

Tampoco caigamos en un malentendido, gran parte de dichas bases materiales eran imposibles de mantenerse. Pero no por ciclos económicos, sino por ciclos metabólicos de nuestro ecosistema. Sin embargo, la ruptura que se produce entre la afirmación de Thatcher y el alegato de Fripozo no tiene lugar por una comprensión y asimilación de los límites naturales, sino por un reconocimiento honesto de las migajas menguantes que este sistema nos escupe. Hace un tiempo un compañero afirmaba en Twitter que cada vez que veía una serie se preguntaba ¿cómo podrán permitirse un piso así? Y, es que, ya nos parece prácticamente una fantasía el poder alquiler un piso entero para nosotras solas. Alquilar una habitación pequeña en un piso compartido y confiar en que no te suban el alquiler porque el barrio se está poniendo de moda es lo que nos ha tocado. 

La precariedad, inestabilidad y temporalidad se encuentran con una crisis generalizada de muchas facetas ante la que el miedo y la inseguridad son respuestas lógicas. No es casualidad que los trastornos de ansiedad estén en auge y con una tendencia hacia edades cada vez más tempranas. Se trata de cuestión generacional cada vez más presente y que encuentra sus causas en la presión y continua inseguridad vital. De un modo similar, es normal tener miedo en los tiempos que nos ha tocado vivir. Miedo a la precariedad, miedo a sufrir una agresión por tu género u orientación sexual, miedo a ser expulsado del país por no tener un papel que te ampare, miedo al cambio climático y a un futuro ecológicamente devastado. Quizás, la mejor idea es aceptar ese miedo, reconocerlo y construir colectivamente desde ahí. Justamente reconociendo nuestra debilidad, nuestra interdependencia con las personas que nos rodean y nuestra ecodependencia con la naturaleza podremos avanzar.

Los horizontes de progreso y satisfacción material que vendía Margaret Thatcher son falsos. Pero la resignación a compartir y competir por migajas esconde a quién se está comiendo el pastel completo destruyendo unas mínimas posibilidades de supervivencia futura. Frente a ello, debemos acercar distancias, comprender a la compañera que tenemos al lado, expresar nuestros temores y empezar a tejer desde nuestra fuerza colectiva. Convertir el miedo en militancia, no por fetichismo ni nostalgia histórica, sino porque nos va la vida en ello. 

Uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos como revolucionarias es construir espacios y comunidades fuertes desde los que atrevernos a proyectar horizontes de emancipación. Como jóvenes, nos toca impugnar la basura publicitaria neoliberal en la que nos ahogan: coger el paquete de galletas entero, pasarnos por el Sindicato de Inquilinas cuando nos suban el alquiler, defender el transporte público y a sus trabajadores, y denunciar al Airbnb ilegal de 4ºD. 

Por nuestra parte, trabajamos cada día para construir estos espacios y comunidades. En julio tomaremos un respiro del trabajo diario y avanzaremos en discusiones políticas a largo plazo en los Campamentos Internacionales de Jóvenes Revolucionarias. Entre el 21 y 27 de julio, más de 300 jóvenes de más de 10 países nos juntaremos en un ciclo de talleres, formaciones y espacios de ocio desmercantilizado. Un programa político de seis días temáticos, diferentes espacios permanentes y comisiones de trabajo. Una gran oportunidad para compartir experiencias de lucha y construcción con compañeras de todo el mundo. Debatir y aprender colectivamente sobre nuevos ciclos de movilizaciones. 

Gran parte de los conflictos a los que nos enfrentamos tienen un carácter internacional. Nuestra organización, reflexión y respuesta no puede ser menos. Construir comunidades fuertes por la base y redes amplias que las conecten. De esta forma podremos empezar a convertir el reconocimiento de nuestro miedo en un objetivo común que se sintetiza en palabras de Rosa Luxemburgo 

“Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.”

Archivado en: Opinión
Sobre este blog
Un espacio para gente que está empezando a escribir. Si tienes menos de 25 años y te apetece participar escribe a redaccion@elsaltodiario.com
Ver todas las entradas
Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.

Relacionadas

Opinión
Opinión La vigencia del Tierra y Libertad
El encaje de Andalucía en la nueva globalidad se ve actualizado en cuanto oferente de mano de obra barata y espacios para el turismo o la producción energética, el viejo lema de Blas Infante, Tierra y Libertad, parece estar más vigente que nunca.
Opinión
Opinión Los discursos belicistas matan
Debemos recordar que los lobbies armamentísticos siempre han encontrado en el temor y la inseguridad un motor de expansión económica.
Opinión
Opinión Carta al alcalde de Madrid tras sus risas por la lucha en las residencias
En mi vida he sentido la vergüenza y el asco ajenos que me ha producido su actuación y la de sus secuaces frente a unas personas que cargan con un dolor insoportable en el que su partido tiene gran responsabilidad.
#36386
27/6/2019 11:05

¿Retos? Librarnos de Pudimos/cuñadanos, los rescatadores del régimen del 78.

3
0
Sobre este blog
Un espacio para gente que está empezando a escribir. Si tienes menos de 25 años y te apetece participar escribe a redaccion@elsaltodiario.com
Ver todas las entradas
Sevilla
Proyectos estratégicos Ilegalidades pasadas y peligros futuros de la mina que la Unión Europea quiere revivir en Sevilla
Las Cruces tiene un historial de más de 6,5 millones de euros en sanciones e indemnizaciones por extracciones ilegales de agua. El espaldarazo de la UE y del Gobierno al proyecto podría empeorar los vertidos que ya realiza la mina en el Guadalquivir.
Comunidad de Madrid
Comunidad de madrid El taxi advierte de que las nuevas licencias a Cabify van a “reventar el mercado”
El Tribunal Superior de Justicia de Madrid da la razón a las plataformas de VTC y obliga a la Comunidad de Madrid a concederles más de 2500 nuevas licencias en la comunidad.
Notas a pie de página
Notas a pie de página Mansiones encantadas y casas sin cocina
La casa encantada como símbolo de la opresión del espacio doméstico recorre la literatura de muchas escritoras. Pero hubo un tiempo en el que algunas feministas trataron de imaginar otro hogar posible, en el que se liberase el trabajo doméstico.
América del Sur
América del Sur La batalla por el litio: pueblos originarios resisten un “genocidio medioambiental y cultural”
Sudamérica se ha convertido en la proveedora mundial de materias primas para la transición energética. Las comunidades afectadas se revelan ante una actividad que genera desposesión de tierras, contaminación, sequía y conflictos internos.
Economía
Análisis Europa, ¿última defensora del liberalismo o cómplice de un orden fracasado?
El peligro no proviene únicamente de líderes externos “autoritarios”, sino de la erosión interna de la democracia bajo un sistema que pone al mercado por encima de la gente.

Últimas

Madrid
Derecho a la vivienda Consumo abre expediente a Alquiler Seguro por prácticas abusivas contra los inquilinos
La decisión del Ministerio de Pablo Bustinduy, según el Sindicato de Inquilinas, “abre la puerta a la devolución de millones de euros a las inquilinas que reclamen sus derechos”.
Madrid
Madrid La Sareb ejecuta con violencia el desahucio de dos jóvenes activistas en Carabanchel
Desde el Sindicato de Vivienda de Carabanchel apuntan a que la estrategia actual del ‘banco malo’ es vaciar cuanto antes este y otros pisos de su propiedad para especular con ellos antes su disolución definitiva.
El Salto Radio
El Salto Radio Algoritmo y precariedad
Acostumbrados ya sin remedio a pedir por teléfono, a comprar chismes que nos llegan desde el otro lado del planeta en dos días, o comida que, aunque sea diluviando, nos traen a casa en 15 minutos… ¿Nos asomamos a lo que hay detrás?
Más noticias
Cine
Cine ‘No other land’: poner rostros y cuerpos al sufrimiento palestino
El documental ganador de un Oscar (y muchos premios más) vuelve a la actualidad a raíz de la agresión y detención sufrida por uno de sus codirectores, Hamdan Ballal. Ya ha sido puesto en libertad, si esta expresión aplica en un territorio ocupado.

Recomendadas

El Salvador
Ivania Cruz “El estado de excepción se está utilizando en El Salvador para gobernar en base al miedo”
A esta defensora de derechos humanos y comunitarios le allanaron su casa mientras se encontraba en un viaje internacional. Desde el exterior, denuncia la persecución del gobierno salvadoreño hacia su organización y hacia las comunidades que defiende.
Yemayá Revista
México Sobrevivir en la frontera: el cuerpo como moneda de cambio
En Tapachula, punto clave de la frontera sur de México, miles de mujeres migrantes permanecen atrapadas sin poder seguir su camino hacia Estados Unidos.
Música
Kiliki Frexko “No me interesa el arte político que te dice qué pensar o cómo deben ser las cosas”
Tras años de trabajo colectivo, Kiliki Frexko presenta su primer proyecto en solitario. ‘Iltze 1’ es un paso adelante en su trayectoria, donde mezcla referencias, explora nuevos sonidos y habla desde un lugar más personal, sin perder el filo.