Fábricas recuperadas en Argentina bajo el neoliberalismo de Macri: la resistencia no cesa

En la actualidad se cuentan 315 fábricas recuperadas en Argentina que luchan por seguir adelante y configurar un nuevo modo de empresa autogestionada.

empresa textil recuperada AGR-Clarín
Instalaciones de la empresa textil recuperada AGR-Clarín, en Argentina. Foto de Pablo Giachello.

Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión.


publicado
2017-10-08 10:08:00

Uno de las experiencias más valiosas que dejaron las movilizaciones populares tras la crisis del 2001 en Argentina, junto a las asambleas de barrio y el movimiento piquetero, fue la de las fábricas recuperadas. Si bien era un fenómeno que venía dándose desde el ajuste neoliberal del gobierno de Carlos Menem en los años 90, es a partir de 2001 cuando alcanza una dimensión relevante.

El cierre masivo de centros de trabajo impulsó a cientos de trabajadores a tomarlos y hacerse cargo directamente de la producción y distribución, en condiciones muy difíciles. Muchas de aquellas experiencias fueron incapaces de mantenerse, mientras que otras han permanecido hasta ahora y ha habido nuevos procesos de tomas de empresas en estos años. Fábricas míticas como la imprenta Chilavert, de Buenos Aires, o la fábrica textil Textiles Pigüé, así como una multitud de pequeños emprendimientos como los restaurantes La Casona, Lalo o Los Chanchitos, también en Buenos Aires, dan fe de la vitalidad de todas éstas experiencias. 

En la actualidad 315 empresas se hallan recuperadas por sus trabajadores en Argentina, dando empleo a más de 10.000 personas. Su situación es heterogénea, así como el planteamiento político y social en el que se sitúan. Muchas de ellas se vincularon a otros movimientos populares, utilizando por ejemplo sus instalaciones como sede para la creación de bachilleratos, escuelas o comedores populares, y rompiendo así su aislamiento como empresas privadas regidas por la competencia. Es el caso de la imprenta Chilavert, donde también se encuentra la sede de un bachillerato popular, de un centro cultural para la comunidad (Chilavert Recupera) y del Centro de Documentación sobre Empresas Recuperadas puesto en marcha por el Programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires. Otras fueron adaptándose a un funcionamiento convencional, reproduciendo la división entre dirigentes y dirigidos o sometiéndose a una fuerte autoexplotación para mantener la competitividad.

Hay tanto fábricas dedicadas a la producción industrial como empresas de servicios de distinto tipo, como el emblemático Hotel Bauen de Buenos Aires. Las articulaciones entre las distintas experiencias son también diversas –han existido federaciones y coordinadoras de distinto tipo–, como lo ha sido su relación con las instituciones, especialmente bajo los distintos gobiernos kirchneristas.

Los violentos desalojos recientes en la provincia de Buenos Aires de la imprenta AGR-Clarín, tras 82 días de ocupación obrera, y de la fábrica de Pepsico el 13 de julio, ocupada por los trabajadores desde casi un mes  tras el anuncio de cierre patronal, han vuelto a poner de relieve los procesos colectivos de toma del lugar de trabajo. Estas ocupaciones de fábricas tienen en la mayoría de los casos un carácter reivindicativo –se trata de medidas de fuerza para evitar despidos o cierre patronal–, pero en ocasiones el desarrollo de la lucha termina dando lugar a la recuperación de la unidad productiva por los trabajadores.

Una de las zonas donde se están dando algunas de las más importantes experiencias recientes de ocupación obrera es la provincia de Neuquén, al norte de la Patagonia, un territorio con una rica tradición de lucha social. Es precisamente en la capital donde se encuentra uno de los símbolos más importantes de empresa recuperada bajo control obrero del ciclo de 2001, la empresa de cerámica Zanón, rebautizada como FasinPat –Fábrica Sin Patrón–. Junto a otras empresas del sector en la misma zona, como Cerámica del Sur (bajo gestión obrera desde 2009), Cerámica Stefani (2010) y Cerámica Neuquén (2014), han constituido un importante polo de autogestión agrupado en el Sindicato Ceramista de Neuquén.

La experiencia de ex-Zanon/Fasinpat, que ha sido la mayor fábrica de cerámica de América Latina, se ha convertido en un emblema que alcanzó proyección internacional tras aparecer en el documental La Toma de Naomi Klein, pero es también una muestra de los límites y dificultades de las empresas recuperadas para sobrevivir en un mercado capitalista. En sus 15 años de andadura como empresa bajo control obrero –una modalidad distinta de la de cooperativa legal tal como es adoptada por la mayoría de empresas recuperadas– ha pasado por diferentes etapas, atravesando actualmente una situación económica muy difícil debida a factores internos y a una posición de desventaja en el mercado. A nivel simbólico, sin embargo, continúa ocupando un lugar destacado en el movimiento popular neuquino y argentino, y constituye un foco de agitación política en las diferentes movilizaciones.

Las recientes ocupaciones obreras en Neuquen

A pocos metros de Zanón se encuentran las fábricas Textil Neuquén y Madereras al Mundo (MAM), en las que se han dado recientemente experiencias de ocupación por sus trabajadores y trabajadoras. En el caso de Textil Neuquén, con una plantilla casi exclusivamente femenina, más de 35 trabajadoras de la empresa han ocupado durante seis meses las instalaciones tras el vaciamiento llevado a cabo por los empresarios. El procedimiento patronal revela la connivencia con el aparato estatal: tras recibir distintos créditos públicos para la renovación de maquinaria, equivalentes a más de 600.000 euros, la dirección de la empresa procedió a cerrarla en enero pasado, sustrayendo las máquinas y muebles.


Los meses de ocupación de la fábrica han sido un periodo de intensa actividad: cortes de carretera, manifestaciones, comedores, encuentros, fiestas… que han permitido tejer lazos de solidaridad con distintos sectores sociales (desempleados, movimiento de mujeres, víctimas de represión, otros conflictos laborales...).

Lo que inicialmente era una exigencia de reanudación de la actividad en las condiciones anteriores se ha ido convirtiendo en una apuesta por la autogestión, que ha cristalizado finalmente en un acuerdo para la conformación de una cooperativa que prestaría servicios al gobierno provincial, la reubicación en unas nuevas instalaciones y la devolución de los muebles y maquinaria, que tienen que pagarse en un plazo de cinco años. El balance de la lucha es por tanto ambivalente; mientras que las trabajadoras han mantenido sus puestos de trabajos y se han hecho con el control de la empresa, lo hacen en condiciones más precarias y con la presión de una deuda.

Un proceso similar comenzó recientemente en la fábrica maderera MAM a principios de julio, donde los trabajadores evitaron el vaciamiento ocupando las instalaciones desde el momento en que se les notificaron los despidos. Al igual que en los casos de la empresa textil, de AGR-Clarín o Pepsico, no se trata de un cierre por pérdidas, sino un reajuste que se explica al menos por dos elementos; la necesidad por parte de la empresa de prescindir del personal de mayor antigüedad y derechos adquiridos –el 95 % de los trabajadores tienen entre 18 y 45 años en la empresa–, y la de redirigir las inversiones hacia otro sector de negocio con mayores expectativas de beneficio. La empresa maderera fue adquirida hace pocos años por el grupo BM, propietario también de empresas vinculadas al petróleo, y la nueva dirección pretendía dedicar las instalaciones a la prestación de servicios petroleros que requieren menos mano de obra.

La ocupación de esta fábrica, por el momento sin que los trabajadores se hagan cargo de reanudar la producción, ha posibilitado al igual que en anteriores experiencias la creación de un espacio de encuentro y comunicación entre distintos sectores en lucha. La cercanía con Textil Neuquén y Zanón/Fasinpat, en particular, permite situar el conflicto dentro de un hilo histórico de los que extraer conocimientos y redes de apoyo. Son estos vínculos, entre fábricas ocupadas y otros sectores del movimiento popular, y de experiencias autogestionarias entre sí, los que posibilitarían evitar la atomización en el mercado propia de la producción capitalista, aún bajo la forma de la llamada “economía social”. En este sentido, las experiencias de vida y trabajo en común que se generan a partir de estos procesos, la apertura al resto del movimiento, o los debates colectivos –desde el género hasta las implicaciones ecológicas de la producción– resultan más valiosos que los resultados medibles en términos de eficacia económica.

Encuentros Internacionales La Economía de los Trabajadores

Precisamente para articular esos intercambios y debates nacieron en 2009 los Encuentros Internacionales La Economía de los Trabajadores. Se trata de eventos organizados por el Programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires y otros organismos académicos, como la Universidad Autónoma de México o el INCUBES brasileño, donde se dan cita trabajadores de la mayoría de recuperadas argentinas y de otros países, investigadores académicos, militantes sociales y sindicales y estudiosos de diversos lugares del mundo, para tratar de crear fuertes vínculos entre las experiencias autogestionarias y un discurso compartido a la altura de la situación socioeconómica global.

Hay que tener presente que el fenómeno de las empresas recuperadas no es exclusivamente argentino, sino que abarca, aunque con una extensión más limitada, a la mayoría de países latinoamericanos, desde Brasil, donde podemos encontrar experiencias como la de la fábrica Flaskó, que incorpora un parque de viviendas comunitarias para sus trabajadores, hasta Uruguay, Venezuela o México. Además, recientemente y al calor de la última crisis global, el fenómeno ha alcanzado también otros continentes, dándose casos en Europa –como la empresa francesa Fralib o la griega Vio.Me– y en Asia (en Turquía y Egipto).

Así, hasta el momento se han realizado cinco Encuentros Internacionales en Buenos Aires (2007 y 2009), Ciudad de México (2011), Joao Pessoa, en Brasil (2013); y Amuay, en Venezuela (2015). El sexto está a punto de abrir sus puertas cuando se escriben estas líneas en la fábrica recuperada Textiles Pigüé, en Argentina. También se han realizado varios Encuentros sudamericanos en Centroamérica y Norteamérica, y dos Euromediterráneos en Marsella (2014) y en Salónica (2016). Estos encuentros, en los que han participado también organizaciones españolas como el Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA), demuestran la vitalidad y pluralidad ideológicas existentes en el movimiento de empresas recuperadas, y su voluntad de constituir un polo de reflexión que vaya más allá de las tendencias económicas keynesianas que dominan en el acercamiento mayoritario a la economía por parte de la izquierda global. La autogestión, entonces, se convierte en un marco vivencial y organizativo que permite abrir espacios a las posibilidades de entender la propia supervivencia económica de las distintas experiencias diseminadas a través del mundo como un semillero para la transición necesaria a otra estructura social. Los espacios de intercambio, así, se multiplican, tanto desde una perspectiva puramente práctica –generando comercio interno y redes de solidaridad productiva entre las recuperadas– como desde la tendencial conformación de una teoría común y del común, a la que ayuda, además, la reciente publicación de la revista Autogestión para otra economía y de la colección de libros “Biblioteca la Economía de los Trabajadores”, por parte del Programa Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires, que permiten pensar colectivamente las formas de hacer crecer y expandirse a este laboratorio real de autogestión.

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