Brasil
Nara Baré: “América Latina está luchando y resistiendo para tener un futuro y una vida justa”

Nara Baré es la primera mujer al frente de la Coordinación de las Organizaciones Indígenas del Amazonas Brasileño. Como integrante de una delegación de líderes indígenas, cruzó el océano para denunciar cómo las politicas de Bolsonaro, a punto de cumplir un año al frente del gobierno, afectan a las vidas de los pueblos originarios y sus territorios.  

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Nara Baré es la primera mujer elegida para la Coordinación General del COIAB. Álvaro Minguito
29 dic 2019 07:00

El próximo miércoles, uno de enero, se cumplirá un año desde que Jair Bolsonaro asumiera la presidencia de Brasil. Solo doce meses que parecieran una década. Hace unas semanas Nara Baré estaba en Europa haciendo campaña con una delegación de líderes indígenas que atravesó el océano para alertar de las violencias ejercidas contra sus pueblos y hacia sus territorios por parte del gobierno brasileño.

Líder de la Coordinación de las Organizaciones Indígenas del Amazonas Brasileño (COIAB), la mayor organización indígena de Brasil, Baré hablaba con seguridad y calma sobre lo que ha supuesto la llegada de Bolsonaro al gobierno y las urgencias a las que los pueblos indígenas, en el punto de mira del presidente, deben enfrentar. Una agenda que no es ajena a Europa, que mediante la importación y el acuerdo comercial con Mercosur acaba avalando políticas que destruyen los modos de vida y territorios de estas poblaciones.

¿Qué supuso la llegada al poder de Jair Bolsonaro para los pueblos indígenas?
Ya durante el periodo de campaña el entonces candidato Jair Bolsonaro, prometió que no demarcaría un solo centímetro de tierra de los pueblos indígenas. Desde el momento en el que asumió la presidencia, el pasado primero de enero, tomó una medida que consistía en traspasar el proceso de demarcación de las tierras indígenas de la FUNAI (Fundación Nacional del Indio) al ministerio de agricultura, trasladando también la responsabilidad de la FUNAI del Ministerio de Justicia al de Damares Alves, que es la ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos.

Como movimiento indígena hicimos una presión muy grande y conseguimos — también gracias al apoyo de otros movimientos sociales, de los ecologistas, de la sociedad civil— que esa decisión se revirtiera. También se ayudó mucho desde dentro del propio Congreso Nacional, donde, a pesar de todo, tenemos una diputada general electa, Joênia Wapichana, la primera indígena en el parlamento, y también contamos con el apoyo de otros diputados federales para que la iniciativa no progresara dentro del congreso.

La paz ambiental, los derechos humanos, y el derecho de los pueblos indígenas nunca estuvieron tan amenazados
Logramos entonces el regreso del proceso de demarcación a la FUNAI, pero eso no impidió que, a través de un discurso de odio, un discurso fascista, un discurso discriminatorio con los pueblos indígenas y comunidades locales, avanzase la criminalización dentro de nuestros territorios. La destrucción mediante la deforestación de nuestros territorios. El discurso del presidente fomentó la expansión de las sociedades de inversión, del agro negocio, de los madereros ilegales y garimpeiros [buscadores de minerales de valor] en la Amazonía. 

Eso fue lo que causó el asesinato de nuestro líder guardián Paolo Paulino Guajajara en el estado de Maranhao. Entonces el gobierno Bolsonaro tiene una política que fomenta el avance de grandes emprendimientos en la región. En el marco de sus planes los pueblos indígenas son el enemigo número uno. Él no es nuestro enemigo, es el que nos coloca como sus enemigos: la paz ambiental, los derechos humanos, y el derecho de los pueblos indígenas nunca estuvieron tan amenazados. Hoy está institucionalizado el genocidio de los pueblos indígenas en Brasil.

¿Cómo se están organizando frente a este genocidio?
Después de las elecciones sabíamos que no iba a ser fácil. Nunca fue fácil para nosotros, tampoco con los gobierno anteriores, pero nunca tuvimos un gobierno fascista, autoritario como este. Desde enero, desde la primera amenaza que tuvimos de retroceso de derechos, lanzamos nuestra campaña “sangre indígena, ni una gota más. Enero rojo”. Se había aumentado absurdamente conflictos en los territorios y procesos de desmonte, tanto de la Amazonía como de otras regiones. Sabíamos que en Brasil no había posibilidad de diálogo con el Estado.

Los cauces de diálogo que había, dentro de los consejos nacionales, del propio consejo nacional de política indigenista, fueron disueltos, toda conversación del estado con la sociedad civil y con los pueblos indígenas fue desactivada. Viendo eso comenzamos a programar y organizar este viaje de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil, por el que hemos venido, pues cuando se intentó derivar el proceso de demarcación de las tierras indígenas de la FUNAI al ministerio de agricultura, a parte de llevar el debate a los medios de comunicación, hicimos una presión grande sobre la sociedad, no solo brasileña sino también en el exterior. Después de que la gente ve nuestra presencia, también a nivel internacional, gracias a esta presión, el gobierno acaba reculando.

En ese caso reculó, pero las denuncias por la actuación del gobierno contra los pueblos indígenas, contra los personas defensoras de los derechos humanos continuaron. ¿Crees que habrá impunidad para el Bolsonarismo?
También de eso se trata este viaje, de ver cómo hacer para que el estado brasileño —no solo el gobierno sino también las empresas, los parlamentarios— asuma su responsabilidad. Las personas tienen que ser responsabilizadas, los ataques a los derechos de los pueblos indígenas, la deforestación que creció absolutamente en la Amazonía por culpa del estado brasileño a través de su presidente, tienen que ser castigados, se ha de responder como un crimen contra la humanidad, como un crimen de ecocidio, porque es lo que está sucediendo.

Brasil
El gobierno de Bolsonaro conocía la intención de empresarios rurales de incendiar el Amazonas

El ejecutivo brasileño hizo caso omiso de una alerta enviada por la Fiscalía al Ministerio de Medio Ambiente tres días antes de que comenzaran los fuegos en la región amazónica.

Hoy en Brasil se está cometiendo un crimen de ecocidio. Un crimen de genocidio. Y un crimen de etnocidio. El INPE (Instituto Nacional de Investigación Territorial) hace diez años que hace el cálculo del nivel de deforestación en la Amazonia. La deforestación de este año, es la tercera mayor de una década.

Muchas personas me preguntaron si los incendios de este verano en la Amazonía fueron intencionales y criminosos. Lo son, pero no somos nosotros los responsables de los incendios, sino el propio discurso del presidente incitando el avance de todos esos emprendimientos. Dice que las personas ocupamos el territorio, pero nosotros cuidamos de nuestro territorio. Nosotros le responsabilizamos a él por esa destrucción.

Bolsonaro ganó las elecciones ya con este discurso anti indígena. Para ello contó con el voto de una parte considerable de la población: ¿Qué se siente cuando tus compatriotas votan contra tus comunidades? ¿cómo superar esa brecha?
Bolsonaro hizo una campaña fundada en mentiras. Llena de fake news e impregnando miedo en la población. Meses después muchas de las personas que votaron a Bolsonaro no están de acuerdo con algunas de sus posturas. Por ejemplo, respecto a la cuestión ambiental o los derechos de los pueblos indígenas. Otros le apoyaron por la idea de armar a la la población para así protegerse de las milicias, de los bandidos.

En el Brasil de hoy no está muy claro quién es bandido y quién no lo es. Entonces, todo ese miedo se propaga. Pero es un miedo que los pueblos indígenas no tienen. Nosotros no tememos esos enfrentamientos. Sabemos también que para nosotros, los pueblos indígenas, nunca fue fácil. En Brasil somos 35 pueblos indígenas, hablamos 74 lenguas indígenas, y hay una referencia de 114 pueblos en aislamiento voluntario. Las personas no creen que haya indígenas en aislamiento voluntario, desconocen su propia historia, su propio origen.

Y mientras, ante la centralidad de este periodo que estamos viviendo, cuando es urgente combatir el cambio climático, Bolsonaro plantea que la Amazonía no es un bien de la humanidad, dice que pertenece a Brasil, que es un país con su soberanía nacional e independiente. No toma en consideración que la Amazonía no es del estado de Brasil, pertenece a la humanidad. Es nuestra casa, es el territorio donde vivimos, donde está nuestra historia. Una historia cultural, ancestral, una historia de vida.

Ninguna soberanía nacional está por encima de los derechos fundamentales, del derecho a vivir de la forma en la que queramos, donde queramos

Ninguna soberanía nacional está por encima de los derechos fundamentales, del derecho a vivir de la forma en la que queramos, donde queramos. Habla mucho de soberanía nacional nuestro presidente, pero no es soberano, no manda en todo, nosotros el pueblo tenemos una responsabilidad muy grande. La gente siente eso en muchos países en América Latina, dicen que nos estamos rebelando. No nos estamos rebelando, América Latina está luchando y resistiendo para tener un futuro y una vida justa. 

Nos dicen: tenéis cuatro años para enfrentar a Bolsonaro, pero nosotros ya llevamos cinco siglos de resistencia. Bolsonaro se quedará estos cuatro años y pasará. Nosotros no pasaremos, nosotros seguiremos ahí.

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Nara Baré durante la entrevista para El Salto. Álvaro Minguito


El extractivismo no es solo un problema del neoliberalismo, también gobiernos de izquierda han visto en el extractivismo una forma de afianzar su crecimiento económico. ¿Cuál fue el rol del PT en este sentido?, ¿qué alternativa a este modelo proponen?
Para empezar, como pueblo indígena nosotros no tenemos un partido político. Los partidos políticos dividen a las personas. Respecto a lo que está pasando en Brasil, América Latina, en el mundo, hablamos de neoliberalismo, de izquierda, de derecha, pero lo que está imperando es el capitalismo. No son los partidos políticos. Frente a esto nosotros proponemos otros modelos.

Según la ONU los pueblos indígenas somos el 5% de la población mundial, pero este pequeño porcentaje de la población mundial es responsable de preservar la biodiversidad del 32% del mundo. Somos pocos, necesitamos ser más porque esa responsabilidad no puede ser solo nuestra. Ha de ser de todos, de los parlamentarios, independientemente de si son de un partido de derechas o izquierdas, de la sociedad civil y de las empresas, las empresas deben tener su responsabilidad social corporativa, necesitan tener leyes específicas por las que puedan ser sancionadas, que se les exija transparencia.

Ahora venimos a Europa y contactamos con aliados. Son muchos los partidos verdes que están a favor de la causa ambiental, de la causa de los derechos humanos. Pero esto no puede solo depender de partidos, las empresas siempre tuvieron esa resistencia, van en la retaguardia, a la defensiva, diciendo que respetan los derechos humanos, que respetan todos los tratados internacionales, los acuerdos medioambientales.

¿Cómo confiar en las empresas si la demanda por parte de Europa hacia Brasil creció y con eso aumentó la deforestación, aumentaron los asesinatos? El acuerdo de Mercosur con Europa es un acuerdo genocida para la gente, un acuerdo que el gobierno Bolsonaro festejó. Y ¿cuáles son las consecuencias de esto?, los incendios en la Amazonía. A nosotros nos afecta personalmente. Cada territorio tiene su modo tradicional de vida —como los pueblos indígenas tienen hoy— pero que fue cambiando y demandado cada vez más consumo, y el consumo hace que si en Europa no se tiene dónde expandirse se buscan otros continentes para poder seguir cubriendo esa demanda.

Brasil
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Pero esas grandes commodities, no son para nosotros, no son para alimentar a las personas. Quien garantiza la alimentación saludable de la población es la agricultura familiar. Entonces, ¿para qué sirven? Para obtener un lucro destruyendo a mucha gente, mucha vida para que pocas personas se enriquezcan. El capitalismo no puede ser mejor que nuestra manera de vivir. Ustedes tienen que entender que este desarrollo no sirve, tienen que aprender de nuestro desarrollo, un desarrollo con todos, con la tierra, con las personas, con la sociedad. Es lo que la gente necesita para garantizar que las futuras generaciones también puedan vivir.

Pasa con el cambio climático: no tenemos tiempo para metas para el 2030, porque la catástrofe, la destrucción, está sucediendo ahora, y si no pensamos, no reflexionamos no vamos a llegar a 2025, mucho menos al 2030. La gente tiene que hacer algo ya, ahora, salir del discurso y hacer algo concreto ahora.

Hay de hecho cierta admiración en Europa hacia los pueblos indígenas por su capacidad para organizarse, aquí donde a ratos reina la sensación de impotencia derivada de tener mucha información pero escasa posibilidad de influir sobre las realidades.
Ante todo, la información es importante. Quien tiene información tiene el poder. Si los parlamentarios, la sociedad civil, las empresas, no tuviesen la información quizás podrían justificarse diciendo que no sabían, pero ahora somos todos conscientes de lo que pasa. El respeto por los demás tiene que prevalecer. El acuerdo con Mercosur no puede ser ratificado: es el objetivo número 1.

Hay gente que dice que el tratado con Mercosur tiene salvaguardias para los derechos humanos, cuestiones ambientales. Los acuerdos siempre han tenido garantías para los derechos humanos, pero no tiene específicamente para garantizar la protección de los territorios indígenas, blindando la demarcación de los territorios indígenas. No está el respeto al consentimiento libre previo e informado de la convención 169 de la OIT, respetando los protocolos de consulta de cada pueblo, y si los tuviese, Brasil hoy no es un país que pueda garantizar que se cumplan, el aumento de la deforestación prueba esta incapacidad.

No creemos en los acuerdos: todo queda en el papel. Papeles que se firman, pero que los líderes de los Estados no respetan. 
No creemos en los acuerdos: todo queda en el papel. Papeles que se firman, pero que los líderes de los Estados no respetan. Para nosotras, que tenemos una tradicionalidad oral, la palabra de la persona vale mucho más que el papel. Tuvimos que aprender portugués, que no es nuestra lengua, fue impuesta por el imperio colonial, pero así podíamos dialogar, pues necesitamos conversar.

Nuestra delegación está compuesta por once líderes. Jóvenes, mujeres, líderes tradicionales. Traemos también eso como mensaje: necesitamos estar juntos, jóvenes, mujeres, líderes tradicionales. Creemos que hemos ido plantando semillas por todos los sectores por donde pasamos: los parlamentarios, la sociedad civil, las empresas... y que ustedes, como sociedad civil, tienen un papel muy importante para fiscalizarlos, porque ¿quienes los colocan en el poder?. Piensan que el poder es de ellos. Pero somos el pueblo, somos nosotros quienes tenemos esa fuerza y no ellos.

Esperamos que esa semillita que se plantó, crezca entre vosotros y tenga frutos. Vemos avances. Por cada manifestación que vimos en Brasil, ustedes también se manifestaron en Europa. Esa solidaridad nos da fuerza, sabemos que no estamos solos. No podemos dejar el poder en las manos de pocos que no hacen nada para todos nosotros, solo destruyen. Se trata de una revolución, bueno no, no lo vemos como una revolución, es un modo de vida que la gente necesita empezar a tener, a conversar con otros. Nosotras hacemos eso, conversar, tocar, eso se hace en Brasil. En eso los pueblos indígenas no somos muy diferentes.

Los estados no conversan con la sociedad: aquí una parte importante de la población no está conforme con el acuerdo con Mercosur. ¿Por qué los parlamentarios están firmando un acuerdo con el que la población, que fue quienes los colocó ahí, no está de acuerdo?

Has hablado del rol de las mujeres, eres la primera mujer al frente de tu organización. ¿Qué supone que haya mujeres encabezando estos movimientos?

La coordinadora ya tiene 30 años como organización con personería jurídica, en aquel momento las mujeres ya participaban, pero no era una participación a la que se diera visibilidad. Yo he sido la primera mujer electa en una organización mixta, una organización de toda la Amazonía brasileña que implica nueve estados. En nuestro proceso de elección todos votan, hombres, mujeres, jóvenes, la mayoría de los que votan son hombres.

Creo que hay una maduración del propio movimiento indígena, de nuestros líderes, de ver la importancia de la participación de la mujer. No fue fácil, no fue un regalo, nosotras pasamos por un riesgo también de aceptación pues las mujeres, creo que independientemente de ser indígenas o no, tienen que estar pendientes de muchas cosas: cuidan del hijo, cuidan de la casa, cuidan del marido, trabajan, cuidan de sus organizaciones. Al ir habiendo más mujeres, mostramos que es posible conciliar nuestra vida particular con nuestra vida de trabajo y nuestra vida en el movimiento indígena.

Brasil
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Mujeres de más de 130 pueblos originarios se unieron en Brasilia en la Primera Marcha de Mujeres Indígenas. Alertan sobre la amenaza para el medio ambiente que suponen las políticas desarrollistas del gobierno de Bolsonaro.

Estamos en el movimiento indígena por una causa nuestra de resistencia y una causa de existencia. En Brasil realizamos la primera marcha de mujeres indígenas, por el territorio, por nuestro cuerpo, nuestro espíritu y no fueron sólo mujeres, también fueron hombres, pero nosotras fuimos con nuestros hijos, con nuestros adornos. Teníamos que mostrar a la sociedad que la participación de la mujer es muy importante, que “Ele Não” vence, que él (Bolsonaro) no podrá con nuestra existencia en cuanto indígenas, negros, homosexuales, en cuanto a lo que escojamos para nuestra vida.

El tema del territorio porta mucho de la esencia de los pueblos indígenas, porque ellos nos separan, la sociedad vive como en compartimentos, nosotros no vivimos en compartimentos, vivimos en comunidad. Es un círculo, siempre está en movimiento.

Y en lo concreto, ¿qué podemos hacer desde aquí?
Es importante que la sociedad empiece a demandar a sus gobiernos leyes específicas que sancionen y exijan una mayor transparencia en cuanto a la procedencia de los productos, no solo de Brasil. Exigir garantías de que no vienen de territorios indígenas, de conflictos, que se respeten los derechos de las mujeres y los niños que son los primeros afectados. También es necesario explicar a muchas personas que no creen que Bolsonaro es capaz de hacer lo que está haciendo, que él no tiene medida, ni diplomacia: no se comporta como un jefe de estado. Y lo que hace tiene consecuencias muy graves, las estamos viviendo. Como Europa también es responsable de esas problemáticas que está sufriendo Brasil hemos venido aquí a deciros que vosotros también tenéis que hacer algo.

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