Economía
Astrid Agenjo: “Nuestra vida se construye en términos de coste y beneficio”

Acaba de presentar la tesis Economía Política Feminista. Genealogía, enfoque sistémico de la Sostenibilidad de la Vida y aproximación a la economía mundial, una tesis de las que hacen pensar. Conversamos con la economista Astrid Agenjo en el VI Congreso de Economía Feminista en la Universidad Politécnica de Valencia.

Astrid Agenjo Entrevista
Astrid Agenjo en la entrevista tras el Congreso de Economía Feminista en Valencia. Soraya González Guerrero

Los días 5, 6 y 7 de septiembre tuvo lugar el VI Congreso de Economía Feminista en la Universidad Politécnica de Valencia. Un espacio ya consagrado que atrae a cientos de activistas feministas y economistas con enfoques críticos dentro de la academia. El programa era de vértigo. Presupuestos participativos o fiscalidad con enfoque de género, proyectos comunitarios para redistribuir los trabajos de cuidados, los derechos económicos de las mujeres rurales o cómo se construye la subjetividad de la mujer cuidadora eran temas que podías escuchar en una misma jornada si picoteabas de los cinco ejes del congreso.

Tras la asamblea final, conversamos con Astrid Agenjo Calderón, joven aunque ya una veterana en este congreso. Ha coordinado el eje Desmontando el Neoliberalismo y acaba de presentar la tesis Economía Política Feminista. Genealogía, enfoque sistémico de la Sostenibilidad de la Vida y aproximación a la economía mundial. Una tesis “de las que hacen pensar”, le dijeron en el tribunal cuando le dieron el cum laude.

En este Congreso se han echado de menos temas más macroeconómicos como la finanzas o los tratados comerciales, ¿por qué este vacío de la economía crítica feminista?
He notado esta ausencia en las últimas ediciones. Estos temas tradicionalmente han estado más masculinizados, se consideran ‘más duros’, y las feministas queremos huir de esa visión más economicista centrada en los mercados. La Economía Feminista (EF) desde sus inicios ha prestado mucha atención a la economía invisibilizada y lo que ocurría más allá del mercado, empezó a pensar en los trabajos no remunerados, y hay un gran foco puesto ahí: todo el tema de los cuidados y de la sostenibilidad de la vida. Pero me da la sensación que se va a remolque respecto a otras corrientes de la economía crítica en ciertos temas macro. Y no nos lo podemos permitir.

Por ejemplo, hay que seguir profundizando en la relación entre los regímenes macroeconómicos, los regímenes de bienestar y la organización social del cuidado; la evaluación y análisis feminista de las políticas monetarias y cambiarias —la fiscalidad sí se ha abordado en bastante profundidad en el Congreso—; las estructuras de género de las crisis y la reestructuración global; la transformación global del trabajo de las mujeres ante la cuarta revolución industrial; la financiarización; la nueva oleada de tratados de comercio e inversión; las bioeconomías globales; la seguridad internacional y el sesgo de género de la ideología y prácticas militares; los desafíos ante la crisis ecológica, etc. Creo que tenemos un concepto central que nos sirve de plataforma para estudiar todos estos temas: el conflicto capital-vida y sus diferentes dimensiones globales. Y se trataría no solo de abordar el impacto de género de estas dinámicas, sino también de desvelar las lógicas de dominio, explotación y expolio que están presentes en ellas.

En la tesis que acabas de presentar propones un enfoque sistémico de la sostenibilidad de la vida. Planteas analizar la economía desde tres planos: el macro —relación entre sistemas ecológico, económico y social—, el meso —relaciones entre mercado-Estado-redes sociales comunitarias-hogares— y el micro —subjetividades y relaciones individuales—. ¿Cómo explicarías desde ese enfoque la financiarización de la economía?
Como decía, la financiarización de la economía se puede estudiar como un aspecto concreto del conflicto capital-vida, con impactos a nivel macro —régimen de acumulación y crisis recurrentes—, a nivel meso —empresas, estados y hogares progresivamente financiarizados y endeudados— y a nivel micro —la financiarización de la vida cotidiana y las subjetividades—.

En el Norte global los hogares de clases medias y bajas se han ido incorporando a los mercados financieros mediante la inversión en fondos de pensiones, los créditos al consumo, las hipotecas y otros productos financieros de masas. En los hogares del Sur global, instrumentos financieros como los microcréditos juegan un papel cada vez más importante. En todos ellos, el endeudamiento actúa como un mecanismo de dominación y control.

La formación universitaria, las relaciones afectivas, las actividades artísticas, la preocupación por el medio ambiente o la propia economía del bien común se evalúan desde una lógica contable

Pero iríamos más allá: ¿cómo se construye nuestra subjetividad financiarizada? Observamos que se van generalizando unos determinados esquemas mentales y discursos de asunción de riesgos y autogestión propios de una determinada concepción de las finanzas, y cada vez más ámbitos de la vida se evalúan desde este punto de vista: la formación universitaria, las relaciones afectivas, las actividades artísticas, la preocupación por el medio ambiente o la propia economía del bien común se evalúan desde una lógica contable.

Nuestra vida se construye así en términos de coste beneficio, convirtiéndonos en empresarias de nosotras mismas y pasando a formar parte de colectivos sociales deudores y aconflictivos con poca capacidad de construir fuerza social contrahegemónica.

Esa mirada sistémica complejiza el capitalismo, ¿no podría generar cierto inmovilismo? ¿Por dónde empezamos a desmontarlo?
Claro, claro, esto es un enfoque más analítico, no tanto un enfoque político. Se trata de darle una vuelta de tuerca a cómo desde el feminismo podemos seguir hincándole el diente al análisis del sistema económico. Esta mirada te permite abordar de manera crítica la realidad —el conflicto capital-vida— para, desde ahí, hacer propuestas. Y propuestas hay a muchos niveles y muy diferentes como hemos visto en este congreso.

Creo que una idea de partida sería precisamente desvelar los mecanismos que nos convierten en cómplices de esta lógica capitalista, tratando de encontrar colectivamente los huecos en los que poder elaborar estrategias de desobediencia, resistencia y lucha feministas en nuestro modo de consumo, de movilidad, en las relaciones laborales, etc.

La Economía Feminista, y en concreto la llamada economía de los cuidados, ha permeado en muchas agendas: en el activismo feminista con el 8M y la huelga de cuidados; también en la economía social y solidaria, o en políticas municipalistas para democratizar los cuidados, de las que se han hablado en este Congreso... ¿Esta irrupción es algo propio del contexto del estado español?
En una entrevista que le hice a Lourdes Benería, ella señalaba que precisamente la Economía Feminista aquí, a raíz de la crisis, había tenido un recorrido muy particular, que no estaba pasando en el mundo anglosajón. Yo creo que el contexto de movilizaciones y descontento social posterior al estallido de la crisis —15M— dio pie a discursos que daban nueva luz sobre la precarización de la vida. De repente se daban explicaciones a la crisis en las plazas, había comisiones específicas donde esto se podía hablar. Desde la Economía Feminista, la crisis se explicó de forma novedosa y mucho más cercana a las personas y a su vida cotidiana, alcanzando una importante visibilidad y favoreciendo que se politizara más allá de la academia.

El congreso es un buen reflejo de ello, donde a partir del estallido de la crisis ya no solo se presentan resultados de investigaciones académicas, sino también propuestas de debate y acción política procedentes de los movimientos sociales y feministas, de la economía social y solidaria o de las propias instituciones públicas.

¿Algún otro rasgo característico esta Economía Feminista dentro del contexto español?
Por ejemplo el enfoque de la sostenibilidad de la vida, aunque bebe de los aprendizajes de la EF anglosajona, es un enfoque muy nuestro, del contexto hispano-hablante, y hay que ponerlo en valor. Al igual que el concepto central del que hablamos en el Congreso, el conflicto capital vida.

Investigar en Economía Feminista te penaliza de algún modo, ya que es difícil publicar análisis feministas en las revistas de economía de alto impacto

Y dentro de la academia, ¿qué lugar tiene la economía crítica feminista? 
No tiene ningún tipo de incidencia sobre la economía convencional, sino que van caminando en paralelo. Yo puedo hablar de lo que conozco en mi universidad o en mi grupo de investigación, donde sí hay cada vez más gente haciendo tesis sobre Economía Feminista vinculando además con ecofeminismo, agroecología. Aunque investigar en Economía Feminista te penaliza de algún modo, ya que es difícil publicar análisis feministas en las revistas de economía de alto impacto. Y en cuanto a la docencia a nivel general, salvo voluntades concretas del profesorado, tampoco se favorece su inclusión en los planes de estudio. Pero vamos, ni Economía Feminista ni ninguna corriente heterodoxa. 

Pero te acabas de doctorar con una tesis situada en lo que llamas Economía Política Feminista rupturista, con vocación inclusiva y heterodoxa en sentido fuerte. ¿Qué recorrido académico crees que puedes tener?
La universidad es un sitio donde hay que dar la pelea, porque es un sitio de adoctrinamiento brutal de hordas de personas jóvenes. Yo tengo mucha vocación docente, soy hija de maestro de pueblo, quizá también me viene de ahí. Y me motiva mucho la Economía Feminista como enfoque que está cuestionando el discurso económico convencional, que pone en cuestión el funcionamiento del modelo económico y que está planteando horizontes de emancipación.

En cuanto a la investigación, igual aún estoy en esa nube de ingenuidad porque creo que voy a poder publicar algunas de las cosas que pienso. Ya me daré de bruces y tendré que hacer lo que hace mucha gente, seguir con esa parte de activismo académico pero también hacer análisis mucho más mainstream para seguir haciendo carrera. No me apetece desgastarme en ese nivel. Donde sí quiero apostar fuerte es en la docencia y en compartir esto de la Economía Feminista donde haya que hacerlo, dentro y fuera de la academia.

Este congreso también es una rara avis, que mezcla el plano académico y el activista y que se hace eco de las luchas feministas fuera de la academia. Se ve en el perfil de las participantes, en el tipo de debates... En la edición de Carmona (2013), fue el 15M. En Vic (2017) fue el estallido municipalista y las feministas de los ayuntamientos del cambio, ¿en Valencia qué está presente?
En Carmona fue el auge de las crisis y post15M. Cuando estábamos en Vic, estaba el rescate a Grecia y eso nos interpelaba directamente, ‘es que las siguientes somos nosotras’. Y podríamos decir que en Valencia ha sido el 8M, aunque tampoco tanto. La preocupación más presente es la ecológica y quizá el auge del fascismo. Pero no he visto una única influencia. Los anteriores congresos fueron más efervescentes, en este he percibido una asamblea mucho más sosegada con puntos de consenso ya consolidados.

¿Qué principales retos tiene la Economía Feminista hoy?
Yo identificaría distintos flancos. En la universidad hay que apostar porque en los programas de Economía entren otros enfoques ya no te digo solo feministas sino heterodoxos en sentido amplio. La gente que está estudiando Economía se está empapando de un solo tipo de enfoque que además está muy alejado de la realidad y eso conduce a la desafección.

En el terreno de lo político, como se ha dicho en la asamblea del Congreso, hacer un programa económico, hacer una lectura política de cada una de las políticas estructurales.

Y como corriente de pensamiento creo que es importante dialogar con otras corrientes pero también con otras miradas, hay mucho interés en los análisis interseccionales, en mirar las relaciones de poder entre los propios sujetos, pero ostras, hay que mirar también dentro de la propia EF porque seguimos hablando de las mujeres económicas blancas, de clase media, urbanas. Cuando hablamos de mercado de trabajo, de política se nos olvida nuestro sesgo urbanita y eurocéntrico. Hay que mirar también a los pueblos y aprender de los sures.

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Sam
16/9/2019 12:12

Hola! Por sumar a lo de las ausencias que decís en la primera pregunta: en relación a tratados de libre comercio desde la economía feminista es fundamental este texto: "Aprendizajes de las resistencias feministas latinoamericanas a los Tratados de Comercio e Inversión" de Amaia Pérez Orozco con Omal. Han estado bastante tiempo currando el tema desde la EF más movimentística. Está descargable aquí: http://omal.info/spip.php?article8342

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