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Lituania en tiempos de guerra

Mientras el gobierno lituano da la bienvenida a una presencia militar alemana «permanente» en el suelo nacional, sigue erosionando el sentimiento de soberanía que muchos lituanos ansían.
Jens Stoltenberg y Gitanas Nauseda (Lituania)
Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, y Gitanas Nauseda, presidente de Lituania. Foto OTAN.
10 jun 2024 05:02

El pasado domingo 26 de mayo el presidente lituano, Gitanas Nausėda, fue reelegido para un segundo mandato de cinco años al imponerse por una contundente mayoría a la actual primera ministra, Ingrida Šimonytė en la segunda vuelta de los comicios. Nausėda, un político centrista que se presentó en una candidatura independiente, y Šimonytė, que representa a la conservadora Unión de la Patria-Demócrata Cristianos de Lituania, se habían enfrentado previamente en la contienda presidencial de 2019, que arrojó resultados similares a esta. El resultado electoral refleja la profunda inercia reinante en el establishment político del país, que ha asumido una línea dura contra Rusia, mientras no se preocupa por atender una amplia gama de problemas sociales y económicos apremiantes en el ámbito doméstico. ¿Cuánto puede prolongarse este planteamiento? ¿A qué oposición podría enfrentarse?

La militarización en la que se haya inmersa Lituania va a continuar, encabezada por el ministro de Defensa Laurynas Kasčiūnas, a quien Šimonytė nombró y Nausėda confirmó el pasado mes de marzo. Antiguo jefe de una organización juvenil neonazi, Kasčiūnas ha acelerado el ruido de sables del gobierno lituano contra Rusia, impulsando la creación de una fuerza armada civil, el servicio militar obligatorio y la retirada de los tratados que prohíben las municiones de racimo. También ha permitido que un batallón del ejército de tierra estadounidense se instale en Lituania indefinidamente y ha visitado Washington para presentar a la industria de defensa su «vasto plan de adquisiciones», que incluye lanzacohetes, misiles aire-aire, cuatro helicópteros Blackhawk, quinientos vehículos tácticos y sistemas aéreos no tripulados.

Lituania también ha anunciado que adquirirá tanques alemanes Leopard y que gastará 200 millones de euros anuales en una nueva división del ejército

El gobierno de Nausėda también ha inaugurado una nueva era de cooperación militar con Alemania tras el Zeitenwende, esto es, el giro radical de la política exterior y de defensa alemana decidido por Olaf Scholz en febrero de 2022. Hace apenas unas semanas, el primer contingente de los 4.800 soldados y 200 trabajadores civiles alemanes previstos se estacionaron en suelo lituano con el objetivo de estar «listos para el combate» en 2027. Estos soldados y civiles se añaden a los 1.100 soldados alemanes, que ya se encuentran allí en el marco de la misión de la OTAN Enhanced Forward Presence y de la operación alemana Vigilant Owl, que entrena a las fuerzas lituanas en la guerra electromagnética.

El mes pasado se desplegaron 12.000 soldados de la OTAN para participar en operaciones con fuego real contempladas como parte de la Operación Steadfast Defender, que la OTAN describe como el «mayor ejercicio militar efectuado por la Alianza desde la Guerra Fría». Lituania también ha anunciado que adquirirá tanques alemanes Leopard y que gastará 200 millones de euros anuales en una nueva división del ejército, al tiempo que abrirá una fábrica de Rheinmetall, la empresa armamentística alemana, para producir proyectiles de artillería estándar de la OTAN. El presupuesto nacional de defensa ha crecido más del 16 por 100 anualmente desde 2020 y una ley aprobada en abril pretende ampliar la industria armamentística nacional. El Ministerio de Economía ha propuesto subir los impuestos y prorrogar la vigencia de una tasa bancaria para aumentar el gasto militar.

El belicismo agresivo de Lituania ha sido demasiado para algunos de sus aliados occidentales. En 2022 la Unión Europea obligó al gobierno lituano a levantar las sanciones impuestas al tránsito ferroviario ruso por su territorio. En la cumbre de la OTAN de 2023 celebrada en Vilna, el país anfitrión fue el único que exigió la adhesión inmediata de Ucrania a la organización. Y este año, cuando el ministro lituano de Asuntos Exteriores, Gabrielius Landsbergis, exigió una «respuesta firme» tras la publicación de informaciones sobre la intención de Rusia de redibujar las fronteras en el mar Báltico, fue reprendido por el primer ministro finlandés, Petteri Orpo, quien señaló que «en Finlandia siempre investigamos primero los hechos con todo detalle y luego sacamos conclusiones».

Landsbergis, que preside la Unión de la Patria-Demócrata Cristianos de Lituania, actualmente la mayor agrupación parlamentaria del país, es uno de los más rabiosos guerreros de la Nueva Guerra Fría activos en Lituania. Ha denunciado a Hungría por bloquear la ayuda militar a Ucrania y ha arremetido contra la política estadounidense de no permitir el lanzamiento de misiles de largo alcance contra el territorio ruso. Bajo su mandato, Taiwán abrió su primera embajada oficial en la Unión Europea, creando un escándalo diplomático y tensando las relaciones entre Pekín y el bloque comercial europeo.

Mientras Lituania se prepara para la guerra, el frente interno se presenta sombrío. Tras tres trimestres consecutivos de descenso del PIB, el país entró en recesión técnica en otoño. El crecimiento económico se cuenta entre los más bajos de la Unión Europea, mientras que la inflación lo hace entre las más altas, habiendo registrado una tasa superior al 24 por 100 en septiembre, aunque esta cifra se ha ralentizado durante el presente año. La inflación de los precios de los alimentos, agravada en parte por la sequía, superó el 30 por 100 durante ocho meses consecutivos entre 2022 y 2023. La disminución secular de la población del país se invirtió recientemente, pero los jóvenes con estudios siguen emigrando en gran número en busca de salarios más elevados. Un sector tecnológico otrora prometedor empieza ahora a contraerse. Lituania también ha sido uno de los epicentros de la crisis migratoria europea, después de que las sanciones impuestas por la UE contra Bielorrusia en 2021 propiciaran la decisión de Aleksandr Lukashenko de enviar migrantes a la boscosa frontera de su país con Lituania, que respondió construyendo 500 kilómetros de una nueva valla fronteriza y acometiendo «devoluciones en caliente» ilegales. La población alberga sentimientos encontrados hacia los inmigrantes. En algunas ciudades fronterizas, la población local ha colgado carteles exigiendo su expulsión; sin embargo, el país también ha abierto sus puertas a más de 65.000 refugiados ucranianos desde el comienzo de la guerra, lo que ha provocado acusaciones de favoritismo.

Las presiones económicas, junto con la normativa de la Unión Europea, han movilizado entretanto a los agricultores lituanos, que, como sus homólogos de toda Europa, han organizado una serie de protestas masivas, que el año pasado se concretaron en el vertido de estiércol cerca del Parlamento para protestar por los bajos precios de la leche. En enero organizaron una manifestación de dos días en Vilna, bloqueando las calles con sus tractores y exigiendo la introducción de cambios en las normas de gestión de la tierra de la Unión Europea, así como en el exorbitante impuesto especial aprobado por el gobierno sobre el gas licuado de petróleo (que posteriormente fue eliminado). El malestar no se ha limitado al sector agrícola. El sindicato que representa a la mayoría de los profesores de Lituania inició dos huelgas a principios de este curso escolar, mientras que los trabajadores del transporte público realizaron un paro laboral durante la mayor parte de diciembre de 2022.

La otra novedad es el ascenso de la Alianza Nacional, un nuevo partido de derecha fundado en 2020, que se opone a la emigración y a la integración europea

En general, el gobierno no ha respondido al descontento popular, pero dos acontecimientos recientes han alterado un panorama político por lo demás previsible. En 2021 se formó una organización conocida como Movimiento Familia tras la celebración de una serie de marchas muy concurridas contra el rígido sistema de pasaportes ligado a la vacunación vigente en Lituania. Movimiento Familia se opone a la legislación pro LGBT, incluido el matrimonio homosexual y las uniones civiles, y a otras supuestas amenazas a la familia nuclear. También está en desacuerdo con la opinión de las élites sobre Ucrania. En febrero formó un partido político uniendo fuerzas con la Unión Cristiana, una escisión procedente de la Unión de la Patria-Demócrata Cristianos de Lituania acaecida en 2020. Ignas Vėgėlė, antiguo presidente del Colegio de Abogados lituano y estrechamente vinculado al Movimiento Familia, protagonizó una vigorosa campaña presidencial independiente presentando un programa articulado en torno a un euroescepticismo moderado, la demanda de una mayor inversión en educación y sanidad y la propuesta de la desescalada del conflicto militar (aunque dejó claro que seguía apoyando las sanciones a Rusia). Hasta el pasado 21 de abril Vėgėlė ocupó el segundo en las encuestas, aunque finalmente no logró pasar a la segunda vuelta.

La otra novedad es el ascenso de la Alianza Nacional, un nuevo partido de derecha fundado en 2020, que se opone a la emigración y a la integración europea. Está dirigido por Vytautas Sinica, de 34 años, antiguo líder del movimiento juvenil conservador cristiano Pro Patria y doctor en teoría política. Sinica describe el grupo como un «partido intelectual», que aspira a promover el «conservadurismo nacional», mezclando una política cultural reaccionaria con un atlantismo de línea dura. Su lema, «¡Levanta la cabeza, lituano!», está tomado del título de un panfleto antisemita publicado en 1933 por Jonas Noreika, un general lituano famoso por firmar la muerte de miles de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. En diversas entrevistas, Sinica ha aparecido junto a una copia de las memorias de Kazys Škirpa, fundador del Frente Activista Lituano, organización colaboracionista con los nazis. Tras obtener tres representantes en el ayuntamiento de Vilna el año pasado, el partido se dispone ahora a participar en las elecciones parlamentarias y europeas, que pondrán a prueba su popularidad fuera de la capital.

Aunque la izquierda lituana ha crecido durante los últimos años, sigue siendo una presencia marginal en la escena nacional. En 2022 se formó un nuevo movimiento llamado Alianza de la Izquierda a partir de un think tank con sede en Vilna. El mes pasado lanzó un partido político llamado Juntos, cuyo manifiesto aboga por la realización de inversiones a gran escala en servicios públicos y la implementación de programas contra la pobreza. En cuanto a las cuestiones relacionadas con la guerra y la militarización, sin embargo, la Alianza de la Izquierda no presenta grandes diferencias con la Alianza Nacional, dado que la primera ha rechazado los llamamientos a un alto el fuego en Ucrania, argumentando que «la consolidación de la paz sólo es posible cuando se detiene y castiga plenamente al agresor autocrático que invade el país soberano».

A falta de una voz antibelicista seria en la izquierda, elementos del Movimiento Familia han llenado el vacío, formando un grupo llamado Coalición por la Paz

Asimismo, Juntos apoya igualmente «la preparación integral del ejército lituano para la defensa nacional» y aboga por «la preparación de la defensa civil». A falta de una voz antibelicista seria en la izquierda, elementos del Movimiento Familia han llenado el vacío, formando un grupo llamado Coalición por la Paz, que se presenta a las próximas elecciones europeas. Dirigida por un antiguo general e integrada por miembros de los Demócrata Cristianos y de un partido regional que representa a los lituanos occidentales, su programa se centra en su oposición al envío de soldados para que combatan en Ucrania y a la apertura de un frente en Lituania. Uno de sus líderes ha instado al país a «empezar a hablar el lenguaje de la diplomacia».

Con independencia de su ubicación el espectro político, los políticos lituanos no han ofrecido soluciones para hacer frente a la titubeante situación de la economía del país, al descontento popular y a la crisis migratoria. Los socialdemócratas y el Partido Laborista y Campesino promueven el paquete estándar de políticas neoliberales de centro-derecha dentro y fuera del país. Lo mismo ocurre con el Partido de la Libertad, fundado en 2019, aunque esta fuerza política ha intentado atraer a votantes más jóvenes con su programa pro LGBT y su tosca marca rosa. La Unión de Agricultores y Verdes, que representa al sector agrícola, tiene un programa económico más progresista, dada su dependencia de los subsidios gubernamentales, pero es más conservadora en cuestiones sociales. El desencanto con estas opciones electorales es generalizado. Una encuesta realizada el año pasado reveló que tan solo el 20 por 100 de los encuestados tenía una opinión positiva del Parlamento, mientras que únicamente el 30 por 100 la tenía del gobierno. Se espera que la participación en las próximas elecciones al Parlamento Europeo sea extremadamente baja, hecho que puede beneficiar a los partidos de reciente creación.

Sigue sin estar claro si podrá surgir una izquierda popular que canalice el descontento que hasta ahora ha captado el Movimiento Familia. ¿Protestarán las generaciones más jóvenes contra la introducción del servicio militar obligatorio y el aumento de la belicosidad en las fronteras de Lituania? Nuevas revistas como Lūžis (Fractura) y Šauksmas (Grito) expresan una perspectiva de izquierda más opositora que germina en las universidades: teóricamente sofisticada, firmemente anticapitalista y crítica con el atlantismo. El sindicato Gegužės i-osios Profesinė Sąjunga (GiPS) también ha estado organizando a los trabajadores y trabajadoras precarios y a los empleados en el sector artístico, así como a las limpiadoras domésticas desde que se fundó en 2018. Pero el alcance de estas organizaciones es limitado. GiPS es conocido coloquialmente como «gipsas» en lituano, que es la misma palabra empleada para referirse al «yeso». Hay quien ha bromeado afirmando que la izquierda del país no consiste más que en una fractura, un grito y una escayola.

Nausėda insiste en que mejorará las prestaciones publicas, como las pensiones, para reducir la desigualdad y aliviar la carga de la inflación. Pero mientras su prioridad sea la «defensa nacional», el progreso social es improbable. Ya se teme que el alojamiento de las tropas alemanas y de sus familias provoque un repunte de los alquileres en un mercado en el que los precios de la vivienda se duplicaron con creces entre 2010 y 2023. Y mientras el gobierno da la bienvenida a una presencia militar alemana «permanente» en el suelo nacional, sigue erosionando el sentimiento de soberanía que muchos lituanos ansían y cuya única articulación ha venido hasta ahora de la derecha populista. A menos que la izquierda empiece a desafiar la agenda de militarización, hay pocas esperanzas de cambiar el equilibrio de poder existente del país.

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Artículo original Wartime Lithuania publicado por Sidecar, blog de la New Left Review y traducido con permiso expreso por El Salto.. Véase Joy Neumeyer, «In the Woods», Sidecar.
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