Andalucismo
Andalucismo, izquierdas y ecosocialismo: retos para un debate presente

Un andalucismo ecosocialista que no simplifique los problemas, que apueste por la democracia y la justicia para la resolución de los problemas futuros, pero también de los actuales, exige disputar la hegemonía ideológica en la cuestión socioambiental.
REBELION POR EL CLIMA Sevilla
Tres jóvenes encadenados al Palacio de San Telmo, en Sevilla. Foto: 2020, Rebelión por el Clima
Profesor de Filosofía Política en la Universidad Loyola Andalucía
27 abr 2021 06:30

Cada día queda más claro que el andalucismo tiene mucho trabajo por delante. En particular, ahora que se está tramitando a nivel estatal una ley del clima, parece un buen momento para afirmar de forma contundente que tal vez una de las tareas más urgentes se da en el campo de lo socioambiental. Y por varios motivos. Podríamos dividirlos en motivos objetivos y subjetivos, y empezar con los primeros. Veamos.

El problema de fondo es el mismo que nos encontramos a nivel planetario. Hemos forzado hasta las costuras la capacidad de nuestro hábitat, y la emergencia climática no es sino un ejemplo de esta, como podría ser también la propia pandemia actual. Pero es que además nuestra civilización ha llegado a sus límites de expansión en cuanto a crecimiento biofísico (materia y energía) y esto implica la imposibilidad de seguir creciendo económicamente. Esto supone el fin de la fuente del maná que alimenta y permite funcionar a todos nuestros subsistemas humanos, incluido el socioeconómico. Al respecto, es importante tener en cuenta que la tecnología, mera transformación de la energía disponible, resolverá algunos problemas, pero no todos. Ya no es una mera gotera, todo el casco del buque está agrietado. Y, por descontado, cualquier solución tecnológica implicará nuevas e imprevistos efectos colaterales.

Como he señalado antes, la cuestión de fondo es la misma que a escala global. Sin embargo, en el caso de Andalucía, estas circunstancias mundiales se hacen particularmente graves y urgentes, dadas nuestras características geográficas, biofísicas y socioeconómicas.

Todo se verá alterado, empezando por nuestro fundamental sector primario, como todo lo relacionado con la naturaleza

Revisemos algunas de esas circunstancias como pájaros de mal agüero: negros, feos, pero necesarios. Son los que nos hacen despertar y mirar al cielo para darnos cuenta del temporal que viene. Citaremos sólo tres ejemplos, sin ánimo exhaustivo. En primer lugar, de forma general, la especial vulnerabilidad de nuestro territorio en un contexto de calentamiento global en el que los efectos del caos climático irán por barrios, obliga a preparar nuestras sociedades ante estas circunstancias. Todo se verá alterado, empezando por nuestro fundamental sector primario, como todo lo relacionado con la naturaleza: suelos (unos suelos ya de por sí vulnerables y sobreexigidos), ciclos hídricos, biodiversidad protectora (¡Pensemos en las abejas, determinantes para la polinización!) … Todo esto puede tener una brutal repercusión en nuestra seguridad —y, por ende, soberanía— alimentaria.

En segundo lugar, otro motivo objetivo son las características de subordinación y precariedad de nuestra economía, que nos hacen especialmente vulnerables ante las crisis socioambientales que se avecinan. El andalucismo de izquierdas habla mucho hoy de la meta de una soberanía solidaria. Pero sabemos que nuestra economía está centrada en sectores ligados no sólo a los avatares del clima sino que son también muy dependientes del exterior (turismo, sector agrario enfocado hacia la exportación). Dichos ramos, en el marco de una economía globalizada sustentada por enormes insumos de energía, pueden sufrir de manera aguda el impacto no sólo de los cambios en nuestro entorno, sino también de la pronosticada escasez de energía barata y abundante en forma de energías fósiles.

En tercer lugar, precisamente por el fin del petróleo barato y abundante, así como por las limitaciones y requerimientos de las energías renovables, existe el riesgo de que en nuestro territorio afloren extractivismos coloniales que imposibiliten una vida humana digna, o que de manera injusta repercutan sobre una parte de la población. La alternativa deleznable es que se agudicen los que ya practicamos hacia otros pueblos más débiles. En todo caso, esto acrecentará los conflictos socioambientales que—ya habrán podido intuir—emergerán como consecuencia de las otras cuestiones. Conflictos internos o externos que enfrentarán a nuestros diferentes territorios y que acabarán seguro rebotando sobre los colectivos más vulnerables como un bumerán, en uno u otro momento.

Andalucía
Releyendo el subdesarrollo

Ante los albores de la próxima gran crisis que padeceremos a nivel mundial, se hace cada vez más evidente que Andalucía volverá a ser una de las más perjudicadas por la misma, y, frente eso, necesitamos buscar soluciones, que no se encuentran en lo que hemos venido haciendo hasta ahora. Pero para buscar soluciones, construir una estrategia, debemos primero analizar la realidad"


Estas son solo algunas razones, pero más que suficientes para mejorar nuestra resiliencia comunitaria. Hacernos fuertes, en definitiva, ante las adversidades por llegar. Y hacerlo lo antes posible. Porque la excrecencia, aunque se esconda debajo de lujosas alfombras, huele y acaba dando la cara.

No obstante, para dar ese paso imprescindible, hace falta ver cuáles son los motivos subjetivos que hacen más desafiantes aún si cabe los retos de un ecoandalucismo poscrecentista conscientemente ecosocialista.

Es en el terreno del imaginario colectivo donde necesitamos un cambio cualitativo, incluida la izquierda andalucista

En efecto, la lucha mayor no está fuera de nuestras mentes. No es la generación de estructuras externas, ni siquiera de cambios productivos, en el consumo, la propiedad de los medios de producción o nuestra organización social. Es en el terreno del imaginario colectivo donde necesitamos un cambio cualitativo, incluida la izquierda andalucista. Un cambio que nos permita abrirnos a otra manera de pensar. Somos capaces de imaginar el fin del mundo, pero no un mundo sin capitalismo. O al menos sin crecimiento económico, aunque sea estatalizado o socializado. Al respecto, está claro que un ecosocialismo andalucista poscrecentista que nos abra a políticas no productivistas no es fácil de asumir. Ya no sólo a nivel personal, sino mucho menos en un ámbito social, político partidista y, menos aún, electoral. El productivismo y la negación de los límites tecnológicos, unido a los intereses en juego por parte de las diversas oligarquías y poderes fácticos —autóctonos y foráneos— que intentan mantenernos distraídos con la música de la orquesta del Titanic mientras exprime los posos del banquete, no jugará a nuestro favor. Será, por tanto, una lucha a cara de perro. Y probablemente poco épica. Nada de “sangre y fuego”, nada de “fuerza y honor”. La épica es para quienes pueden permitírselo, y nuestra lucha que empieza hoy tiene enemigos que no permiten la grandiosidad, el honor o la gloria. Es la lucha contra adversarios ocultos, tediosos, inefables, silenciosos, aparentemente esclerotizados: la desidia, la ignorancia, el miedo, el cortoplacismo, el derrotismo, el escapismo, el egoísmo más ramplón, la arrogancia, la autosuficiencia, la corrupción, la parálisis, la ambición o simplemente la desgana. La fe en el progreso perenne, en los paraísos, sino perfectos, al menos accesibles.

Por eso el papel de un andalucismo poscrecentista y ecosocialista que no simplifique los problemas, que apueste por la democracia y la justicia para la resolución de los problemas futuros, pero también de los actuales, exige disputar la hegemonía ideológica en la cuestión socioambiental. No basta con hacer documentos, informar y concienciar. Debemos disputar el marco. Una guerra de posiciones que permita colocar nuestras piezas, introducirnos por los resquicios del propio sistema. ¿Nuestro ejército? Toda persona que haya comprendido la gravedad de la situación y quiera sumarse. ¿Las armas? En primer lugar—debe quedar claro—las afirmaciones científicas empíricamente demostradas. Pero, sobre ellas, deberemos construir un discurso que invite a la acción de la forma más entusiasta posible, sin pesimismos derrotistas. Nuestros argumentos, nuestro discurso, nuestra palabra, en suma. ¿Aliados? Sí, muchos movimientos, algunos más antiguos y otros más recientes que saben lo que nos jugamos y ya están peleando en esta guerra de guerrillas. ¿El escenario? Todo lugar, en todo tiempo: la calle, las plazas, los campos, los mercados, los huertos urbanos, las bibliotecas…

¿La táctica? Una primera fase, sin duda, será permear a la propia izquierda andalucista, mucha de la cual sigue subyugada ante discursos desarrollistas propios de un mundo alimentado por combustibles fósiles. Un mundo inflamable que se desmorona, que está literalmente combustionando delante de nuestros ojos. Esa primera batalla no será nada fácil.

La sociedad del capitalismo low cost, que transmuta precariedad en flexibilidad laboral a cambio de algunas golosinas, agoniza

Simultáneamente, pero sobre todo después, vendrá el triple salto mortal, el más difícil todavía. Explicar a la ciudadanía, que ya es adulta, que el sueño se acaba. Sin paternalismos, pero con realismo. “Bienvenido al desierto de lo real”, decía Morfeo en Matrix. Un desierto es donde nadie quiere saber que está. Pero es en lo real es donde se juega el presente. Si no sé dónde estoy ni dónde voy sólo soy una marioneta mecida por el viento… o peor aún, que mueven otros. En esa realidad es donde la vida nos espera, más allá de los engaños y los dispositivos de todo tipo que los dueños de nuestra sociedad nos ofrecen para atraparnos. La vida que nuestro pueblo ha conocido, hasta hace muy poco, de la que nos han hablado nuestras abuelas, la que tiene mucho de dureza pero que apunta a una realidad donde las opresiones tal vez no fueran mayores, sino que estaban menos edulcoradas. Es bueno recordar eso cuando vemos que el show llega a su fin. La sociedad del capitalismo low cost, que transmuta precariedad en flexibilidad laboral a cambio de algunas golosinas, agoniza. El tiempo de su combustible, no sólo metafórico, se acaba, no sin dejar atrás una enorme deuda a quienes no se les preguntó si accedían porque aún no habían nacido. Vamos despertando así de un sueño de energía infinita durante el que hemos liberado gases suficientes para convertir el clima en una fuerza impredecible durante mucho tiempo.

En efecto, hasta ahora los programadores de nuestro sueño inducido han hecho su labor. Ahora les tocará empujarnos hacia un nuevo letargo que asegure nuestra sumisión, tal vez mucho peor, en un modelo poscapitalista que siga asegurando su dominio, una abismal desigualdad y una nueva falsa sensación de libertad. Intentarán aprovecharse de lo peor que habita en nuestro interior para—subrepticiamente—llevarnos del “sálvese quien puede” a un “nos salvaremos los de siempre”.

La resiliencia que precisamos debe ser justa y enraizada en nuestros territorios, pues es la única forma de evitar un colapso violento y caótico de todas nuestras estructuras civilizatorias locales

¿Permitiremos esto? No, porque en nuestra naturaleza no es mayormente oscura. No, porque es la vida, la propia vida de nuestras hijas y nietas la que está en juego. Vidas que en los próximos 10-15 años vamos a condicionar. Y es muy importante que esa salida sea, de verdad, entre todas y para todas. El espejo de las respuestas a la covid-19 es un sucio reflejo de lo que podría pasar. Por eso, la resiliencia que precisamos debe ser justa y enraizada en nuestros territorios, pues es la única forma de evitar un colapso violento y caótico de todas nuestras estructuras civilizatorias locales. Cierto que los problemas globales no podremos frenarlos, cierto que sucederán eventos complejos a nivel internacional. No sabemos si se darán o no los peores escenarios socioambientales, los peores escenarios políticos (ecototalitarismos fascistas, caos neofeudal, masas de refugiadas socioambientales… la imaginación es libre en el museo de los horrores). Pero lo que sí sabemos es que el futuro no está escrito. Lo que sí sabemos es que si actuamos, podemos al menos mitigar todo eso, reconducirlo para asegurar a nuestras nietas una vida que puede ser mejor, tal vez diferente; donde habrá sufrimientos y penas, pero también alegrías y jarana. No podemos predecir el mañana. Pero hoy sí sabemos que aquellas por quienes daríamos todo ahora—porque después ya no podremos darlo—, si actuamos ahora, podrán disfrutar de una vida plena, una vida mejor, una vida digna. Vivida con nuestra forma de hablar, con nuestras tradiciones, nuestra cultura, nuestra forma de existir y sentir. Una vida en nuestra tierra, una tierra abierta, donde tantos pueblos vinieron, vieron y se quedaron. Una tierra que no representa simplemente un espacio en un mapa o un puñado de polvo, sino el suelo que les permita vivir a ellas, y a quienes—tal vez escupidos por los dolores de su tiempo—puedan venir de lejos.

Andalucismo
Andalucismo en tiempos de pandemia

En tiempos de pandemia, el andaluz reclama lo que le pertenece. Con Andalucía liderando las cifras de destrucción de empleo como consecuencia del parón económico a pesar de ser uno de los territorios con una incidencia acumulada del virus más baja, el debate sobre el cambio de modelo productivo se hace más pertinente que nunca.

Por eso, la responsabilidad de nuestra implicación supone la necesidad de luchar colectivamente, en el ágora pública, hacer despertar al demos, reclamar el bien común y negarnos a ser simplemente el rebaño explotado, el consumidor-productor que pronto podría ser simplemente esclavo. Nos dirán que si capitalismo verde por aquí, que si crecimiento sostenible por allá, que si oportunidad por acullá, que si tales miedos interesados por un lado, que si seguridad y protección por el otro. Necesitaremos por eso discernimiento y diálogo, claro, mientras resuenen los atronadores sones de los disparos en la guerra de trincheras que obligará a disputar cada frase, cada narración, cada mentira, cada movimiento suicida, cada espacio común, cada privilegio injustificado. Hasta que el telón de la obra caiga, y con él, el teatro actual. Y entonces se abra paso el nuevo mundo que brotará del actual. Un mundo que será lo que hagamos.

La resiliencia por supuesto no se jugará sólo ni primordialmente en la política. Pero desde ella, incluso desde ella, también desde ella, especialmente desde ella, debemos hoy ya pelear con uñas y dientes para ofrecer, en nuestra tierra, un porvenir justo y habitable para nuestras hijas. Porque nuestro futuro será su presente. Eso es lo único que tendrán, y lo único que podemos ofrecerles. No podemos privarles de él, porque es de ellas. Se lo debemos. Sólo así escucharemos el eco sus voces respondiendo a nuestro “¡Viva Andalucía libre!”… ¿No lo oís?

Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.

Relacionadas

Opinión
Opinión La vigencia del Tierra y Libertad
El encaje de Andalucía en la nueva globalidad se ve actualizado en cuanto oferente de mano de obra barata y espacios para el turismo o la producción energética, el viejo lema de Blas Infante, Tierra y Libertad, parece estar más vigente que nunca.
El Salto Radio
El Salto Radio Fallece Juana Orta, la memoria de la mujer trabajadora
El pasado 8 de Marzo fallecía Juana Orta y las señales de hoy escriben en el aire su nombre. Una mujer cuya vida ha estado indisolublemente ligada a la historia de los movimientos sociales, sindicales y políticos de Andalucía.
Andalucismo
Día de Andalucía ¿Por qué Andalucía sigue celebrando el 28F?
Las andaluzas y andaluces celebramos el día de Andalucía entre los actos institucionales y las reivindicaciones políticas, reflexionamos sobre la vigencia y la influencia política de este día.
Dependencia
Dependencia Los cuidados necesitarán entre 300.000 y 600.000 trabajadores más en cinco años
Las empleadas de residencias y ayuda a domicilio reclaman mejoras en esas nuevas plazas. “Debemos tener un sistema de cuidados universal y público, debe ser un derecho y no un negocio”, piden desde el sindicato ELA.
Precariedad laboral
Precariedad Voluntariado en el sector social: un monstruo con tres cabezas
La precarización del sector social es algo de lo que se viene hablando cada vez más en los últimos años, pero es un hecho que lleva conviviendo con nosotras mucho tiempo, y que es consecuencia de varios factores.
Cómic
Cómic Un gran poder conlleva una gran responsabilidad: ¿los superhéroes de cómic son de derechas o de izquierdas?
¿Encarna Superman a la socialdemocracia liberal, es Batman un militante anarcocapitalista y el Capitán América la bandera del nacionalismo? La respuesta no es tan sencilla si se repasa la historia del género.
València
Dana 20:11, Ni oblit ni perdó: los pueblos de la Dana amanecen con pintadas contra Mazón
Tras cinco meses de catástrofe, aparecen numerosas pintadas en los municipios afectados por la riada para señalar la tardía gestión de la Generalitat.
Memoria histórica
Manuel Pérez, ‘camarada Arenas’, tras salir de prisión “Cordón trató de escaparse, se cayó y se mató”
El militante histórico del PCE reconstituido y, según la Justicia, líder de los Grapo, mantiene su inocencia en todos los casos que le han llevado a pasar 32 años en prisión.

Últimas

Sevilla
Proyectos estratégicos Ilegalidades pasadas y peligros futuros de la mina que la Unión Europea quiere revivir en Sevilla
Las Cruces tiene un historial de más de 6,5 millones de euros en sanciones e indemnizaciones por extracciones ilegales de agua. El espaldarazo de la UE y del Gobierno al proyecto podría empeorar los vertidos que ya realiza la mina en el Guadalquivir.
Salario mínimo
Salario mínimo PSOE y Sumar llegan a un acuerdo para que el SMI no tribute el IRPF
Pese a adelantar la ministra de Trabajo que se habían roto las negociaciones, finalmente las personas que cobren el salario mínimo no tendrán que declarar en 2025.
Comunidad de Madrid
Comunidad de madrid El taxi advierte de que las nuevas licencias a Cabify van a “reventar el mercado”
El Tribunal Superior de Justicia de Madrid da la razón a las plataformas de VTC y obliga a la Comunidad de Madrid a concederles más de 2500 nuevas licencias en la comunidad.
Comunidad de Madrid
Sanidad Universal Sociedades sanitarias critican el SMS amenazante que el Gobierno de Ayuso está enviando a personas migrantes
Cuatro sociedades científicas denuncian un texto amenazante en el que se indica al destinatario que dispone de 30 días para seguir de alta en la Tarjeta Sanitaria, lo que está generando “incertidumbre” y “desprotección”.
Economía
IPC La inflación interanual cae hasta el 2,3% en marzo gracias a las lluvias
Las precipitaciones han reducido el precio de la electricidad.La subyacente también se reduce dos décimas hasta situarse en el 2%.
Más noticias
Notas a pie de página
Notas a pie de página Mansiones encantadas y casas sin cocina
La casa encantada como símbolo de la opresión del espacio doméstico recorre la literatura de muchas escritoras. Pero hubo un tiempo en el que algunas feministas trataron de imaginar otro hogar posible, en el que se liberase el trabajo doméstico.
Opinión
Opinión Sobre la cancelación de Georgina Orellano en el Foro ESPAL 2025
La cancelación de Georgina redunda en esta incapacidad para escuchar a las trabajadoras sexuales y en el pánico que tienen de que se las escuche. Denota inmadurez política, cerrazón dialéctica y pacatería moral.

Recomendadas

América del Sur
América del Sur La batalla por el litio: pueblos originarios resisten un “genocidio medioambiental y cultural”
Sudamérica se ha convertido en la proveedora mundial de materias primas para la transición energética. Las comunidades afectadas se rebelan ante una actividad que genera desposesión de tierras, contaminación, sequía y conflictos internos.
El Salvador
Ivania Cruz “El estado de excepción se está utilizando en El Salvador para gobernar en base al miedo”
A esta defensora de derechos humanos y comunitarios le allanaron su casa mientras se encontraba en un viaje internacional. Desde el exterior, denuncia la persecución del gobierno salvadoreño hacia su organización y hacia las comunidades que defiende.
Yemayá Revista
México Sobrevivir en la frontera: el cuerpo como moneda de cambio
En Tapachula, punto clave de la frontera sur de México, miles de mujeres migrantes permanecen atrapadas sin poder seguir su camino hacia Estados Unidos.