Música electrónica
Prisma: un sueño hecho realidad

“La música electrónica no es lo opuesto a la calidez humana, es exactamente lo mismo”. Estas palabras de Bill Laswell son la sensación que te sube por el cuerpo cuando entras en Prisma y la música suena hasta el amanecer.

Prisma
Imagen de Prisma.
16 ago 2018 06:00

En la periferia sevillana nació hace dos años un proyecto revolucionario e innovador basado en la autogestión de la cultura musical. Prisma es un club de música electrónica centrado en el espectro más underground o alternativo de este género musical. Más de 30 personas han conseguido de forma colaborativa trabajar a diferente intensidad, articulados en torno a una organización de carácter voluntario, horizontal y asambleario. Tras acabar su segunda temporada, aunque cansadas, las personas que integran el proyecto se sienten satisfechas por la línea ascendente que lleva la iniciativa.
Prisma suena a techno, trance, house, drum & bass, breaks y otros estilos más minoritarios dentro de la electrónica. La programación y sound system son sus principales bazas. Pero van más allá. Con cada evento intentan culturizar y crear una corriente de calidad en torno a los diferentes subestilos que forman parte de la música electrónica. En Andalucía, algunos estilos musicales son minoritarios y otros cuentan ya con una larga tradición callejera. En cambio, Prisma intenta trascender el ámbito de la fiesta para tomar un carácter más maduro, casi académico. Es lo que se denomina “cultura de club”.

Como buenos andaluces, llevan ese sentimiento de familia y de hogar en su ADN, y esto se ve reflejado tanto en la decoración de la sala, con un ambiente íntimo, como en el trato cercano con el que se acercan al cliente, lejos de ese disfraz artificial del márketing de empresa. Así, confiesan, ponen en práctica lo que significa la libertad de hacer lo que ellos han vivido con anterioridad en otras actividades musicales comunes. “Es un proyecto que tiene mucha calidez, ya que está hecho por personas que son amantes de la música electrónica y no por un empresario de la noche”, admite Peter Pawn, asistente asiduo a la sala tanto como público como en el escenario.

A medio camino entre una empresa cooperativa y un movimiento social, Prisma se repite internamente y se siente identificado con la palabra ‘proyecto’. Desde el principio, lejos de tener jefes o dueños, se ha mantenido vivo gracias a su red de apoyo. El equipo se va renovando, pero la intención principal sigue siendo la de entregar a la ciudad una sala de electrónica con un toque diferente y vanguardista.

El único órgano de decisión es la asamblea, celebrada cada 15 días o una vez al mes, dependiendo de las necesidades. Existen coordinadores de área que priorizan, dinamizan y gestionan las tareas con el resto de compañeros y compañeras. De forma continua, los ocho grupos que conforman Prisma —técnico, financiero, programación, facilitación, comunicación, creativo, mantenimiento y barra— van comunicando las necesidades y reclamando acciones económicas, teóricas o prácticas sobre diferentes temas.

Tanto en los equipos como en asamblea, la toma de decisión es por consenso. “Votar a mano alzada por mayoría dejaría pequeñas heridas invisibles que pueden acumularse en el equipo con el transcurso del tiempo, así que en su lugar debatimos, dialogamos, argumentamos y confrontamos opiniones hasta alcanzar un punto medio en el que todos nos sintamos cómodos con la decisión”, explica el equipo de comunicación de Prisma. Esta, por supuesto, es una forma de gestión complicada, laboriosa y a veces tensa, pero desde el respeto y la empatía todo se puede: “Sin prohibiciones, pero con mucho diálogo; sin castigos, pero apelando siempre a la responsabilidad individual”.

Sevilla no es solo una ciudad de corneta e incensario. A Prisma no le daban más de dos o tres meses de vida y, probablemente, iban bien encaminados. Estadísticamente, un proyecto de estas características no habría funcionado sin un aporte de capital considerable, pero, cuando mujeres y hombres se unen con un fin que les importa, todo es posible. “Prisma no tiene grandes capitalistas detrás, ni tampoco es nuestro sustento, pues casi todos tenemos nuestros trabajos de lunes a viernes y no nos ganamos la vida con ello”, afirma el coordinador del grupo de comunicación.

Este proyecto de ocio musical arrancó en forma de micromecenazgo por parte de 15 socios que pusieron de su propio dinero y de muchos otros más que aportaron materiales y numerosas horas de trabajo voluntario. La ilusión por generar algo diferente a lo que existía en la ciudad hizo que personas educadas en sistemas jerárquicos verticales se pusieran de acuerdo y solventaran los problemas a base de diálogo. La filosofía de Prisma ha ido evolucionando como todo proceso de aprendizaje colectivo, y ha consolidado algunos pilares básicos para el funcionamiento, como el consenso y la horizontalidad. Tienen, además, un proceso de acogida para toda aquella persona que quiera ser partícipe. “En este proyecto abierto, la última persona que entra a Prisma es tan parte del proyecto como uno que estuvo aquí desde el principio”, admite una integrante del proyecto.

Música electrónica desde la autogestión

No hay otro proyecto así en toda Europa. En Dresde, Alemania, existe un club de electrónica que implementa la lógica del crowdfunding y el funcionamiento en colectivo, pero solo para ponerlo en marcha. Prisma, además, tiene una lógica de estructura abierta y colaborativa. Intentan mantener todos los aspectos del proyecto de una forma más o menos profesionalizada, pero sin que el beneficio económico sea el objetivo principal de su actividad.

Por si fuera poco, este proyecto autogestionado, colaborativo y asambleario decidió ir más allá y, basándose en su filosofía de economía social, creó una moneda social: el prisma. Basados en la idea y funcionamiento de la moneda social puma, que funciona desde hace años en la ciudad de Sevilla, pensaron que su proyecto sería más justo bajo este sistema. Como se supone que alguien debe tomar del proyecto en la misma medida que se ha involucrado en él, “vimos que habría diferentes niveles de intensidad al aportar al proyecto debido al carácter voluntario que tiene el reparto de tareas.

Identificamos que, de alguna manera, tendríamos que ‘apuntar’ esas aportaciones, con la finalidad de que nadie tomara luego menos de lo que entregaba. En Prisma nadie entra gratis ni nadie bebe gratis... Somos tantos que sería un caos hacerlo de otra manera”, explican desde el colectivo.
En un principio, se pensó en un banco de tiempo, pero la tecnología ofrece posibilidades que ayudan a plantear otras alternativas. Gracias al desarrollo de la aplicación Clickoin, creada por un grupo de andaluces, la moneda social prisma circula en estos momentos entre 40 o 50 personas que han aportado en uno u otro momento, de forma puntual o continuada, alguna actividad a Prisma. Peter Pawn admite que el prisma ha sido muy útil, ya que, “por una parte ha servido para que un proyecto tan ambicioso al sur de Europa haya salido adelante y, por otro, porque el uso de una moneda social ha permitido que los amantes de la música con bajo poder adquisitivo, como son los trabajadores y trabajadoras del proyecto y los artistas locales que participan, puedan disfrutar de artistas internacionales de primer nivel que de otra forma no se podrían permitir”. Además, añade, significa un plus que ha permitido invertir en material técnico y en la propia sala. La moneda sirve para entrar en la sala, consumir en la barra o para el intercambio de bienes y servicios entre las personas componentes del proyecto.

Algunas trabas

En proyectos de este calibre existen complicaciones. Desde Prisma reconocen que dos han sido las trabas que más han sufrido: la económica y la humana. La primera es por el hecho que ningún miembro del proyecto pertenece a ciertos estratos sociales. Este proyecto está hecho en modo do it yourself o ‘hazlo tú mismo’, con muchas horas de inspiración, análisis, optimización y ejecución. “Hemos levantado el club con nuestra propias manos, literalmente. Muchas horas de trabajo sin ayuda externa, y bastantes noches sin dormir. Si tuviéramos una inyección de algún tipo de sponsor o de mecenas, conseguiríamos hacer realidad muchas de las mejoras que tenemos en la recámara, pero que, por falta de ahorros, no podemos acometer”, explica otro integrante del colectivo.

En cuanto al componente humano, los cuidados en el plano emocional son trabajos constantes que tienen que llevar a cabo, y no siempre se tiene la misma energía. Como los proyectos autogestionados suelen romperse antes por la falta de unión afectiva que por otras razones más tangibles, se anticipan a este problema y ponen en práctica ese aspecto familiar y de cuidados.

De cara al público de masas, no todo el mundo comprende la autogestión y las dinámicas asamblearias. Puede resultar exótico encontrar en el sector del ocio nocturno propuestas como la de Prisma, pero desde el proyecto reconocen que no llegaron a este sistema a través de una convicción política o unos valores previos, sino que lo adoptaron por necesidad y sentido común. “Vencer la carencia de capital ha sido probablemente la razón principal que nos ha llevado a ello, porque teníamos tiempo y ganas, pero poca capacidad de remuneración en moneda de curso legal. Y, claro, trabajar dentro de un sistema de voluntariado sin tener horizontalidad es algo bastante incompatible. Vemos a nuestro alrededor que no es nada nuevo, la economía colaborativa está en auge”, admiten desde el equipo.

Prisma es un proyecto creado por mentes muy inquietas y ya están empezando a planear, “cuando el tiempo y las fuerzas lo permitan”, añadir más disciplinas artísticas. En un formato estrictamente diurno y con especial atención a aquellos y aquellas artistas jóvenes que no pueden entrar en los círculos artísticos mayoritarios, quieren ofrecer cine, pintura, fotografía o teatro. “Queremos ofrecer el espacio que tenemos a toda la ciudad para que se genere un centro neurálgico de cultura en torno a este proyecto. Lo llamamos Espacio Prisma y poco a poco lo estamos echando a andar”, avisan. Prisma nació como un sueño que día a día —y noche a noche— se va cumpliendo.

Informar de un error
Es necesario tener cuenta y acceder a ella para poder hacer envíos. Regístrate. Entra en tu cuenta.

Relacionadas

Música
Cultura Coros, danzas y electrónica: la resignificación de la cultura vernácula
A nadie se le escapa que durante los últimos años hemos asistido a una revitalización de la cultura popular tradicional; en general, de la vinculada a los territorios periféricos del Estado.
China
Pulsos bajo el cielo Beijing rave: amor, unidad y respeto
Exploramos los entornos de la música electrónica underground en Beijing, donde los jóvenes siguen creando espacios y nuevas formas de relacionarse y entenderse
Manfredi
21/8/2018 16:23

Impresionante. Bravo por la idea y por el trabajo que realizan este equipo de personas. Deberia ser un importante modelo a seguir.

3
1
Alfredo
16/8/2018 20:47

¡Que guapo..!

3
0
Sevilla
Proyectos estratégicos Ilegalidades pasadas y peligros futuros de la mina que la Unión Europea quiere revivir en Sevilla
Las Cruces tiene un historial de más de 6,5 millones de euros en sanciones e indemnizaciones por extracciones ilegales de agua. El espaldarazo de la UE y del Gobierno al proyecto podría empeorar los vertidos que ya realiza la mina en el Guadalquivir.
Salario mínimo
Salario mínimo PSOE y Sumar llegan a un acuerdo para que el SMI no tribute el IRPF
Pese a adelantar la ministra de Trabajo que se habían roto las negociaciones, finalmente las personas que cobren el salario mínimo no tendrán que declarar en 2025.
Comunidad de Madrid
Comunidad de madrid El taxi advierte de que las nuevas licencias a Cabify van a “reventar el mercado”
El Tribunal Superior de Justicia de Madrid da la razón a las plataformas de VTC y obliga a la Comunidad de Madrid a concederles más de 2500 nuevas licencias en la comunidad.
Comunidad de Madrid
Sanidad Universal Sociedades sanitarias critican el SMS amenazante que el Gobierno de Ayuso está enviando a personas migrantes
Cuatro sociedades científicas denuncian un texto amenazante en el que se indica al destinatario que dispone de 30 días para seguir de alta en la Tarjeta Sanitaria, lo que está generando “incertidumbre” y “desprotección”.
Notas a pie de página
Notas a pie de página Mansiones encantadas y casas sin cocina
La casa encantada como símbolo de la opresión del espacio doméstico recorre la literatura de muchas escritoras. Pero hubo un tiempo en el que algunas feministas trataron de imaginar otro hogar posible, en el que se liberase el trabajo doméstico.

Últimas

Economía
IPC La inflación interanual cae hasta el 2,3% en marzo gracias a las lluvias
Las precipitaciones han reducido el precio de la electricidad.La subyacente también se reduce dos décimas hasta situarse en el 2%.
Opinión
Opinión Sobre la cancelación de Georgina Orellano en el Foro ESPAL 2025
La cancelación de Georgina redunda en esta incapacidad para escuchar a las trabajadoras sexuales y en el pánico que tienen de que se las escuche. Denota inmadurez política, cerrazón dialéctica y pacatería moral.
Economía
Análisis Europa, ¿última defensora del liberalismo o cómplice de un orden fracasado?
El peligro no proviene únicamente de líderes externos “autoritarios”, sino de la erosión interna de la democracia bajo un sistema que pone al mercado por encima de la gente.
València
València La jueza de Catarroja pide a la Guardia Civil que documente cuántas cámaras hay en el Cecopi
La instructora del caso de la dana ha encargado la elaboración de un informe sobre las instalaciones del Centro de Coordinación de Emergencia (Cecopi).
Más noticias
Madrid
Derecho a la vivienda Consumo abre expediente a Alquiler Seguro por prácticas abusivas contra los inquilinos
La decisión del Ministerio de Pablo Bustinduy, según el Sindicato de Inquilinas, “abre la puerta a la devolución de millones de euros a las inquilinas que reclamen sus derechos”.

Recomendadas

América del Sur
América del Sur La batalla por el litio: pueblos originarios resisten un “genocidio medioambiental y cultural”
Sudamérica se ha convertido en la proveedora mundial de materias primas para la transición energética. Las comunidades afectadas se rebelan ante una actividad que genera desposesión de tierras, contaminación, sequía y conflictos internos.
El Salvador
Ivania Cruz “El estado de excepción se está utilizando en El Salvador para gobernar en base al miedo”
A esta defensora de derechos humanos y comunitarios le allanaron su casa mientras se encontraba en un viaje internacional. Desde el exterior, denuncia la persecución del gobierno salvadoreño hacia su organización y hacia las comunidades que defiende.
Yemayá Revista
México Sobrevivir en la frontera: el cuerpo como moneda de cambio
En Tapachula, punto clave de la frontera sur de México, miles de mujeres migrantes permanecen atrapadas sin poder seguir su camino hacia Estados Unidos.