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Fútbol
Rafael Louzán, un presidente condenado para el fútbol español que no pone fin a los escándalos
Un año y tres meses después de la dimisión de Luis Rubiales, la asamblea de la Real Federación Española de fútbol (RFEF) ha elegido a Rafael Louzán como presidente para el periodo 2024-2028. La elección, sin embargo, queda pendiente del Tribunal Supremo, porque el próximo 5 de febrero el máximo órgano judicial español debe decidir acerca del recurso interpuesto por el señor Louzán en relación a la condena a siete años de inhabilitación por prevaricación que pesa sobre él y que, en virtud del artículo 19,4 de los estatutos de la RFEF, le obligaría a abandonar el cargo de presidente.
Se da la paradoja de que la condena que pesa sobre Louzán hace referencia al proyecto de remodelación de un campo de fútbol
Así están las cosas varios días después de que la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) confirmara la organización del Mundial 2030 a la candidatura de España, Portugal, Marruecos, Argentina, Uruguay y Paraguay. Si el Tribunal Supremo rechaza su recurso, Rafael Louzán no podrá ejercer como presidente de la RFEF y tendrán que convocarse nuevas elecciones, la quinta convocatoria desde la dimisión de Rubiales. En caso de que el recurso sea aceptado, podrá seguir como presidente y será el máximo responsable de la RFEF en la organización del Mundial, que implicará la renovación de buena parte de los estadios. Se da la paradoja de que la condena que pesa sobre Louzán hace referencia, precisamente, al proyecto de remodelación de un campo de fútbol.
La realidad es que la decisión de la Asamblea General de la RFEF no fue ninguna sorpresa y se cumplieron todas las previsiones. Se eligió a Louzán por 90 votos, frente a los 43 para Salvador Gomar, además de un voto nulo y cuatro en blanco. Se cumplió también la retirada de la candidatura del extremeño Sergio Merchán, a quien Louzán había cedido 23 de sus avales para poder presentarse y que se veía como una alternativa en caso de que finalmente no se permitiera la participación de Louzán en las elecciones. Poco antes de iniciarse la asamblea, confirmada la participación de Louzán, Merchán anunció su retirada.
Una vez elegido presidente, Louzán destacó que el proceso electoral “ha brillado por la ejemplaridad y el buen hacer” e hizo un llamamiento a la unidad. “Es el tiempo de trabajar unidos y en equipo, ha llegado el momento de recuperar definitivamente el prestigio de esta casa. Necesitamos una institución que inspire confianza. Que vuelva a ser reconocida por lo que representa”, declaró. Su nombramiento, en cambio, no ha generado esa confianza y unidad que reclama alrededor del fútbol español.
La Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA en sus siglas en francés) y FIFA han seguido el proceso electoral con preocupación y enviaron representantes para conocer de cerca el desarrollo de la votación. El Consejo Superior de Deportes (CSD), por su parte, viene presionando a la RFEF desde el escándalo provocado por Luis Rubiales tras el beso no consentido a Jennifer Hermoso. Consiguió la inhabilitación de Luis Rocha a las elecciones y posteriormente ha tratado de impedir la candidatura de Louzán. En la búsqueda de un presidente que dé estabilidad y evite nuevos escándalos de cara a la organización del Mundial masculino de 2030, la figura del nuevo presidente de la RFEF no genera tranquilidad y el CSD no descarta elevar una denuncia al Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) por incumplimiento de los estatutos de la RFEF.
Una trayectoria con puntos oscuros
Rafael Louzán inició su andadura profesional de la mano de un personaje controvertido, José Ramón “Nené” Barral, alcalde de Ribadumia durante 18 años y vinculado al contrabando de tabaco. De su mano empezaría a trabajar como recadista en el concello, luego pasó a ser conserje del polideportivo municipal y a mediados de los años 90 daría el salto a la política como teniente alcalde de Ribadumia por el Partido Popular.
Louzán fue uno de los hombres fuertes del PP gallego en el final de los años de Manuel Fraga y su influencia resultó fundamental durante la presidencia de Alberto Nuñez Feijóo
Cuando Barral fue detenido por contrabando, Louzán asumió la alcaldía y en 2002 se convirtió en presidente de la Diputación de Pontevedra. Se consolidó así como uno de los hombres fuertes del PP gallego en el final de los años de Manuel Fraga y su influencia resultó fundamental durante la presidencia de Alberto Nuñez Feijóo, para el que fue un apoyo imprescindible.
Su trayectoria en la política gallega terminó tras las elecciones municipales de 2015, en las que perdió la presidencia de la Diputación de Pontevedra a manos del Partido Socialista. Para entonces Louzán ya había estrechado su colaboración con el fútbol gallego gracias a los proyectos de remodelación de campos de fútbol municipales. Proyectos que se convirtieron en una de las señas de identidad de su gestión y que ahora podrían terminar con sus ilusiones de ser presidente de la RFEF, pero que, en ese momento, le permitieron introducirse en el fútbol gallego. Gracias a esos contactos, en diciembre de 2014 se convirtió en presidente de la Federación Gallega de Fútbol.
Años más tarde Louzán fue acusado de fraude y prevaricación en las obras de remodelación del campo de fútbol de Moraña, dentro de la conocida como Operación Patos que investigó la corrupción en la provincia de Pontevedra y que correspondían a su etapa como presidente de la Diputación. Un recurso de Louzán consiguió que se le retirara la acusación de fraude. pero en 2022 fue condenado por prevaricación, al cobrar 86,311 euros por unas obras que ya se habían realizado anteriormente.
Desde la presidencia de la Federación Gallega de Fútbol, Louzán demostró las mismas habilidades para tejer alianzas que le habían permitido abrirse paso en la Diputación de Pontevedra. Como uno de los barones de la RFEF, se ganó el respeto de Ángel María Villar. Luego, con Rubiales no tuvo una relación demasiado fluida, aunque supieron convivir. Una vez que este dimitió, fue sustituido por Pedro Rocha, con el que tenía una gran sintonía. Gracias a eso se convirtió en un puente entre la RFEF y La Liga, dos instituciones fundamentales en el fútbol español y que arrastran grandes diferencias por la tensión que siempre ha existido entre Javier Tebas y Luis Rubiales. A Rafel Louzán, en cambio, le une una buena relación con Tebas desde su etapa como presidente de la Diputación y el propio presidente de La Liga la ha mostrado públicamente su respaldo como nuevo presidente de la RFEF.
Ahora, el nombramiento de Louzán ha despertado mucha desconfianza en el Gobierno y en las instituciones deportivas y su elección como presidente queda pendiente de la decisión del Tribunal Supremo justo cuando España ha sido confirmado como país organizador del Mundial 2030.
Desde la salida de Rubiales de la RFEF, el Gobierno ha tratado de encontrar un presidente que diera estabilidad suficiente para organizar el mayor evento del fútbol mundial, pero se ha encontrado con la independencia de la RFEF, el rechazo de FIFA y UEFA a cualquier intervención en las decisiones de la federación y una Asamblea General que no ha sido capaz de elegir a un presidente de la RFEF que no esté manchado por una trayectoria libre de problemas judiciales. Si en los próximos meses el nuevo presidente se ve obligado a dejar su cargo, volverá a iniciarse un proceso que se prolonga ya más de un año. Si finalmente se admite su recurso, liderará la organización de un evento con un presupuesto millonario un dirigente que no cuenta con la confianza del resto de instituciones implicadas en el próximo Mundial 2030.