República del Sudán
Refugiados sudaneses en Níger: una tragedia humanitaria en el corazón del desierto

En Agadez, en un campo de refugiados alejado de toda población, cientos de personas refugiadas, en su mayoría provenientes de Sudán, esperan poder avanzar durante meses y años, en condiciones indignas.
Refugiados Niger
3 feb 2025 06:00

En Agadez, Níger, los refugiados sudaneses han estado librando una lucha abierta durante más de 130 días, en protesta por la situación trágica que viven en el campamento donde residen. Exigen el mínimo necesario para una vida digna: protección, atención médica, alimentos y agua potable. Mientras se ven privados de lo más necesario para vivir, estas personas sufren una represión brutal por parte de las autoridades nigerinas, llegando al asesinato del refugiado sudanés Adam Mosaab. También denuncian casos de acoso sexual hacia las mujeres. Perseguidas por  la muerte, el secuestro y la tortura a lo largo y ancho del desierto del Sáhara y el norte de África, tras huir de su país en guerra desde abril de 2023, buscan un refugio seguro para sobrevivir. No es el caso de Agadez donde sus condiciones son mucho peores de lo que esperaban. No quieren quedarse en este lugar árido, pues sufren de tormentas de arena frecuentes, no hay lugares para asearse y la higiene está completamente ausente.

Ahmed llegó a Agadez en 2017. Este refugiado sudanés no se llama así, pero prefiere no dar su nombre real pues teme represalias de las autoridades nigerinas. Explica cuáles son las condiciones de vida de los cientos de personas refugiadas que viven en los campamentos. “Ahora llevamos más de 120 días de protesta pacífica, reclamando nuestros derechos básicos: protección, atención médica, alimentos, agua y refugio. Vivimos completamente aislados en el corazón del desierto, y nadie se preocupa por nosotros. Estamos en condiciones duras e inhumanas, y las mujeres aquí sufren doblemente debido a la falta de atención médica, higiene y las constantes amenazas de acoso y violencia”, declara.

Según las estadísticas de Acnur, el 31 de diciembre de 2023, la ciudad de Agadez acogía a 886 refugiados y 1,902 solicitantes de asilo. Se estima que aproximadamente el 87% de este grupo —2.427 personas— son de origen sudanés. En septiembre de 2024, ante el agravamiento del conflicto entre los refugiados y las entidades responsables, representadas por Acnur y las autoridades nigerinas, los refugiados decidieron protestar para exigir sus derechos.

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Ahmed señala además que la ayuda financiera es escasa y la atención médica está casi ausente. Afirma que el dinero que se les facilita  “es insuficiente, no superando los 50 dólares al mes. No hay instalaciones sanitarias. Había un médico, pero se fue, y en la actualidad carecemos de personal médico. No tenemos otra opción que intentar sobrevivir en este lugar tan duro. En cuanto al agua, el elemento básico de la vida, es muy amarga y no es potable, pero no tenemos otra opción que beberla”.

El 6 de diciembre de 2022 se inauguró el proyecto de extensión de la red de agua en Agadez, financiado por ACNUR con un presupuesto de 325 millones de francos CFA (aproximadamente 577.000 dólares estadounidenses), en colaboración con el Gobierno de Italia, la organización APBE y la empresa SEEN. El objetivo de este proyecto, según ACNUR y sus socios, era mejorar el acceso a agua potable para más de 5.000 personas en la región (1). Sin embargo, a pesar de los grandes fondos invertidos en este proyecto, los refugiados seguían denunciando que el agua proporcionada en el centro no era potable, viéndose obligados a beberla a pesar de los riesgos de contaminación.

Esta situación tiene graves consecuencias: “Han surgido muchas enfermedades entre los refugiados debido a la falta de agua potable. Muchos de nosotros sufrimos problemas estomacales e intestinales, además de desnutrición y casi nula atención médica”, denuncia Ahmed, y continua: “No pedimos mucho, solo queremos vivir con dignidad. Queremos protección y atención médica, y pedimos soluciones urgentes para nuestra situación. Ya no tenemos esperanza en ACNUR ni en ninguna organización internacional, incluso nuestros documentos de asilo se pierden. Exigimos que se considere nuestra situación de manera seria, no podemos vivir aquí en este desierto árido sin futuro”. 

Mosaab Mohamed: la muerte de un refugiado

Un episodio de violencia pesa en la memoria de las personas refugiadas en Agadez. El 25 de mayo de 2022 tuvo lugar un asesinato en el campo de refugiados de Agadez, donde perdió la vida un joven sudanés, Mosaab Mohammed Hamad Adam, reconocido como refugiado en el Estado de Níger en virtud de las disposiciones de la Convención de Ginebra de 1951, la Convención de la Organización para la Unidad Africana de 1969 y la Ley Nº 97-016 del 20 de junio de 1997 relativa al estatuto de los refugiados en Níger. Las declaraciones y testimonios difieren sobre si la causa de la muerte fue producida por una bala, una bomba o una piedra.

Sobre el asesinato del refugiado sudanés, Ahmed señala a las autoridades nigerinas. Cuenta que el 25 de mayo de 2022, “ACNUR nos dijo que Mosaab había sido asesinado con una piedra a manos de otros refugiados, pero más tarde descubrimos que un agente de las autoridades nigerinas portaba un arma de fuego y había disparado una bala que atravesó su cabeza. El informe presentado por la ACNUR no es preciso”, denuncia. La esposa de Mosaab se negó a aceptar el informe de defunción, considerando que era un informe falso, Ahmed añade: “El difunto dejó a su esposa viuda, en un estado psicológico crítico y de aislamiento social. Cuando fue obligada a firmar un certificado de defunción falso, se negó a hacerlo y a recibir dicho certificado, porque este decía que su esposo había sido asesinado con una piedra, lo cual no es cierto”.  

En grabaciones de audio, que los refugiados en Agadez aseguran que pertenecen a Mr. Emmanuel Gignac, representante de ACNUR en Níger, durante un discurso informal que dio frente a un grupo de refugiados y autoridades civiles, este insiste en la hipótesis de que la muerte de Mosaab fue causada por una piedra lanzada en lo que califica como una “manifestación violenta”, aunque reconoce que hay quienes afirman que fue disparado. En el audio, Gignac dice basarse en lo que le dijo el doctor en el hospital. Sin embargo, en un vídeo facilitado por un refugiado, se escucha el disparo de una bala antes de registrarse el cadáver tirado en el suelo.

Otro refugiado Ibrahim (nombre no real) reconstruye los hechos: “En la mañana del miércoles 25 de mayo de 2022, alrededor de las diez, escuchamos el sonido de disparos dentro del centro humanitario, frente a la escuela de los niños, lo que provocó los gritos de los niños y extendió el terror y el miedo entre los refugiados”. Añade: “cuando llegamos encontramos a dos personas en un vehículo militar con armas de fuego. Luego nos sorprendió un intenso lanzamiento de gases lacrimógenos por parte de la policía, y momentos después comenzaron a disparar balas reales directamente hacia nosotros, lo que provocó que uno de los refugiados recibiera un disparo en la cabeza y muriera al instante. De manera brutal, dejaron una cicatriz imborrable en nuestras almas y en las de nuestros hijos”.

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Todos los caminos llevan a Agadez

En 2015 los países de la UE se reunieron en Malta, en el marco de su política de externalización de las fronteras. Como explica Sani Ladan en su libro La Luna está en Duala (Plaza y Janés, 2024) “decidieron entonces crear un muro invisible en la puerta del desierto del Sahara, precisamente en Agadez. El objetivo de aquella cumbre era frenar la inmigración africana hacia Europa”.  En este marco, los países del norte de África: Libia, Marruecos, Argelia y Túnez, llevan a cabo intensas campañas de deportación hacia el sur y el desierto. Según recogía la propia ACNUR en 2020, se registra también un “aumento en el número de personas que dejan Libia o son deportadas de Argelia hacia territorio nigeriano.

Hafiz Terjuk, sobreviviente de la masacre del 24 de junio en Melilla y autor de la novela La muerte del viernes, habla desde su propia experiencia: “Es muy difícil atravesar Agadez hacia el norte, cada noche vemos decenas, cientos de migrantes que son rechazados hacia Níger. Las autoridades argelinas entregan a los migrantes a las autoridades nigerinas, quienes luego los traen a Agadez”.

En 2017 cuando llegaron los primeros solicitantes de asilo a Agadez , el centro aún no había sido construido. Quedaron unos meses en las calles de Agadez, explica Ahmed, “hasta que la OIM nos acogió. Después, fuimos transferidos a ACNUR, que alquiló viviendas para nosotros en la ciudad durante nueve meses. Pero más tarde, nos trasladaron a un nuevo centro a 19 kilómetros de la ciudad, en pleno desierto”. Según un informe de la Agencia, las instalaciones cuentan con más de 330 unidades habitacionales para refugiados, cocinas comunitarias y oficinas para el personal que trabaja en el lugar. Tiene una capacidad para más de 1.300 personas, y se mantienen tres casas adicionales disponibles en la ciudad de Agadez para los casos más vulnerables. Sin embargo, los refugiados dentro del centro se encontraron lejos de todo. “Sentimos que nos habían aislado del mundo. La temperatura en el centro supera los 45 grados, y las condiciones de vida eran muy duras. La comida que nos daban era comida precocinada e insalubre” dice Ahmed .

A finales de 2019 aconteció una gran crisis para los refugiados en Níger. “La ACNUR nos informó que nuestros expedientes se habían perdido. Nos sentimos muy asustados, especialmente porque no sabíamos qué pasaría con nosotros. Decidimos ir caminando a ACNUR en Agadez para reclamar nuestros derechos, que consistían en saber el destino de nuestros expedientes, para que nos dieran una respuesta verdadera sobre si habían destruido nuestros archivos a propósito”, recuerda Ahmed.

Los refugiados decidieron llevar a cabo una manifestación frente al centro de la comisión en Agadez como una forma de lucha pacífica. No pasaron muchos días antes de que las autoridades nigerianas intervinieran para dispersar la manifestación por la fuerza, lo que resultó en la lesión de varios refugiados. Ahmed recuerda cómo acabó esta movilización: “Nos lanzaron gases lacrimógenos y usaron granadas. Incluso las mujeres fueron golpeadas, y hubo quienes sufrieron fracturas en el brazo o la pierna, a pesar de que siempre exigimos nuestros derechos de manera pacífica. Después de golpearnos, nos obligaron a regresar al campamento, nos trasladaron por la fuerza en autobuses, y cuando llegamos, nos despojaron de nuestras ropas a la fuerza y nos obligaron a quedarnos desnudos. Incluso el aire era muy difícil de respirar. Permanecimos así todo un día sin agua, comida ni ropa”.  Organizados en torno a la cuenta Refugees in Niger, los refugiados sudaneses conservan imágenes de las lesiones sufridas en aquella ocasión por los manifestantes.  Ahmed agrega: “Sucedieron prácticas horribles con nosotros, las mujeres fueron agredidas sexualmente por las autoridades, que recogieron todos los teléfonos móviles de los refugiados, registraron a las mujeres y las acosaron. Hubo agresiones físicas y violaciones de nuestros derechos humanos”.

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Tras aquel episodio de violencia, el 4 de enero de 2020, Vincent Cochetel, el enviado especial de ACNUR para la región del Mediterráneo, publicó un tweet en el que decía: “El 80% del centro de recepción fue destruido por una minoría de refugiados de Darfur en Agadez que solo quieren escuchar noticias sobre el reasentamiento en Europa. Destruir el espacio de asilo en Níger o en cualquier otro lugar es más fácil que construirlo y protegerlo. Es un día triste para la protección de los refugiados en Níger”.

Los refugiados sudaneses niegan desde entonces su implicación en el incendio y acusan a las autoridades nigerianas y a su aliada, la oficina de ACNUR en Agadez. “Las autoridades nigerinas nos lanzaron gases lacrimógenos y gas tóxico cuando protestamos por la situación trágica en la que nos obligaron a vivir. Somos seres humanos, no tienen derecho a despojarnos de nuestras ropas, ni a maltratarnos y someternos a las peores formas de humillación, ni a retenernos por la fuerza”, dice Ahmed. 

La ciudad de Agadez, debido a la política de externalización de las fronteras europeas hacia África, se ha convertido en uno de los puntos fronterizos más peligrosos. Comparte fronteras al noroeste con Argelia y al noreste con Libia, lo que la convierte en un paso clave para los migrantes y solicitantes de asilo provenientes del sur o del este de África en su camino hacia Europa. Este punto fronterizo lleva años siendo testigo de asesinatos, agresiones sexuales contra las mujeres, así como de las protestas diarias protagonizadas por los refugiados.

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