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Italia
Un incendio destruye 17 coches Tesla en Roma

“Terrorism”. Con esta escueta respuesta a un usuario de X, el enfant terrible del gobierno Trump se expresaba al conocer la noticia: un incendio de madrugada había dañado parcialmente un concesionario romano de su empresa de automóviles y había destruido completamente 17 vehículos. Según han informado distintas agencias italianas, no hubo que lamentar ninguna persona herida. El fuego se desencadenó hacia las 4.30 y para cuando los bomberos acudieron al lugar, las llamas ya se habían extendido por la zona, desde la cual se elevaba una alta columna de humo.
Los agentes consiguieron finalmente apagar las llamas con no pocas dificultades. Según las primeras declaraciones de la policía, el incendio se habría iniciado desde distintos puntos a la vez, por lo que se presupone que fue provocado. El suceso tenía lugar menos de dos semanas después de un evento similar en Las Vegas (por el cual esta semana ha sido arrestado un hombre de 36 años como presunto culpable) y a apenas un mes del primer gran ataque a la compañía en Europa, una acción incendiaria contra la Gigafábrica 4 de Berlín reivindicada en Indymedia por un grupo militante con el título “fuego contra los tecnofascistas”.
Tras la pista anarchica
Aun sin conocer a ciencia cierta la dinámica que ha provocado el incendio en el concesionario de la periferia este de Roma, todo hace suponer que se trata de un nuevo caso de boicot contra el oligarca sudafricano. Una nueva acción en el contexto del movimiento espontáneo y descentralizado que en las últimas semanas ha denunciado y atacado a la principal empresa de Musk, en una campaña conocida como Tesla Takedown, a la que pueden adscribirse las acciones de Las Vegas y Berlín.
“Sin duda, las modalidades con que ha tenido lugar este episodio […] permiten considerar como muy posible la autoría anarquista antagonista; un mundo desde el que ya se han levantado críticas y anunciado acciones contrarias a este grupo empresarial”, ha declarado el ministro de Interior Matteo Piantedosi a la agencia Adnkronos. La “sospecha anarquista” (pista anarchica) es, desde hace décadas, la primera hipótesis de trabajo de los investigadores ante cualquier acto de “vandalismo” o “terrorismo” en Italia, a pesar de la heterogeneidad del universo anarquista transalpino. Un tic policial-judicial que tiene su paradigma en el caso de Giuseppe Pinelli, militante anarquista que en 1969 fue acusado, sin pruebas, del atentado de Piazza Fontana, en Milán, en el que murieron 17 personas y 88 resultaron heridas.
La “sospecha anarquista” es, desde hace décadas, la primera hipótesis de trabajo de los investigadores ante cualquier acto de “vandalismo” o “terrorismo” en Italia
Pinelli fue arrestado y sometido a interrogatorios extenuantes durante tres días y tres noches, tras lo cual “cayó” desde una ventana del cuarto piso de la comisaría en la que estaba retenido. A su historia le dedicaría el año siguiente Dario Fo su famosa obra de teatro Muerte accidental de un anarquista. Las posteriores investigaciones —militantes y policiales— demostraron la inocencia de Pinelli y la responsabilidad directa del grupo neofascista Ordine Nuovo.
Una acción no reivindicada
En el caso del concesionario Tesla de Roma, la acusación hacia los “anarquistas” —expresión genérica que activa miedos casi atávicos en la opinión pública italiana— ha sido compartida por la gran mayoría de los grandes medios del país. No obstante, en el momento de escribir estas líneas no ha trascendido ningún mensaje reivindicativo de la acción. Esto, junto a la ausencia de acusaciones concretas por parte de la policía —que probablemente ya haya analizado las cámaras de seguridad—, hace suponer que el ataque quedará anónimo e impune.
Por otro lado, la respuesta de la fanbase institucional del magnate trumpiano en Italia no se ha hecho esperar. Aunque la presidenta Meloni no se haya pronunciado sobre el caso —a pesar de su excelente relación con Musk, que asistió como invitado principal a la reunión de las juventudes de Hermanos de Italia—, sí lo han hecho otros miembros de la coalición política que encabeza. Tras saltar la noticia, Matteo Salvini, trumpista convencido, se apresuraba a declarar en X: “Manifestaciones violentas, insultos, asaltos e incendios. Demasiado odio injustificado contra el fabricante de automóviles Tesla. La temporada de odio y de guerras debe acabar lo antes posible. Toda mi solidaridad hacia Elon Musk y hacia todas las trabajadoras y trabajadores amenazados y agredidos”.
En el momento de escribir estas líneas no ha trascendido ningún mensaje reivindicativo de la acción
Por su parte, el senador leguista Claudio Borghi interpretaba lo sucedido con algo menos de demagogia, en una entrevista para la revista Wired: “Creo que desde hace mucho se ha ido más allá del mero vandalismo, porque el vandalismo es genérico. Cuando es dirigido se convierte en otra cosa. Atacar a Tesla significa dañar no solo esos coches, sino a toda la sociedad americana por motivos claramente políticos”.