Derecho a la vivienda
Las cinco huelgas de alquileres que cambiaron las reglas del juego

Examinamos algunos hitos en la historia de los inquilinos que se han organizado para exigir mejores viviendas y un futuro prometedor.

Huelgas alquiler
Manifestación durante una huelga de alquileres. Foto: Red Pepper
Traducción: Isabel Pozas González
13 feb 2018 08:03

Las huelgas de alquileres son la historia de una resistencia conjunta extraordinaria, de una organización comunitaria innovadora; suponen un rayo de esperanza en la historia sórdida y oscura del capitalismo y de la explotación de la clase obrera. Las huelgas de alquiler conllevan la materialización del poder colectivo y el recuerdo de que la fuerza del cambio reside en manos de las personas.

Estas huelgas, que a veces se han usado para apoyar una huelga general y otro tipo de luchas más amplias, han sido decisivas para cambiar la legislación en materia de vivienda y de derechos de los inquilinos. Os presentamos cinco huelgas que tuvieron lugar en distintos momentos y que cambiaron la historia.

Glasgow, 1915

Durante la Primera Guerra Mundial, las mujeres de Glasgow fueron amenazadas con subidas en los alquileres mientras los hombres estaban lejos de sus casas, combatiendo en la guerra, y miles de trabajadores acudían en masa a Glasgow para trabajar en los astilleros y en las fábricas. La Glasgow Women’s Housing Association (Asociación de Mujeres de Glasgow por la Vivienda), organizada para luchar contra las terribles condiciones de vida y liderada por Mary Barbour, Mary Laird y Helen Crawfurd, estableció comités de inquilinos, organizó huelgas de alquileres, que arrancaron en mayo de 1915, y protestas masivas para apoyar a aquellos que se enfrentaban a acciones legales y oponían resistencia ante los desahucios. La resistencia a los desahucios era militante y a menudo se enfrentaban con los hombres del juez y los administradores de las fincas, a los que lanzaban harina y basura.

En noviembre de 1915, 20.000 personas fueron a la huelga de alquileres, a la vez que las organizaciones sindicales, haciendo caso omiso de la normativa de guerra, amenazaban con una huelga en las fábricas si la policía intentaba llevar a cabo una represión masiva. La huelga de alquileres también se extendió a otros lugares, y al final se retiraron todas las acciones legales contra los huelguistas y se introdujo en el Parlamento británico el Rents and Mortgage Interest Restriction Bill (proyecto de ley sobre las restricciones del interés en alquileres e hipotecas). Fue la primera vez que el Gobierno intervenía para controlar los alquileres privados.

Barcelona, 1930

Tras la caída de la dictadura militar de Miguel Primo de Rivera en España, se permitió que los sindicatos anarquistas revolucionarios, como la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), se volvieran a organizar. El problema se centró, cada vez más, en la crisis de la vivienda y se estableció el Comité de Defensa Económica.

En una multitudinaria manifestación que tuvo lugar el Primero de Mayo, el comité expuso sus reivindicaciones: una reducción del 40% del precio del alquiler, lo que, posteriormente, se amplió a una petición de que quienes estuvieran desempleados no tuvieran que pagar nada, y dijeron que si los propietarios se negaban a aceptar sus demandas, los inquilinos irían a una huelga de alquileres.

Se estima que 45.000 personas no pagaron el alquiler en julio, alcanzando las 100.000 personas en agosto, cuando los propietarios rechazaron esta propuesta de manera inesperada. A pesar de la fuerte represión policial, la ilegalización de las huelgas de alquiler y las numerosas detenciones de activistas e inquilinos, la huelga persistió. Los propietarios a menudo se vieron forzados a negociar con los huelguistas y las familias continuaron volviendo a las casas de las que habían sido desahuciadas. Aunque el movimiento consiguió solo unos pocos derechos, fue el momento en que muchos miembros de la comunidad se radicalizaron e hizo que se estableciera el escenario de la revolución y de la guerra civil que iba a estallar en 1936.

Universidad de Sussex, años 70

En el primer trimestre universitario de 1971, se formó una asociación de inquilinos en la Universidad de Sussex con el objetivo de abordar problemas tales como las malas condiciones del alojamiento universitario y para protestar contra el plan de la Administración de construir un nuevo edificio igualmente insuficiente.

La Asociación de Inquilinos de la Universidad de Sussex (USTA, por sus siglas en inglés) solicitó que hubiera una representación de estudiantes en la toma de decisiones en lo que respectaba al alojamiento futuro y que no se firmara un contrato de préstamo para su desarrollo hasta que la USTA no enviara propuestas alternativas, lanzando una huelga de alquileres para presionar a la universidad y que aceptara sus peticiones. El 77% de los estudiantes del campus dejó de pagar su alquiler ese trimestre y el movimiento se extendió a la par que los huelguistas ampliaron sus reivindicaciones.

Mientras tanto, el sindicato de estudiantes alegaba que el problema de la vivienda tenía “un vínculo indisoluble con el problema generalizado de vivienda que sufría el país”, y reclamaba que los obreros controlaran la industria de la construcción y la “adquisición de todas las propiedades vacías, incluidos los bloques de oficinas y los apartamentos de lujo”. Pese a las amenazas de la Administración, el impago alcanzó las 35.000 libras en 15 semanas. Aceptaron desconvocar la huelga cuando la universidad aceptó que la nueva residencia no se construyese y que el incremento del alquiler de un 6,5% fuera reducido a un 3,5%. Los estudiantes siguieron organizándose y realizando huelgas. Se convocaron huelgas de alquileres en 44 campus de todo el país como protesta por la rebaja de las becas en 1972.

Cut the Rent, 2015-presente

En protesta contra los alquileres desmesurados y las malas condiciones de vida, los estudiantes de las residencias de la University College London (UCL) organizaron la campaña Cut the Rent ("recorta el alquiler"), y unos 150 estudiantes de la universidad se pusieron en huelga en el segundo trimestre de 2015. Gracias a las visitas de puerta en puerta y a reuniones periódicas, la huelga se extendió enseguida a otras residencias de la universidad a finales de abril de 2016, y se estima que unos mil estudiantes de las residencias de la UCL se pusieron en huelga.

Esas huelgas fueron apoyadas por manifestaciones en el campus y en sus alrededores, y pronto captaron la atención de la prensa nacional. Los estudiantes empezaron a negociar con las residencias de la UCL en junio de 2016, y al final consiguieron que se destinaran 850.000 libras para becas de alojamiento para los siguientes dos años.

Los estudiantes de la UCL se volvieron a poner en huelga el año siguiente, con lo que consiguieron que esas becas alcanzaran 1,2 millones de libras y se aseguraron un recorte en los alquileres para el año académico 2018/2019. Desde entonces, el movimiento Cut the Rent se ha extendido a campus de todo el país, incluyendo las exitosas huelgas de alquileres en Goldsmith y en la Universidad de Sussex.

Parkdale, 2017

Parkdale es un vecindario mayoritariamente de clase obrera y de inmigrantes de Toronto que presenta una alta densidad de arrendamientos. Parkdale Organize ("Parkdale se organiza"), un grupo formado en 2014 e integrado por inquilinos del vecindario, ya había tenido éxito en una serie de conflictos contra Akelius, uno de los propietarios, que incluían la lucha contra el traslado forzoso de inquilinos, la creación de espacios comunes para niños y el apoyo a una huelga local contra un empresario local.

En febrero de 2017, los inquilinos de los edificios MetCap del vecindario empezaron a movilizarse para organizar una huelga de alquiler como respuesta a la propuesta del propietario de subir los alquileres y la falta de reparaciones. Organizaron una gran manifestación el 30 de abril para anunciar la huelga de alquileres que se iba a llevar a cabo al día siguiente, en la que participaron 200 inquilinos de seis edificios. Luego se extendió a seis edificios más, y en junio, 300 inquilinos se habían sumado al movimiento.

Procedieron a cerrar el juzgado y pararon la aprobación de la aplicación de la subida del alquiler propuesta por el propietario. La huelga consiguió que el casero entrara en negociaciones con la organización, y acabaron no solo resolviendo los problemas de mantenimiento, sino también reduciendo sustancialmente las subidas de los alquileres de los edificios. La victoria fue tan importante que el grupo no pudo revelar las cifras oficiales del precio del alquiler.

La huelga de alquiler de Parkdale, la primera que ocurre a tan gran escala en viviendas privadas en los últimos años, y el rotundo éxito que la acompañó, es una historia esperanzadora de organización comunitaria en un momento en el que parece que las fuerzas del capitalismo tardío pueden habernos pulverizado por completo. El alquiler se ha convertido en una parte tan paralizadora de nuestras vidas que, con frecuencia, parece que es un fenómeno totalmente inmune al cambio. El momento del pago mensual es una fuente de ansiedad y estrés personal.

La táctica de la huelga de alquileres está reapareciendo con movimientos contemporáneos que siguen el ejemplo de movimientos anteriores en Sudáfrica, Chicago y Liverpool, por nombrar algunos. No solo nos sirven para recordar que las huelgas de alquileres y la acción directa funcionan, sino que también colectivizan nuestras esperanzas de estilos de vida más asociativos y en un futuro diferente y mejor.

* Artículo publicado originalmente en Red Pepper.

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