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Israel
La masacre israelí en Gaza se recrudece ante la ausencia de presiones globales para volver a la tregua

La ofensiva del Ejército israelí en Gaza atraviesa una nueva fase. Ahora, las operaciones israelíes en la franja son tan mortales como antes, pero lo son mientras la pasividad de la comunidad internacional alcanza su punto álgido desde octubre de 2023. El cambio de inquilino en la Casa Blanca ha dado paso a un período en el que las autoridades israelíes ni tan siquiera se enfrentan a presiones significativas para regresar a una tregua que termine con las hostilidades. El propio Donald Trump habla abiertamente de perpetrar la limpieza étnica del litoral palestino, algo que da amparo a la decisión de los dirigentes israelíes de apartarse de la tregua que ellos mismos habían firmado el pasado enero con Hamás.
El nuevo contexto dispara el desconcierto entre la misma sociedad israelí. Durante las últimas horas, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha anunciado que sus tropas “incrementarán la presión militar en el enclave paso a paso hasta que nos entreguen los cautivos”. Pero muchos israelíes ponen en duda que el objetivo de su Gobierno en Gaza sea liberar los rehenes. El pasado 18 de marzo, el Ejecutivo de Netanyahu optó por hacer volar por los aires una tregua que estaba teniendo éxito y que hubiera terminado con todos los cautivos que siguen en la franja de vuelta a casa.
Perder la silla de primer ministro incrementaría la vulnerabilidad de Netanyahu ante los tribunales israelíes que lo investigan por múltiples casos de corrupción
La voladura del alto el fuego, cuya construcción había supuesto meses de trabajo diplomático, no fue una sorpresa. Nada más empezarla, Netanyahu —perseguido por la justicia internacional por presuntos crímenes de guerra cometidos en la actual ofensiva gazatí— aseguró a sus ministros que la tregua no alcanzaría la Fase 2 del acuerdo, en la que se preveía la retirada total de las tropas israelíes de la franja. Los miembros más radicales de su Ejecutivo lo amenazan con dejar caer el Gobierno si la ofensiva contra Gaza —que ya ha provocado más de 50.000 víctimas mortales confirmadas— no continúa. Perder la silla de primer ministro incrementaría la vulnerabilidad de Netanyahu ante los tribunales israelíes que lo investigan por múltiples casos de corrupción.
En Gaza, donde viven encerradas más de dos millones de personas, la decisión israelí de retomar la ofensiva se percibió sin previo aviso a las dos de la madrugada. La franja —cuyo tamaño geográfico equivale a la mitad de la ciudad de Madrid— tembló ante la caída de un bombardeo indiscriminado. “El llanto de las madres y los gritos de los niños retumbaban en mis oídos”, decía aquel mismo día Abubaker Abed, periodista gazatí, al medio de comunicación Drop Site News. “Bombardearon cerca de casa. No sabía a quién llamar. No me sentía las piernas. Era la misma sensación que nos había perseguido durante 16 meses”. Según el ministerio de Sanidad de Gaza, aquel día los ataques israelíes provocaron la muerte de al menos 436 gazatíes, de los cuales 183 eran niños.
Matanzas, hambre y proyectos de limpieza étnica
Durante las poco más de dos semanas desde aquel 18 de marzo, la reanudación de las operaciones israelíes en Gaza ha causado más de 1.050 víctimas mortales. Todos los días existen masacres que parecen carecer de proporcionalidad militar. El miércoles 2 de abril, un bombardeo israelí contra un centro de las ONU en Jabalia mató 22 personas, entre ellas nueve niños. La ONU asegura que el centro refugiaba población desplazada. Israel alega sin aportar pruebas que Hamas tenía un centro de comando en el edificio. Dos días antes se había celebrado el funeral de los 15 paramédicos que la Media Luna Roja Palestina acusa Israel de asesinar “a sangre fría”. Sus cuerpos y sus ambulancias estaban enterrados en una fosa común improvisada en las afueras de Rafah. “Lo que ha ocurrido aquí es un horror absoluto”, dice ante el lugar de los hechos Jonathan Whittal, de la Oficina Humanitaria de la ONU. El Ejército hebreo dice que abrió fuego contra vehículos que se acercaban “de manera sospechosa”.
Las 25 panaderías apoyada por las agencias de la ONU han tenido que cerrar, y el Programa Mundial de Alimentos indica que solo quedan provisiones para una semana más
Las matanzas se suceden en un contexto de alarma humanitaria. Las autoridades israelíes implicadas en la ofensiva, participadas por miles de ciudadanos de Israel, aplican un asedio medieval sobre la franja desde el 2 de marzo. Hace un mes que Israel bloquea el acceso de una sola botella de agua o de una sola rebanada de pan al enclave palestino. Las 25 panaderías apoyada por las agencias de la ONU han tenido que cerrar, y el Programa Mundial de Alimentos indica que solo quedan provisiones para una semana más.
Desde que Israel terminó con la tregua, las negociaciones para acordar un nuevo alto el fuego o para revivir el anterior existen. Pero los dirigentes israelíes las afrontan excluyendo cualquier opción que les comprometa a abandonar la franja de Gaza ni a silenciar las armas. Israel, de hecho, trabaja públicamente para lograr todo lo contrario. Después de que Trump anunciara en enero su intención de expulsar los gazatíes y de construir en la franja una Riviera de Oriente Medio —un proyecto del cual no se tienen noticias—, los líderes israelíes se han atrevido a trabajar en la misma dirección.
El Ejecutivo israelí anunció a finales de marzo la creación de un comité en el interior del Ministerio de Defensa que impulsaría la “salida voluntaria” de palestinos de Gaza “hacia terceros países”. Según Axios, un portal bien conectado con los líderes hebreos, Netanyahu ha ordenado a la inteligencia israelí que persuada a gobiernos extranjeros de recibir grandes cantidades de palestinos. Ya habría habido contactos con Somalia y con Sudán del Sur, países sumidos en la pobreza y el conflicto, además de con Indonesia.
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Se suele decir que la continuación de la guerra en Gaza sirve como huida adelante para Netanyahu. El primer ministro lidia con miembros de su Ejecutivo que exigen la perpetuación de las operaciones militares en el enclave, y además, la tensión bélica —sea en Gaza o en el resto de la región— permite a Netanyahu alegar que no es el momento adecuado para que los tribunales israelíes procesen al jefe del Gobierno.
Meir Margalit, sin embargo, rehúye de la teoría de la huida adelante. Margalit es un activista israelí y militante histórico de Meretz, el partido israelí tradicionalmente contrario a la ocupación de los territorios palestinos. “El juicio que existe contra él en Israel no hará que la gente deje de votarlo”, indica Margalit. “La motivación principal de Netanyahu [en la continuación de la guerra] es pasar a la historia como la persona que destruyó Hamás, Hezbolá e Irán. Está tratando de borrar de la memoria nacional el hecho de que él era el responsable principal del país durante el 7 de octubre, [está tratando de hacer olvidar] que él había ido fortaleciendo a Hamás con el dinero de Qatar”.
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El Gobierno capitaneado por Netanyahu y participado por ministros declaradamente supremacistas está aprovechando el contexto bélico para llevar a cabo decisiones controvertidas a nivel doméstico. Durante los últimos días, el Ejecutivo ha votado para despedir Ronen Bar, el jefe de la agencia de inteligencia israelí Shin Bet. Bajo la supervisión de Bar, el Shin Bet había empezado a investigar la relación entre Qatar y el entorno de Netanyahu después de que saltara a la luz que el emirato —el mismo que aporta financiación a Hamás— paga los sueldos de personas cercanas al primer ministro.
Hay otros elementos para pensar que Bar es alguien incómodo para Netanyahu. El marzo de 2023, antes del 7 de octubre, Bar habría indicado a Netanyahu que las tensiones en Israel a raíz de la reforma judicial del Gobierno —conocida como “golpe judicial”— estaban propiciando una oportunidad para los enemigos de Israel. Tras la votación para su despido —que el Tribunal Supremo ha congelado por ahora—, Bar publicó una carta en la que acusaba Netanyahu de poner la seguridad nacional en riesgo por motivaciones políticas con su despido en un momento crítico. Se teme que Netanyahu pueda reemplazar a Bar con alguien fiel que suspenda las investigaciones sobre su relación con Qatar.
“Lo que este Gobierno más quiere es anexionarse Cisjordania. Y por ahora, la Corte de Justicia y la fiscalía son los que más obstáculos ponen”, refiere el activista Meir Margalit
También recientemente, el Gobierno ha iniciado los procedimientos para apartar de su posición a Gali Baharav-Miara, la todavía hoy fiscal general de Israel. Baharav-Miara se opone a la exención militar de decenas de miles de hombres ultraortodoxos, algo que los miembros ultraortodoxos del Ejecutivo exigen como condición para la estabilidad de la coalición gubernamental. Además, un fiscal más cercano a Netanyahu podría suspender los juicios que existen contra él. “Netanyahu quiere echar a Baharav-Miara porque ella no le permite hacer lo que se le antoje”, dice Margalit: “lo que este Gobierno más quiere es anexionarse Cisjordania. Y por ahora, la Corte de Justicia y la fiscalía son los que más obstáculos ponen”. Meses atrás, múltiples miembros del Ejecutivo advirtieron que 2025 sería “el año de Cisjordania”.
Intentos de despido como estos sumados a la revivida reforma judicial —iniciada en 2023 e interrumpida por la guerra en Gaza— provocan protestas en Israel. “El Gobierno israelí está amenazando las instituciones democráticas del país más que nunca”, denuncia Dahlia Scheindlin, analista política israelí. “Esto constituye una amenaza a la libertad de sus ciudadanos, a quienes además se está poniendo en riesgo físicamente con una aparente política de continuar de manera ilimitada tanto la guerra en Gaza como el ciclo de violencia militar en general”, explica Scheinlin en declaraciones a El Salto Diario.
Con todo, Gaza sufre una ofensiva israelí que carece de objetivos claros, que tribunales internacionales investigan como posible genocidio y que se encuentra enrocada ante la falta de oposición global. “Si Israel no es disuadido por ningún actor, el Ejército israelí continuará con la ocupación total de la franja de Gaza y completará la anexión de Cisjordania”, prevé la observadora radicada en Tel Aviv. Scheindlin solo imagina una alternativa: “que haya un proceso de normalización entre Israel y Arabia Saudí, ya sea con el apoyo o bajo la presión de los Estados Unidos, que incluya las vías hacia la creación de un estado Palestino”.
Margalit también pone Arabia Saudí en el centro del desenlace de la ofensiva israelí en Gaza. “No veo ningún actor, ni en el ámbito internacional ni en el local israelí, que pueda presionar para parar esta locura”, lamenta el antiguo concejal en Jerusalén: “los que podrían hacer algo son los saudíes, pero no lo están haciendo. Ellos son los grandes cómplices de lo que está pasando en esta zona”. Margalit, sin embargo, apunta hacia una única oportunidad: “Trump viaja en mayo a Arabia Saudí. Puede que allí alcancen un acuerdo que implique el fin de esta guerra”.
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Los gobiernos sionistas, presentes y futuros, no van a parar el genocidio si “la comunidad internacional”, esto es, los gobiernos occidentales, no OBLIGAN a Israel a parar este “posible genocidio” (¡). Ahora, según el autor del artículo, es Arabia Saudí la que puede conseguir pararlo. Ojalá, pero esta segunda vía más parece una dilación que una posibilidad sería. Son el gobierno sionista y los gobiernos occidentales los únicos responsables de este GENOCIDIO y este hecho debe pesar sobre sus conciencias y sobre sus partidos políticos en futuras elecciones. Y frente a “la comunidad (genocida) internacional”, la alianza de los pueblos y su solidaridad con el pueblo palestino.
La complicidad de la mayoría de los medios de comunicación con “la comunidad internacional” es desesperante. No es periodismo, es manipulación informativa.
¡PAZ PARA PALESTINA, YA!