Ander Zurimendi: “Al salir de la cárcel los presos afrontan problemas como la jubilación”

Entrevistamos al periodista gazteiztarra Ander Zurimendi y adelantamos el primer capítulo de su libro Recoja sus cosas (Pol-len, 2017) que narra el proceso de readaptación de un grupo de expresos vascos tras su salida de prisión en 2013, después de haber cumplido más de una veintena de años, merced al ensañamiento de la doctrina Parot.

Ander Zurimendi Recoja sus cosas
Ander Zurimendi posa con su libro acompañado de los expresos Fernando Etxegarai (izda) e Iñaki Zugadi (dcha). Foto: Pol-len

publicado
2018-01-13 11:32:00

¿Cómo viven los presos de ETA su salida de la cárcel y su proceso de readaptación? Ander Zurimendi, periodista gazteitarra de larga trayectoria afincado en Catalunya nos introduce en su libro Recoja sus cosas (Pol-Len, 2017) en la vivencia del reencuentro con la realidad de un grupo de ex presos vascos del entorno bilbaíno. Katu, Eli, Chechu, Joseba, Iñigo, Boga y Pinki, salen de prisión en 2013 después de haber cumplido más de una veintena de años, merced al ensañamiento de la doctrina Parot, que alargó su estancia unos tres años de media. El panorama que encuentran resulta tan duro como emocionante: acoso policial, recuperación de la intimidad familiar, problemas físicos y psicológicos derivados del aislamiento, el descubrimiento de la nuevas tecnologías, la búsqueda de trabajo y, sobre todo, la sensación de libertad recuperada… En la mejor tradición del periodismo literario, que trata con mimo a los personajes sin juzgarlos, Zurimendi nos deja una pieza sensible para completar el “relato plural del conflicto vasco”. “Quiero que el lector pueda empatizar con el sufrimiento de estos presos”, afirma Zurimendi.

La reconstrucción de estos viajes personales hacia una nueva vida nos sitúa frente al ‘factor humano’ de aquella juventud abertzale que en los ochenta apostó por la lucha armada y que ahora solo aspira a retomar su vida cotidiana en libertad. Prologado por Arnaldo Otegi, con epílogo de ‘Alfon’ desde la prisión de Navalcarnero, y un anexo jurídico de Laia Serra y Carla Vall sobre esta figura penal del “derecho del enemigo”, este testimonio se convierte en una crítica implícita de la política punitivista que ha retrasado el fin de la violencia y las vías democráticas de resolución del conflicto.

Hablamos con Ander Zurimendi y tras la entrevista adelantamos el primer capítulo de Recoja sus cosas, la rocambolesca salida –con un punto de humor– de Katu (Joxe Mikel Abaitua) en 2013.

¿Qué parte hay de ficción en los relatos que se hacen en el libro? 
Este libro bebe de la tradición del periodismo literario. He realizado una serie de entrevistas en profundidad, y en base a ese material, poder traducir sus vivencias en una narración. Es una mezcla de ficción y reportaje, en la que reproducimos escenas que realmente se produjeron, así como las descripciones y los ambientes. Por lo tanto son hechos reales que los hemos narrado. 

En parte es una obra destinada a acercar estas situaciones a las que las desconocen
Entiendo que de este modo hay una posibilidad de crear una historia que una persona que la perciba más lejana pueda empatizar con ella. No hace falta una concordancia de ideas sino una empatía de lo que han sufrido, que ha sido de manera múltiple y multilateral, y ese era uno de los objetivos de este libro. Al inicio intentamos buscar una editorial de Madrid para darle una relevancia mayor en el entorno progresista, pero finalmente no salió, no se si porque ninguna editorial se atrevió o porque los volúmenes de publicación no daban para más, sin embargo el libro está funcionando. Por ejemplo en mi familia hay gente que no es abertzale, que al leer el libro me ha felicitado porque había cosas que no sabían y se alegraban de conocer esas vivencias.

¿Cuáles han sido los mayores obstáculos de los protagonistas al salir a un mundo que había cambiado desde su entrada en prisión?
Ese cambio se ve en diferentes aspectos. Hay una cierta brecha digital y sociológica porque son gente que ha pasado 30 o 20 años privada de libertad y no han tenido contacto con el exterior de forma directa. El uso del móvil o del whatsapp da pie a escenas anecdóticas, así como por ejemplo el uso del euro. Luego hay un segundo plano que es el choque emocional, referido a las relaciones con familiares, pareja, hijos, etc. Cómo un preso o presa ha vivido la relación de crianza con su hijo a cientos de kilómetros. De repente se encuentran con mucho tiempo por delante y están muy cerca de las que que antes estaban lejos. Por último, el tercer punto se refiere a los temas laborales o de salud. En el sistema penitenciario español, así como en muchos otros, no hay un buen sistema sanitario, y por ejemplo, cuando una persona sale fuera puede tener problemas de vista que no han podido ser tratados dentro. También respecto a la búsqueda laboral y con el contexto de desempleo actual, las personas que salen de la cárcel se encuentran con una situación poco esperanzadora. Entidades como Harrera Elkartea trabajan para conseguir puestos de trabajo o servicios sanitarios y psicológicos a estas personas. También hay que considerar el factor de la jubilación, que a muchas de las personas que salen les llega en breve, pero que no han podido cotizar al estar en la cárcel. 

¿Qué sentido tiene que más de seis años después del fin de ETA se sigan manteniendo las políticas de dispersión?
Hay una política de venganza del Estado español incluida en un marco, porque las cosas no son aleatorias. El relato de vencedores y vencidos es un relato peligroso, ya que no va a ser bueno y no es real, no ha habido una victoria militar del Estado español. Se crea una ficción en un escenario que hoy es mucho mejor que hace siete años .

¿Crees que algún gesto por parte de los presos hacia las (otras) víctimas sería positivo para ellas y para el proceso de paz?
Ya ha habido pasos y en general las personas que han militado en ETA son conscientes de lo que han hecho. Hay un reconocimiento general de que se ha generado dolor del mismo modo que te han generado dolor. Desde hace algunos años han hecho aportaciones para seguir consolidando un proceso vasco de normalización que no quiere de ninguna forma llevar al plano político sus ideales independentistas y socialistas.

¿Crees que la situación del procés catalán, con nuevos presos políticos, puede tener alguna deriva parecida a la del conflicto vasco?
El pueblo catalán y los partidos catalanes tenían que haber tenido más claro que iba a existir este movimiento de represión sabiendo lo que ha pasado en Euskal Herria, pero también en otras luchas como la represión en Gamonal, Murcia, los jornaleros del SAT o las huelgas. La represión y existencia de presos políticos es larga y ha existido en esos casos, incluso los ha habido en Catalunya previamente, condenados por la propia UE por no investigar las torturas que existían.

¿Tienes algún otro trabajo en marcha?
Estoy empezando un proyecto para explicar como se desarrolló la ilegalización de Batasuna en 2003, cuando unas personas de repente se convirtieron en ilegales y empezaron a hacer política en la clandestinidad. Quiero acercar esas situaciones en las que unas personas estaban acojonadas por pegar carteles de su partido o cómo era el desarrollar las asambleas en clandestinidad. Esas historias han pasado, se ha hablado mucho de la ilegalización de Batasuna, pero no en términos humanos.

Apuestas de nuevo por el mismo enfoque. 
Mediante el lado humano es por el que igual no vamos a conseguir entendernos pero si comprendernos. Es el lado por el que vamos a conseguir que amplias capas de la sociedad vasca mayores que las actuales tengan una sensibilidad para esta problemática.

Recoja Sus Cosas

[Katu] Su salida de prisión, año 2013


Un grito, de celda a celda, se cuela por la ventana.

–Katu, ¡pon el teletextooooo!

Y Katu, que tampoco tiene otra cosa que hacer en la soledad de su celda zaragozana, lo enciende. De hecho, intuye que se trata de la noticia de su excarcelación, La Noticia, en mayúscula.

–¡Katuuuu! –le vuelve a gritar su amigo, un antiguo miembro del GRAPO que ocupa la celda contigua–. ¿Te vas o qué?

Pero Joxe Mikel Abaitua, alias Katu -como así le apodaron en sus barrio, las Siete Calles de Bilbao-, no contesta. no tiene claro es cuándo se van a ordenar las primeras excarcelaciones. Así que lleva toda la jornada intentando hacer vida normal. Al llegar la hora de salir al patio se dirige con Alberto, colega de Barakaldo, al polideportivo del mako. Como siempre. De forma rutinaria.

Piiim, paaam, cada raquetazo suena un segundo después contra la pared. La pelota golpea y vuelve, ahí duerme parte de la idiosincracia vasca, siempre vuelve. Piiim, paaam, piiim... Ostia, la última no la ha visto venir bien, ha soltado el brazo hacia delante y lo único que ha golpeado ha sido el aire.

—Katu, ostia, ¿andas desconcentrado o qué?

No te jode, piensa Katu, pero no responde en voz alta, si no con otro palazo, paaaam, menudo saque, piiiiim, el colega le ha dado un buen revés, paaam, y entre pelotazo y pelotazo, pim, pam, Katu piensa que quizá es su último partidillo dentro.

Allá dentro, donde a la celda le llaman "txabolo" y a los carceleros "boqueras". Donde no se va al lavabo, si no al "tigre". Donde las comidas que te da la propia prisión son los "piris". Porque, de hecho, no siempre comen "piris". A veces, los días especiales, pasan por el supermercado de la cárcel y compran alguna lata de comida diferente. Y ese día es especial, aunque todavía no tenga claro que la Audiencia Nacional vaya a emitir la nota de su excarcelación. Demasiados años esperando. Bueno, 27 años y medio.

De todas formas, le convencen sus colegas, vamos celebrándolo por si acaso. Y abren unas alubias blancas con chorizo picante. También algo de bebida, pues aunque dentro de la cárcel de Zaragoza, no dejan de ser una cuadrilla de vascos. Vino y cerveza, oye. Como si estuvieran fuera del mako, porque allí también se puede comprar algo de alcohol.

Hacia 1986, año en que Katu entró a la cárcel, podían tomar dos birras al día. Una para comer y otra a la hora de cenar. Aunque Katu y sus colegas de entonces (otros reclusos de ETA confinados en la prisión de Herrera de la Mancha, cuando aún no se aplicaba la dispersión), las iban guardando una a una. Y así, los fines de semana, tenían acumuladas suficientes como poder montar un poco de fiesta. Y ponerse algo piripis.

Y aunque no todo es fiesta y cursillos de fermentación casera, hoy celebran la derogación de la Parot con bebida y unos puritos Davidoff que un amigo suyo guardaba para la ocasión. Katu fuma tabaco en la cárcel, pero puros no. Así que son los otros quienes se los ventilan a su salud. Joder, 27 años y medio en la cárcel y ahora que quizá salga no está disfrutando del momento.

Aún así se acerca a la cafetería a buscar unos cafés. La cárcel debe de ser el único sitio del país donde el café vale lo que se pensaba Zapatero. Saca la tarjeta de plástico e intenta pagar la consumición. Pero aquella txartela, su dinero en la prisión, ya no funciona. Y cuando la dirección de la prisión desactiva una tarjeta, sólo tiene un significado: El preso se pira de ahí. A otra cárcel o en libertad, pero allí ya no.

–Katu –le dice un preso social–, déjame a mí –y Katu mira a su amigo rumano–. Ya tenía ganas de ser yo quien te pagara tu último café –le añade sonriendo–.

Apura el cortado y sube al txabolo. Y aunque haya echado la siesta cada día de su vida en prisión, hoy no se puede dormir.

–Katu, ¡pon el teletextooooo! 

Está en la cama, intentando tranquilizarse, sin saber si los periodistas se habrán equivocado con su nombre o que a quien liberan es a otro que se apellida Mikel. Pero cuando suena el interfono interior del txabolo, la voz es diligente:

–Recoja sus cosas, Abaitua, que se marcha.

Y dios, empieza el jaleo. Su amigo del GRAPO le está felicitando, también otros presos comunes. Es igual cómo, a gritos, de ventana en ventana. Su colega letón, el alquimista del vodka, sobresaca una bandera de su país por la ventana y comienza a gritar "hombre blanco askatu". Y es que Katu, que entró con 23 años y se ha pasado dentro casi 28, ya tiene el pelo canoso.

Que lo llamen hombre blanco askatu, la bandera letona por la ventanilla... Tiene un punto cómico que le tranquiliza. Un poco de calma estará bien. Y tampoco le cuesta especialmente recoger sus bártulos. Ya por la mañana había hecho una bolsa con todo lo útil que uno posee en la cárcel: El flexo, una alargadera, clavos y tornillos... Porque allí dentro Todo es útil. En la calle, cuando se te rompe una pinza, la tiras a la basura. Pero dentro, se guardan los trozos por si sirven para algo. Bueno, y el síndrome de Diógenes que Katu dice que se adquiere en la cárcel. Ha repartido todos los trastos entre sus amigos, uno más de los gestos de apoyo mutuo que se dan en prisión. Quien se pira, deja sus cosas buenas a los demás.

También ha regalado su ropa, pero no solo a sus amigos, sino también a los presos comunes que últimamente ve que van un poco flojos. Y es que la ropa de los vascos siempre suele ser de monte: de abrigo y cómoda para estar dentro. Como si estuvieran patrocinados por Ternua y Astore. Todo lo ha regalado y ya sólo le queda quitar las fotos de la pared. Deja en último lugar aquella en la que aparece con su hija y su mujer. Queda bien poco para que ninguna foto le sea necesaria, aunque todavía se preocupará cuando llame a su mujer para darle la noticia.

–¿Qué sales hoy? ¿Cómo, AHORA? Pero si justo estamos en Txurdinaga, en una fiesta de cumpleaños...

–...... joder –piensa–. Mmmmm Mierdaaaaaaaaaa! 

–­¡¡¡Ja, ja, ja!!! Txotxolo, que estamos a la altura de Tutera... ¡Te estamos yendo a buscar!

Aiiii... Katu aplasta la gota fría que ya le caía mejilla abajo. Y sonríe. Cuando salga del mako me estarán esperando. Sólo le queda recoger los papeles de la excarcelación, los que Instituciones Penitenciarias le hacen firmar conforme le están notificando el auto del juez. Su salida de la cárcel, 27 años y medio después. Y ahora sí que empieza a sudar. La frente tiene ya relieve, como si fuera un mapa orográfico, cada gota un monte, y aunque se intenta secar con un pañuelo, le alcanzan a caer algunas gotas nariz abajo. Mientras tanto, firma un papel detrás de otro. Casi suda más que unas pocas horas antes, plis, plas, plis, plas, con Alberto, allí en el frontón. Será la forma de soltar toda la mierda que he acumulado en estas cuatro paredes, se dice, justo al filo de salir de entre ellas.

Mira de reojo su equipaje, que luce escaso después de haber repartido todo lo útil. Sostiene los papeles en la mano. Y quiere despedirse de sus compañeros –los vascos y los comunes, de todos–, y se lo dice al carcelero: "oye que no puedo irme así como así". Y discuten.

–Pues te he dicho que no hay tiempo –le contesta. Pero Katu también replica:

Me habías prometido que podría despedirme, un rato antes, cuando estaba haciendo la maleta.

Pero al boqueras se le ha olvidado.

–Vaya saliendo, Abaitua –le insiste–.

–Joder, 27 años y ahora tenéis prisa para sacarme –replica Katu, rabioso, casi en un ladrido–.

No hay discusión, más allá de la voluntad del boqueras. Así que Katu asume y tira para abajo. Al menos antes hancompartido alubias y un purito Davidoff.

Empieza a desfilar hacia la salida, aun sin despedirse, pero todavía tendrá que toparse con un último Guardia Civil.

–¿A dónde va usted? –le suelta a Katu–.

–Hombre, pues a la calle –suelta extrañado mientras se miran por unos segundos–.

–¿Y la hoja de excarcelación?

–Aquí estará –responde mientras empieza a rebuscar en sus trastos. Oiga tome estas hojas que no sé cuál es la que quiere –y ahí que Katu le alarga los papeles, alguno todavía húmedo de las gotas de sudor que le han caído, y el agente que los mira hasta que al fin le deja pasar–.

Aunque ahora llega el momento crítico: la puerta del talego. Katu se espera una movida, un enjambre de televisiones, periodistas saltones a la búsqueda de su foto, incluso quizá familiares de víctimas de ETA insultándole... Pero es bastante discreta. Bueno, de hecho no hay nadie. Ni su familia, que está muy cerca de la prisión, a punto de llegar, pero todavía de camino.

–¡Taxiiiii! –grita Katu, mientras alza la mano–. Qué poco glamour: ni prensa que le agobie, víctimas de ETA que le azucen, ni está su mujer... Eh, ni glamour ni ostias, así mejor. El ya ex presidiario abre la puerta trasera y entra. Segundos después que el taxi arranque, también lo hará un coche de paisano de la Guardia Civil.

Se enfilan hacia una gasolinera –un área de servicio, Katu, así es como se dice ahora–, donde podrá esperar a que su familia acabe de llegar.

–Qué, ¿de la prisión? –pregunta el taxista, mañico, majo–. ¿De la prisión? Joder, como quien ve llegar a su compañero a la oficina y le pregunta amablemente, qué, ¿de tomar un cafelito? Y Katu: 

–Si....

Un sí lacónico, vasco de pura cepa. No es él quien habla con monosílabos, son siglos de historia sobre su espalda.

–¡Pues ya me alegro!

–Bueno, no te asustes –se anima Katu–, pero si miras atrás, verás que nos está siguiendo un coche camuflado.

–... ¿?

–Así que no le pises mucho.

–Uff, pues vaya -suspira el conductor-, si además me multó hace poco un radar...

Y al final, la pregunta: "Oye, ¿Y por qué te siguen?"

–Fui de ETA en los 80 y... Bueno, que acabo de salir.

–¡Joder! –brinca sobre el asiento–, ¿y cuanto tiempo llevabas?

–Pues 27 años.

4 Comentarios
Anónima 19:53 15/1/2018
Hiciera lo que hiciera, y saltandose sus propias leyes, el estado espanol lo mantuvo siete anos y seis meses secuestrado en sus carceles.
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ILUSO 17:22 15/1/2018
¿Que hizo Katu concretamente para acabar en prisión? ¿Delito de opinión?
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Anónima 20:24 13/1/2018
Pobrecitos que Lastima , que DESGRACIA de PAIS que Alimenta a VAGOS que NO han dado un palo al Agua en su Puñetera Vida mientras que OBREROS con 45 ó 50 Años Cotizados y medio Enfermos de tantos Años Madrugando para Currar.
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Anónima 19:10 15/1/2018
...por culpa de gente que repite los soniquetes de la burguesía...como tu.
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