Adicciones
Navidad: regalar, celebrar y... consumir

Para las personas con adicciones, la Navidad no es una época fácil: los riesgos de consumo se multiplican por la accesibilidad a sustancias, las situaciones de presión social y la variabilidad emocional.

Fiestas y reuniones, reencuentros y celebración; la temporada navideña se presenta como un período de alegría. Sin embargo, no todas las personas comparten esta visión. Ésta es una época que no está exenta de desafíos, en especial para aquellos que enfrentan adicciones. En medio de las tradicionales festividades, el consumo se convierte en una constante tentación. “Hay mucha disponibilidad y accesibilidad a sustancias, especialmente al alcohol, pero también a otro tipo”, contextualiza Marina Poveda Navarra, psicóloga especializada en adicciones.

“Siempre que he celebrado algo ha sido consumiendo y estoy aprendiendo ahora a celebrar las cosas sin consumir”, así lo confiesa un usuario de la Fundación Adsis —asociación que acompaña a personas con conductas adictivas— al que nos referiremos como Mateo. “Si acababa la cena, que ya era mucho, terminaba y me iba a consumir con los amigos”, relata el usuario. El pasado 2022, Mateo pasó sus primeras Navidades sin consumir. “Fuimos a un restaurante y querían que condujese yo. ‘Es el único que no ha bebido’, dijeron. Me sentía orgulloso”.

Para aquellos que han decidido abstenerse del consumo, la Navidad se convierte en un terreno propicio para la multiplicación de riesgos de recaída

Durante las celebraciones, las normas sociales y tradiciones se entrelazan con el consumo de alcohol, desde brindis festivos hasta eventos matutinos y reuniones nocturnas. Para aquellos que han decidido abstenerse del consumo, la Navidad se convierte en un terreno propicio para la multiplicación de riesgos de recaída. Así lo explica Poveda: “Hay un ambiente muy festivo, muchas celebraciones y, por una construcción social, estas celebraciones están muy asociadas al consumo”.

Las arraigadas tradiciones culturales, como compartir unas cervezas, brindar con vino o participar en celebraciones donde el alcohol es protagonista, hacen de esta temporada un desafío adicional para quienes buscan mantener la sobriedad. La aceptación social del consumo de alcohol contribuye a su normalización y minimiza las consecuencias del alcoholismo. “Es muy paradójico lo permitido que está el alcohol en Navidad, parece que si no bebes no celebras”, se lamenta la madre de otro usuario del centro a la que mencionaremos como Carmela. La mayor parte de la familia de Carmela no conoce la situación a la que se enfrentan. “Se nos hace un poco difícil establecer límites, de hecho, imposible”, desespera Carmela.

Es el primer año que afrontan las Navidades “siendo conscientes” de que su hijo presenta una conducta adictiva al alcohol. Carmela describe la “angustia” con la que “celebraba” las anteriores Navidades: “A las cuatro de la mañana levantarte al baño y decir ‘¿Dónde está?’, llamar y que no te coja el teléfono. Esa angustia vital de no saber ni siquiera qué hacer”. “Él desaparecía los viernes y volvía los domingos por la noche y las Navidades eran otra excusa más para, en vez de desaparecer de viernes a domingo, desaparecer de miércoles a domingo”, relata la madre del usuario en recuperación.

La problemática adictiva, reconocida como una enfermedad crónica y primaria por la Organización Mundial de la Salud, afecta al funcionamiento y la estructura del cerebro, especialmente el sistema dopaminérgico

La problemática adictiva, reconocida como una enfermedad crónica y primaria por la Organización Mundial de la Salud, afecta al funcionamiento y la estructura del cerebro, especialmente el sistema dopaminérgico. La pérdida de control frente al consumo, a pesar de las consecuencias negativas en diversos ámbitos de la vida, es la manifestación más evidente de esta enfermedad. Es fundamental comprender que no existe un producto, alimento, bebida o sustancia capaz de aliviar el malestar emocional asociado a la adicción. Aquellas personas en tratamiento luchan contra corriente durante estas fechas, donde la sociedad exalta el placer del consumo. “A veces, pensaba: '¿Por qué no puedo brindar yo aunque sea mojándome los labios?' Me costó hasta que no vi que es una tontería beber”, reflexiona Mateo.

En este contexto, las personas se ven bajo una constante presión social que les incita al consumo. “Incluso ahora, estoy con la familia y siempre hay alcohol en la mesa. Mi hermana no consume y con ella siento que no estoy yo solo, no me veo como un bicho raro”, reconoce Mateo. Requiere de autoconciencia y discernimiento identificar posibles situaciones de riesgo. “No salir con los amigos me costó mucho, pero estar viendo cómo consumen sin hacerlo yo es un riesgo muy grande y por experiencia sé que no puedo”, añade en la misma línea.

Consumir como liberación

El materialismo y consumismo que caracteriza la sociedad actual conlleva implícito el acto de consumir como una nueva forma de liberación, tal y como Jean Baudrillard expone en La sociedad del consumo: Sus mitos y sus estructuras (1970). Este contexto de consumo se ve agravado durante la Navidad, donde recuerdos, pérdidas y experiencias emocionalmente inconclusas hacen de esta época un terreno propicio para la multiplicación de riesgos de recaída. Para quienes luchan contra las adicciones, estos sentimientos son los precursores que preceden a la búsqueda anestésica a través del consumo continuado. “Es posible que traten de evadirse o de evitar esas emociones desagradables a través del consumo”, puntualiza la psicóloga Poveda.

Este contexto de consumo se ve agravado durante la Navidad, donde recuerdos, pérdidas y experiencias emocionalmente inconclusas hacen de esta época un terreno propicio para la multiplicación de riesgos de recaíd

En este marco, diversos factores de riesgo, tanto internos como externos, pueden dar lugar a recaídas durante la Navidad. Uno de ellos es el desajuste en la estructura cotidiana. La alteración de rutinas diarias —horarios de sueño, alimentación y actividades cotidianas— durante las festividades aumenta el riesgo de recaída, al igual que los cambios emocionales. Tanto emociones positivas como negativas pueden ser desencadenantes de la búsqueda de consumo para modificar el estado de ánimo. La adicción no distingue entre la euforia de las celebraciones y la melancolía que a menudo las acompaña. En estas festividades, los individuos con adicciones recurren al consumo como medio para evadirse, gestionar emociones y promover un cambio emocional que les haga sentirse mejor. Gestionar estas emociones de manera adecuada se convierte en un factor crucial para prevenir recaídas.

El entorno se convierte en uno de los principales factores de riesgo. Mateo lo ejemplifica con la Nochevieja: “Este año en Nochevieja no voy a salir, ese día se consume más de lo habitual y, aunque se esconden para que no los vea yo, para mí es un riesgo”. Un día que Carmela prevé con obstáculos: “Mi hijo en Nochevieja se va a vender al mejor postor y me la va a querer vender a mí”, pronostica Carmela, “si él no ve la limitación, yo se la voy a poner”, añade firme. Para su hijo, de 23 años, pasar las Navidades en familia no supone un desafío al mismo nivel que salir de fiesta con sus amigos. “En Nochebuena va a estar más controlado porque es una celebración más familiar”, explica su madre.

Junto a los ya mencionados factores de riesgo Marina Poveda Navarra, psicóloga especializada en adicciones, destaca que durante las festividades se agravan las posibilidades de consumo por la disponibilidad y accesibilidad a sustancias, las asociación de la celebración al consumo, las situaciones de presión social, los reencuentros y la construcción social que excluye a quienes optan por no participar en planes asociados al consumo. Además, subraya la variabilidad emocional, desde la euforia hasta la tristeza, como elementos que pueden aumentar el riesgo de recaída durante la Navidad.

Esquivar los obstáculos

La psicóloga especializada en adicciones brinda claves fundamentales para afrontar esta situación. El reconocimiento del problema y el trabajo de autoconocimiento son el primer paso. Fortalecer la comunicación con el entorno, mantener la rutina diaria e identificar y gestionar los factores de riesgo son acciones cruciales, según la experta.

Expresar los sentimientos a personas de confianza y establecer límites con otras personas son estrategias para resistir la presión social

La comunicación abierta se revela como una herramienta esencial. Expresar los sentimientos a personas de confianza y establecer límites con otras personas son estrategias para resistir la presión social. La planificación, mediante un 'plan de afrontamiento', ofrece seguridad con estrategias específicas para situaciones de riesgo durante las festividades.

Evitar la presencia de alcohol en celebraciones familiares, no acudir a eventos con alto consumo y buscar actividades familiares saludables son medidas preventivas. La planificación concreta durante las festividades y la eliminación de conflictos innecesarios complementan las estrategias. Así lo aconsejan tanto Poveda como el propio Mateo: “Que no se expongan ni a lugares ni a situaciones de riesgo”.

La ayuda profesional y el control de estímulos externos son recursos valiosos para superar estos días de excesos, días que, para aquellos que enfrentan adicciones, demandan una firme adhesión a la sobriedad. Desde el centro de día planifican cenas, comidas familiares e, incluso, emociones que pueden sentir, para así estar en sobreaviso para afrontar cualquier situación que les dificulte mantener la abstinencia. La dicotomía entre las expectativas sociales de llegar al ocio a través del consumo y la realidad de la soledad, melancolía y vacío que sigue a las celebraciones, plantea un contraste palpable para aquellas personas que se proponen apartar estas adicciones de su rutina.

Un camino con altibajos

En este escenario, Poveda distingue entre “desliz” y “recaída”. “Cuando se mantiene una abstinencia de un tiempo y hay un consumo pero este se reconduce, ese consumo se considera un desliz”, aclara la psicóloga. En cambio, puntualiza que una recaída se da cuando “se vuelve a tener el patrón de consumo inicial”. Sin embargo, la recaída, aunque probable en estos procesos, no debe interpretarse como un fracaso ni como una situación sin solución.

Más del 60% de las personas en tratamiento, e incluso aquellas que han concluido el proceso, se enfrenta a la posibilidad de recaer en algún momento

La vida de una persona con conducta adictiva está marcada por el riesgo constante de recaída, una faceta intrínseca al proceso de recuperación. Más del 60% de las personas en tratamiento, e incluso aquellas que han concluido el proceso, se enfrenta a la posibilidad de recaer en algún momento, según el equipo de profesionales de Fromm Bienestar, especializado en el tratamiento de adicciones.

En estas épocas, es fundamental aferrarse a las experiencias positivas vividas durante la abstinencia. Recordar el progreso logrado gracias al no consumo y valorarlo adecuadamente se erige como una defensa crucial contra las tentaciones. “El año pasado me importaba más dónde me iba a ir, lo que había pillado, si podía pillar más. Ahora no, este año ha cambiado de blanco a negro”, presume Mateo.

La recaída, aunque siempre presente como una sombra, no es inevitable. No todos los procesos de recuperación de adicciones incluyen necesariamente una recaída. La fuerte motivación y la reevaluación adecuada de las prioridades de vida pueden llevar a que una persona evite recaer por completo. Sin embargo, en casos donde la recaída ocurre, es esencial detener el consumo lo antes posible y regresar al proceso de recuperación.

El acompañamiento, clave en el proceso

En el proceso arduo de recuperación de las adicciones, “tener un apoyo es fundamental para que no haya recaídas ni deslices”, asegura la experta. La comunicación abierta y sin prejuicios es fundamental para facilitar la comprensión mutua y proporciona un espacio donde los individuos en recuperación pueden expresar libremente sus sentimientos y preocupaciones. Celebrar los logros, grandes o pequeños, no solo refuerza la autoestima, sino que también compromete a las personas con la abstinencia.

Las personas que acompañan en el proceso tienen la posibilidad de participar en terapias familiares para comprender y gestionar las dinámicas de compañía, y así adecuar el entorno y facilitar un respaldo emocional ante las situaciones más difíciles. Así, el apoyo familiar no solo consolida la recuperación individual, sino que también es clave para construir relaciones saludables y un entorno propicio para el crecimiento personal. Un crecimiento personal cuya responsabilidad reside principalmente en el propio individuo que vive el proceso. Carmela ha llegado a una conclusión: “Él es el protagonista del proceso y yo lo secundo”.

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