Túnez
Safa Helida: “Las mujeres campesinas han sido las olvidadas de la revolución en Túnez”

Entrevista a Safa Helida, portavoz de la organización de mujeres campesinas tunecinas Un Million de Femmes Rurales.

Safa Helida
Safa Helida durante el encuentro de La Vía Campesina. Foto: Vocesenlucha.com

@Helios_EM

13 mar 2018 09:12

Safa Helida es ingeniera agrónoma de Túnez, portavoz de la organización Un Million de Femmes Rurales (Un Millón de Mujeres Rurales). Se trata de una iniciativa que se encarga de organizar a las mujeres del medio rural, ocupar tierras en desuso y defender la agricultura campesina frente a la agroindustria.

En representación de esta organización participó en la reunión internacional de Vía Campesina que tuvo lugar en Marbella (Málaga) a finales de febrero, donde nos habló de su lucha, de la situación de la agricultura y de los movimientos sociales en Túnez y el Magreb.

¿Podrías hablar de vuestra organización? ¿Cuándo y por qué la pusisteis en marcha?
La organización a la que represento, Un Million de Femmes Rurales, se ocupa de los problemas de las mujeres rurales en Túnez. Fue fundada después de la revolución, es decir, después de la caída de Ben Alí, en 2012. El detonante fue un movimiento de mujeres campesinas que tuvo lugar en 2012, que decidieron ocupar unas tierras públicas que estaban en desuso. El Estado respondió con violencia, encarcelando a sus hijos. Estas mujeres recibieron la solidaridad de diversas organizaciones y movimientos de la sociedad civil que les apoyaron para conseguir la puesta en libertad de sus hijos y su derecho a trabajar las tierras.

Tras estos encarcelamientos, las mujeres iniciaron una huelga de hambre de 20 días, lo que dio lugar a un movimiento muy amplio en toda la región [Tebourba, en el norte de Túnez]. Al contactar con ellas y solidarizarnos con su lucha surgió la iniciativa de formar la organización, que tiene como objetivo la ocupación de tierras públicas, no explotadas por el Estado, por parte de grupos de mujeres. Proporcionar, además, información, darles una formación adecuada para trabajarla, y ayudar con las semillas y el agua, y a defenderse ante la represión estatal. Después de cinco años de trabajo y de haber alcanzado cierta credibilidad ante las mujeres campesinas, ahora queremos consolidar esta parte de la actividad vinculada a la formación.

¿Cómo surgió la iniciativa de una organización campesina únicamente de mujeres?
En mi país, y en general en todo el norte de África (no sé en el contexto de Europa), son las mujeres quienes trabajan en la agricultura. Los hombres suelen rechazar este trabajo, se considera penoso y propio de mujeres. Y si un hombre trabaja en la agricultura cobrará el doble que una mujer. Además de que la mayoría de trabajadoras del ámbito agrícola son mujeres, la miseria, la injusticia y los problemas que se les plantean son mucho mayores que los de los hombres.

Este sector [agrícola] ha sido marginalizado y olvidado, y es un sector muy combativo por las condiciones tan miserables en las que se encuentra

En Túnez hay muchas organizaciones feministas, desde la época de Ben Alí; sin embargo, las mujeres campesinas han sido las olvidadas de la revolución, al igual que lo estaban antes. La nuestra es la primera organización que se ocupa de este sector, que ha sido marginalizado y olvidado, y que por otro lado es un sector muy combativo por las condiciones tan miserables en las que se encuentra. En todo Túnez se vive la miseria, pero en las zonas rurales es más fuerte; no hay agua, ni otras condiciones dignas de vida, no hay escuelas ni institutos, y la carestía de la vida es más alta.

Vuestra organización surge después de la revolución de 2011. ¿Qué es lo que ha quedado de esa explosión social?
En la época de Ben Alí había una dictadura que limitaba el número de organizaciones militantes. La mayor parte de los activistas trabajaban en el ámbito de la política, en la izquierda tunecina. Desde los años 90 hasta 2011 es la izquierda tunecina la que trabaja sobre el terreno, la que milita contra Ben Alí, y la que más sufre su dictadura, pero trabajando dentro de la política, en los partidos políticos. No teníamos de forma clara la noción de sociedad civil, de movimientos sociales. Después de la caída de Ben Alí, después de cierta apertura hacia la democracia, con mayor libertad de expresión, etc., se dio la oportunidad de diversificar los frentes de lucha y abrir nuevas puertas, ampliándose mucho más la presencia de movimientos sociales críticos.

¿Qué alianzas tenéis con movimientos sociales de otros países del Magreb?
En Túnez tenemos una buena relación militante, ya de antes, con nuestros hermanos y camaradas de Marruecos. Tenemos casi las mismas condiciones, la misma cultura y las organizaciones tienen los mismos planes de acción. También la política en Túnez se parece mucho a la política en Marruecos, tanto los partidos como la sociedad civil.

Argelia, por el contrario, es un país más cerrado, con un sistema militar donde no se encuentran tantas organizaciones militantes. En Túnez y Marruecos, sin embargo, se ha avanzado mucho más en el terreno organizativo, gracias a una tradición de izquierda que se remonta a los años 50. En Argelia pervive un miedo muy fuerte a hablar, a organizarse y tratar de cambiar las cosas, que proviene sobre todo de las masacres de los islamistas en los años 90. Allí está instalado el miedo de que si se cambia el sistema que gobierna, lo que venga después puede ser peor.

Y respecto Libia, después de la caída de Gadaffi y la guerra civil ya no hay siquiera un Estado, es un caso completamente diferente.

Volviendo a la cuestión agrícola, ¿cómo está afectando en Túnez el proceso de concentración de la agricultura mundial en manos de las empresas que dominan el mercado, frente a la agricultura campesina?
Como ingeniera agrícola, he podido ver claramente la estrategia que tiene el Estado, por medio de la formación técnica de los ingenieros, de impulsar un modelo de agricultura intensiva promoviendo el uso de semillas patentadas, pero también ayudando directamente a las empresas internacionales; dándoles subvenciones, tierra gratuita, electricidad gratuita, etc., para que inviertan en nuestro país y utilicen a nuestra gente como mano de obra. Después de pocos años, esta agricultura intensiva agota la tierra; las empresas, tras haber extraído beneficios, se marchan a otro país, y los trabajadores se quedan en el paro sin ninguna alternativa.

Nosotras contribuimos a la formación y la movilización para protegerse de estas empresas, y especialmente para conservar las semillas locales. Desde la primavera pasada hemos comenzado a construir una red por todo Túnez, junto a otras organizaciones, que recoge y guarda semillas locales para tener un patrimonio inventariado. La mayoría de las semillas que utilizan los campesinos y las campesinas son patentadas, y muchas de ellas transgénicas, lo que implica que cada año tienen que volver a comprárselas a las empresas. Por ello construimos nuestro propio patrimonio de semillas para no depender de estas semillas patentadas.

Somos, además, parte de la organización internacional La Vía Campesina desde el verano pasado y compartimos su estrategia y sus planes de acción, así como del Foro Social Mundial que tuvo lugar en Túnez en 2015. Allí pudimos discutir, entre otras cosas, el impacto del cambio climático en la agricultura de Túnez y especialmente en la agricultura campesina.

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Ámal
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