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Opinión
Carta al alcalde de Madrid tras sus risas por la lucha en las residencias

Inestimable señor alcalde de Madrid:
Me llamo Esther Ortega, soy madrileña de varias generaciones. No recuerdo si usted también lo es. Madrileño, me refiero. No es importante, en cualquier caso.
En mi vida he sentido la vergüenza y el asco ajenos que me ha producido su actuación y la de sus secuaces frente a unas personas que cargan con un dolor insoportable en el que su partido tiene gran responsabilidad.
Voy a recordarle algo que quizá usted olvida: es usted el servidor público de esta ciudad y de toda su ciudadanía.
Toda. Vayan con la camiseta que vayan. Así que siento comunicarle que no ha hecho bien su trabajo. Es decir, es usted un incompetente por no tratar con respeto a todo el que se le acerque a usted como representante de toda la ciudadanía de Madrid.
¿De qué se reían? ¿Me lo puede explicar? ¿Qué es lo que tiene tanta gracia en la herida irreversible de tantas familias? ¿Les hace reír el dolor de los demás?
Por otro lado, tengo una pregunta para usted, para ustedes: ¿de qué se reían? ¿Me lo puede explicar? ¿Qué es lo que tiene tanta gracia en la herida irreversible de tantas familias? ¿Les hace reír el dolor de los demás? ¿Les hace gracia la muerte de tanta gente en la peor de las condiciones?
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¿Qué tipo de personas son ustedes? ¿Son personas? La impunidad hace valientes a los que nada valen. Así es.
Le voy a informar de algo que quizá para usted no sea relevante y le haga mucha gracia, también (dado el humor desbordante que les caracteriza): esas chapas y esas camisetas salen de las aportaciones económicas de muchas familias, algunas de las cuales no llegan a fin de mes.
Familias que tienen que levantarse todos los días para comer y poner en pie este país y para que ustedes tengan unos sueldos por hacer bien su trabajo. No por reírse de las personas, sean cuales sean sus circunstancias.
Familias que tienen unos ingresos limitados y por eso no pueden pagar a nadie para cuidar a sus mayores y por eso el sistema les obliga a hacer uso de las residencias.
Familias que confiaron y confían en el sistema de protección y servicio a los mayores y se han dado cuenta de que están en manos de desalmados que, como ustedes, se ríen de su fragilidad y vulnerabilidad y los toman como simples números y dividendos.
Esas chapas y esas camisetas son el ejemplo de la impotencia de la gente frente a actuaciones prepotentes, inhumanas e indignas de gente como ustedes que se ríen como hienas desde su púlpito
Esas chapas y esas camisetas son el ejemplo de la impotencia de la gente frente a actuaciones prepotentes, inhumanas e indignas de gente como ustedes que se ríen como hienas desde su púlpito de poder despótico. Y del amor por sus seres queridos a quienes no pudieron ayudar ni salvar de prácticas eugenésicas que salieron de un despacho.
Esas chapas y esas camisetas son el ejemplo de la honestidad y del amor de la gente que las lleva y las ha comprado con el sudor de su trabajo.
Quizá ustedes se ríen porque no comprenden. No está en su vocabulario conceptos como dignidad, vergüenza, respeto, humanidad, conciencia, comunión, empatía. Va a ser eso.
Y le voy a decir dos cositas que parece desconocer aunque eso no le impide bramar estupideces:
El número que muestran esas camisetas salió de la página de transparencia de su querida amiga la presidenta de la Comunidad de Madrid.
Y otra: no se le ocurra volver a hablar en nombre de los familiares de las víctimas de esta eugenesia. Para hacerlo antes tendría que haber hablado con ellos y haberse acercado a todo lo que vivieron. Que le interesara saberlo.
Me siento absolutamente avergonzada de tener un representante local como usted.
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Sé que en esta vida todo vuelve. Quizá en algún momento usted pueda entender todo el dolor y la indignidad que suponen sus risas. La falta de honestidad intelectual y moral de su actitud le sitúa en una posición indefendible ni siquiera ideológicamente.
Algún día quizás lo entienda y entonces será muy tarde para usted y no sabrá qué hacer con tanto dolor. Como le digo, estoy convencida de que en la vida todo regresa.