Elecciones Catalunya 21-D
Diario de campaña: playmobils del Puigdemont y un fantasma llamado Junqueras

Primera entrega de las crónicas de campaña del 21-D en la que Marc Almodóvar se acerca al mitin central de Junts per Catalunya y un acto de ERC en el Macba de Barcelona.

Acto central campana JuntsxCat
Los candidatos de la lista de JuntsxCat subieron uno a uno al escenario del pabellón Vall d'Hebron en el acto central de campaña del 15 de diciembre.
Marc Almodóvar
17 dic 2017 12:07

Viernes 15 de diciembre. 19 horas. Pabellón de la Vall d'Hebron, Barcelona. 

Los militantes van entrando ordenadamente. Siguen las instrucciones. “Aquí estamos nosotros”, le dice uno a una mujer señalando unas sillas. Parecen militantes de algún grupo local. Se les oye hablar de su viaje a Bruselas en apoyo al Govern. “Me rasqué bien el bolsillo para estarme dos horas de pie con ese frío”, suelta uno. Otros discuten sobre en qué colegio les ha tocado hacer de interventor el jueves y cuentan batallitas de elecciones anteriores. “Aquí ya vinimos para las europeas, ¿no?”. dice una. 

Por los altavoces, Sopa de Cabra.

En las sillas, estratégicamente colocadas por las organización, banderas cuatribarradas y de la unión europea. Sin estrella indepe. Un jubilado con gorra se desgañita para cambiar esa bandera por la estelada que se ha traído de casa. Poco éxito.

Acto central de campaña de Junts per Catalunya, la lista encabezada por el exiliado/huido (escoja usted su adjetivo) Carles Puigdemont. El sello es, formalmente, una coalición electoral. ¿Saben ustedes de quién? Pues de un partido llamado PDeCAT y de otro llamado Convergència Democràtica de Catalunya. Mister Proper ya no existe. ¿Dónde está la bolita?

El mítin, la campaña entera, no es que hable del monotema, es que parece que solo tenga un monopunto: el president

A la puerta del recinto se puede encontrar lo más kitsch del marketing electoral. Banderas con la cara de Puigdemont, miniurnas del primero de octubre, ¿el libro de Puigdemont Cataqué?, lotería de navidad y, la guinda, un playmobil del Puigdemont. “El nostre president”, me recuerda el chaval que lo vende. Todo a diez euros. Me lo quitan de las manos.

Ese es el lema. El mítin, la campaña entera, no es que hable del monotema, es que parece que solo tenga un monopunto: el president. El nostre president. Devolverlo a su despacho. Una campaña, con aparente éxito según las encuestas, que ha convertido nuestro sistema parlamentario en uno de presidencialista. Esto no es un plebiscito sobre la independencia. Es un plebiscito sobre Puigdemont. Sobre el 155, dice alguno para maquillar el tema. Y las palabras president y Puigdemont se repiten hasta la saciedad durante las dos horas de acto. Y el amarillo, ese color que ha prohibido la Junta Electoral y que dice Dolors Montserrat que los indepes quieren secuestrar (sic), lo inunda todo. Bufandas, gorras, abrigos y, sobre todo, lazos en las pecheras de los presentes. Una auténtica marea amarilla que llena el escenario a medida que los candidatos en las listas van siendo requeridos a modo equipo de fútbol por los animadores de la tarde.

Desde la exportavoz del Govern Montilla, Aurora Masip, al hasta hace poco director de Rac1, Eduard Pujol, pasando por la economista Elsa Artadi o la dibujante infantil Pilarín Bayés. Hasta Eduard Punset se lo mira desde la primera fila junto a Artur Mas. Una extraña amalgama juntada bajo un solo punto claro del programa: la restauración de Puigdemont. Qué haremos luego? ¡Pues ya lo veremos!

Pero las mejores ovaciones llegan para los represaliados, auténticas estrellas de la noche. Ovación a Joaquim Forn a grito de “llibertat”, a Josep Rull al grito de “no estáis solos” y a Josep Turull al grito de “conseller, conseller”. Un hombre muy exaltado, con intenso olor a after shave, aplaude nerviosamente. Parece que se ha comprado medio tenderete, con el libro bien apretujado en el bolsillo y la banderola colgada al cuello. Va gritando las consignas enérgicamente: Puigdemont,el-nostre-president. Puigdemont,el-nostre-president. Hasta que su arritmia es corregida por un amigo al que manda a hacer gárgaras. “¡Al carajo, hombre!”.

Y se van sucediendo los discursos. Todos sin ir más allá de esa consigna del Puigdemont, president. Ni proceso constituyente, ni aclarar en qué queda eso de la república. De hecho, se tarda una hora en oír los primeros gritos de independencia. Y un poquito más en oír alguna referencia al vicepresidente encarcelado Oriol Junqueras.

Independencia y república. Palabras totalmente ausentes del programa electoral. Solo se menciona tres veces la primera y se hace para hablar de la justicia y la televisión pública. República solo sale ocho veces y en conceptos generalistas. El proceso constituyente ocupa nueve líneas de un documento de 94 páginas. Pasapalabra.

Desde luego no es una campaña normal. La cúspide de un acto central de campaña se vive desde la pantalla. Primero el discurso de la mujer del conseller Forn, todavía en Estremera; luego el audio grabado en la cárcel por Jordi Sanchez, hasta hace poco presidente de la ANC. Tanto rollo con el permiso de la junta electoral y parece un audio cutre del whatsapp. Arranca la ovación de la noche cuando dice que Iceta, Arrimadas y Albiol son solo “los tontos útiles de Rajoy”. Es el único que menciona la palabra social en las dos horas de acto. Curioso.

Luego llega el momento estrella, el momento skype-Obiwankenobi de Carles Puigdemont desde Bruselas. Alguien le podría haber dicho al de la habitación de al lado que dejara la telenovela para otro momento. Se oye de fondo el runrún en francés de un televisor. También la tos de alguien que está en la sala. Un discurso sin más en el que reivindica el 21D como la segunda vuelta del primero de octubre.

Y se acaba el acto, todo el mundo vuelve a sus casas. Escucho como una chica dice que se le ha hecho corto. Quizás necesitaba media hora más para que le aclararan que “Carles Puigdemont és el nostre president”. En fin.

Miércoles 12 de diciembre. 12 horas. Auditorio del Macba, Barcelona.

Otro fantasma sobrevuela actos de campaña. Es Oriol Junqueras. Al menos eso se percibe claramente en los actos de Esquerra. Representado con una silla vacía con un lazo amarillo. Algo parecido sucede cuando el partido presenta su programa de 50 medidas republicanas junto al Macba de Barcelona.

Oriol por aquí. Oriol por allá. La cosa adquiere tintes judeocristianos en este giro misticista-catecumenal . “Él está aquí con nosotros”. Se habla de él como si fuera un padre. El Padre.

Lo de republicanas no sabemos si es una mera referencia acronímica del partido o un desideratum propositivo del programa. República sale bastante. 21 veces en 63 páginas. Pero no nos aclara en qué queda eso de la república “proclamada pero no ejecutada” el 27-O. El programa lo resume en un proceso constituyente que es mencionado como “diálogo de país” en las propuestas del partido. Pero aquí nadie aclara nada. Votad y ya veremos. Tened fe.

Por los altavoces, Txarango con su “Lluna a l'aigua”.

Esquerra, quien parecía que se lo iba a comer todo y a quien ese monodiscurso sobre Puigdemont de JuntsxCat está haciendo de esta campaña la más larga de su vida. Esta vez es un acto de militancia. Yo diría que de militancia con cargo, puesto que por ahí se ven secretarías del gobierno, portavocías, diputados y todo un elenco de cargos situados por Esquerra. Enchufados, vaya. Sonrisas cómplices. Abrazos sentidos, sobre todo con Raül Romeva que ha salido hace poco del talego. Con toda su aura. Las sillas se llenan, y entonces los militantes deciden sentarse por el suelo. Como el portavoz Sergi Sabrià, que se pasa el acto riendo y mirando whatsapps sin prestar atención alguna a los discursos que se van lanzando.

Y el fantasma de Junqueras sobrevuela el acto de un partido republicano que casi se ha convertido en una congregación de monaguillos orando por su cristo redentor. Constantes referencias al encarcelado vicepresidente. Oriol por aquí. Oriol por allá. La cosa adquiere tintes judeocristianos en este giro misticista-catecumenal que está cogiendo el partido republicano. “Oriol me ha dicho que os diga”. “Oriol nos ha hecho a todos un poco como somos”. “Él está aquí con nosotros”. Se habla de él como si fuera un padre. El Padre.

Solo falta un minuto de oración.

Amén. Y luego ya veremos.

El acto es sobrio. Se tarda una hora en escuchar los primeros aplausos. Son cuando Marta Rovira propone restituir al mayor Trap-Hero a su puesto. “Si él lo quiere”, subraya. Vaya, que ni se lo ha preguntado. Que vuelva Trap-Hero. Se ve que eso hace feliz a los republicanos. Que se lo digan a Ester Quintana. O al narco Carbajo, que seguro que a él si le hace gracia el tema.

El padre Junqueras sobrevuela, pero falta aclarar qué pasa con el otro fantasma que acecha la sala. El de la república catalana. Los candidatos proponen reformas horarias, oficinas antifraude, leyes de redistribución de las rentas a través del IRPF y grabar los traspasos por herencia, entre otros. Loan sin paliativos el trabajo hecho en el Govern, sobretodo, como no, aquello hecho por el “Oriol”, que ha convertido las cuentas catalanas en la envidia del espacio exterior. En definitiva, un discurso muy propio de unas elecciones autonómicas normales como las que no parece que sean.

No queda claro qué busca Esquerra en estas elecciones en las que no está sabiendo gestionar esa cómoda renta que le daba en bandeja la presidencia de la Generalitat. Pero, tranquilos, el papel de víctima lo tenemos sabido de rechupete y, si las cosas salen mal, ya sabemos a quién culpar.

Amén.

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